Revista de Prensa

El gambito de Texas

La decisión de desarrollar una segunda resolución anti-Irak en la ONU, coescrita por España, EE UU y Reino Unido, es importante no sólo porque presiona para que se produzca un cambio de régimen en Bagdad; también porque a partir de ahora será más difícil separar EE UU de Europa (...). Los intereses de España (...) son amplios y su destino está tanto en el Atlántico como en Europa (...).

Los bancos españoles controlan intereses industriales en México, Argentina y Brasil. La herramienta empleada es el idioma español, hablado por 400 millones de personas, incluidos 30 millones de estadounidenses. Increíblemente hay políticos españoles que han olvidado todo esto y han reducido la política exterior española a una estructura amorfa que pasa por Bruselas y Francia. Su deseo de tener una política exterior claramente diferenciada de la estadounidense, y no sólo en la cuestión iraquí, es defendida por otros políticos en el Viejo Continente.

Los que forman este grupo insisten en que quieren un mundo multipolar o bipolar. La mayoría en realidad son socialistas a los que no les gusta el estilo de vida estadounidense. Lo sepan o no, están sirviendo a los intereses de Francia (...). En el otro lado se encuentran los atlantistas, que acentúan los lazos con Occidente (...), en especial sus valores (...). Tres de los líderes europeos atlantistas se involucraron en las negociaciones con EE UU este fin de semana en Texas (...).

Las políticas económicas del equipo Blair-Aznar-Berlusconi no son exactamente liberales, pero se han acercado al modelo estadounidense (...). Si Chirac cree que puede romper el poder de los lazos atlánticos, es que vive en un mundo imaginario.