Petróleo

La geopolítica de la energía marca el rumbo de las relaciones internacionales

Las proyecciones realizadas hasta 2020 por diversos institutos y organismos especializados sostienen que el mundo industrializado, y en particular EE UU, serán cada vez más dependientes de las importaciones de petróleo, que seguirá siendo la principal fuente energética. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), señalan que el petróleo representará en el año 2030 el 37,75% de la demanda energética mundial, frente al 39,25% que representa en la actualidad.

Bajo la perspectiva, el control, directo o indirecto, de las fuentes de producción de esta materia prima se perfila como un objetivo fundamental para las grandes potencias. Ese contexto ofrece un nuevo prisma a los cambios estratégicos llevados a cabo por la Administración de George Bush en la geopolítica estadounidense y, con ello, al conjunto de las relaciones internacionales.

Nuevas alianzas

El actual Gobierno de EE UU ha convertido a Rusia en un socio privilegiado al que, entre otras cosas, ha dado acceso como miembro de pleno derecho al G-7. A cambio, Rusia se compromete a suministrar a corto plazo el 10% de las importaciones de petróleo estadounidense, pero la producción rusa, 7,95 millones de barriles diarios, está al límite de su capacidad.

Un gasoducto fue el que propició el acercamiento y el posterior alejamiento entre EE UU y el régimen talibán. La guerra contra Afganistán y las nuevas relaciones con las repúblicas ex soviéticas del Caspio están rediseñando el mapa energético en la región, con una producción actual de unos 1,3 millones de barriles diarios.

Pero sus reservas probables de petróleo aquellas sobre las que hay un 50% de posibilidades de que sean ciertas ascienden a más de 223.000 millones de barriles. El gran problema es que ni se conoce el volumen real de reservas ni existen las infraestructuras suficientes para garantizar una extracción y comercialización rentable a corto plazo.

Por otra parte, la disputa por el reparto de la soberanía de la región entre los países que comparten el Caspio (Azerbayán, Irán, Kazajistán, Rusia y Turkmenistán) paraliza buena parte de las prospecciones.

Precisamente en esa región China juega un papel creciente como productor de petróleo, donde ya supera en algunas zonas a las compañías estadounidenses. El problema es que, según el Centro de Estudios e Investigaciones Estratégicas (CSIS, por sus siglas en inglés) de Washington, Asia se convertirá en la principal región consumidora de petróleo para 2020 y China es y seguirá siendo importador neto de petróleo.

El grueso de las reservas mundiales, el 75%, está en manos de los países de la OPEP. Todas las estimaciones apuntan a que el papel del cartel como principal suministrador de petróleo irá creciendo hasta controlar el 50% de la oferta en 20 años.

Irak y Venezuela

El golpe de Estado contra el presidente venezolano, Hugo Chávez, en abril dejaron en evidencia las malas relaciones de EE UU con el actual dirigente. Washington se ha mantenido al margen de la actual crisis, pero su apuesta por un cambio de Gobierno es patente. La oposición liderada por la patronal Fedecámaras es más proclive a las alianzas con Washington.

En estas circunstancias, Irak se presenta como un objetivo estratégico para la Administración Bush. Las reservas probadas de petróleo del país árabe equivalen a 112.000 millones de barriles diarios. Se trata del volumen más elevado del mundo, después del de Arabia Saudí.

El potencial del país es mucho mayor. El Departamento de Energía estadounidense cifra en 220.000 millones las reservas probables y considera a Irak el único país capaz de reemplazar a Arabia Saudí como primer productor mundial. Para la industria petrolera despierta especial interés la región desértica del oeste, dados además los bajos costes de extracción.

Esas son las posibilidades futuras. Respecto al presente, la situación es, en realidad, preocupante. La consultora especializada Saybolt International advierte que las prácticas 'irregulares' en las extracción de petróleo por parte del Gobierno iraquí provocarán un descenso anual del orden del 5% al 15% en la producción de numerosos pozos del país.

El CSIS baraja un escenario para 'la mañana después' del conflicto, con el poder ya en manos de la oposición a Sadam. Su plan pasa por la necesidad de atraer inversión extranjera para poner en marcha exploraciones duramente dañadas por años de guerras y sanciones. Asimismo, prevén acabar con las concesiones que a día de hoy sólo disfrutan la petrolera estatal china y empresas rusas. De ejecutarse el plan tal cual, otro nuevo foco de tensión internacional está servido.

La falta de una política común de reservas deja más vulnerable a la UE ante una crisis

La Comisión Europea quiere reunir 'en las próximas semanas' el denominado Grupo Petrolero, un grupo de expertos de cada país, para analizar la situación, los planes y los problemas del sector, ante la amenaza de crisis que se cierne sobre el sector.Y es que, a diferencia de EE UU, Europa carece de una política energética común y las reservas estratégicas son responsabilidad de cada país. De media, los Estados almacenan reservas para 111 días de consumo, según los últimos datos disponibles, por encima de los 90 días que les exige la ley. Algunos países, como Grecia e Irlanda, que están por debajo de ese límite, afrontan riesgo de sanción por parte de la Comisión. El departamento que dirige Loyola de Palacio defiende la necesidad de coordinar la política de reservas y las acciones en materia energética de los Quince. Entre otras cosas, dice su portavoz, porque buena parte de las reservas que almacenan los Estados están en manos del sector privado, lo que reduce la capacidad de movilización de las mismas ante una inesperada y brusca ruptura del abastecimiento energético. Esta configuración hace a la UE mucho más vulnerable que EE UU en caso de la crisis petrolera, que se desataría, según los expertos, si coinciden los conflictos de Irak y Venezuela en el tiempo. Pese al creciente nerviosismo del mercado, Washington ha optado por la prudencia. El portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, anunció la semana pasada que la Administración Bush no liberará, por el momento, el petróleo almacenado en la Reserva Estratégica. Actualmente, la Reserva Estratégica alberga 599,3 millones de barriles, que cubren las necesidades energéticas del país para un periodo máximo de 53 días. Las instalaciones tienen capacidad para retirar un máximo de 4,1 millones de barriles diarios, que llegarían al mercado 15 días después de la orden presidencial. Por ley, el petróleo de la Reserva Estratégica no puede ser liberado durante más de 60 días seguidos. En mayo de 2001, la Administración Bush ordenó acelerar la compra de petróleo para lograr que la Reserva llegue al máximo de su capacidad, 700 millones de barriles, en 2005.