El dúo franco-alemán

Jacques Chirac y Gerhard Schröder han relanzado la cooperación franco-alemana como motor de Europa, una vez liberados de sus compromisos electorales y tras el fin de la cohabitación en Francia (...).

El país galo había sugerido por un momento la idea de un nuevo pacto de fundación con Alemania. La idea ha sido sabiamente abandonada (...). La cooperación bilateral ya no tiene por objetivo una reconciliación conseguida hace mucho tiempo (...). La alianza franco-alemana debe ponerse al servicio de una ambición mayor. La profundización de la integración europea es urgente en una Unión que se va a ampliar.

Chirac y Schröder han dado un paso importante en esa dirección al ponerse de acuerdo sobre la presidencia de Europa (...). Ahora hay que proponer ese esquema a la Convención y lograr que la acepte el resto de socios (...). Ellos han constatado, y deplorado, que en ausencia de una entente entre París y Berlín, Europa se estanca, retrocede. Pero cuando Berlín y París se ponen de acuerdo, los socios denuncian un directorio que les presenta hechos consumados. Francia y Alemania deben hacer una demostración de tacto cuando presenten sus propuestas.

¿Dónde está la gran idea?

Lástima de quienes esperaban enmarcar la nueva Constitución de Europa. Durante casi un año, delegados de todo el continente han trabajado duro en la Convención sobre el futuro de la Unión Europea. Se han celebrado numerosas reuniones, se han debatido propuestas y contrapropuestas (...). Pero el pasado martes por la noche, en el transcurso de una buena cena, los líderes de Francia y Alemania optaron por tomar sus propias decisiones sobre cómo se debe gobernar Europa en el futuro.

No hay más que decir sobre todas esas intensas deliberaciones en Bruselas. Jacques Chirac y Gerhard Schröder no pretenden sino que su rompedora propuesta se convierta en un hecho consumado (...). La diplomacia francesa merece un reconocimiento por haber logrado, en contra de todas las expectativas, seguir pesando en la Unión Europea más de lo que le corresponde (...). Eso es bueno para Europa, dicen algunos en Bruselas (...). Sobre todo, porque es bueno para Francia.

Quizá un día Europa sea capaz de tomar sus decisiones históricas a la luz del día. Hoy, todavía no.

Un cierto aire de cohabitación

En las próximas semanas se verá qué suerte le espera a la proposición tan realpolitik de Francia y Alemania. El simple hecho de que exista es un buen augurio para la continuación de los trabajos de la Convención.

Porque ese foro inventado por la presidencia belga anterior turno de la UE tiene la misión crucial de adaptar las instituciones europeas al shock de la gran ampliación de 2004.

Una cosa parece por ahora evidente: que hay muchas posibilidades de que la presidencia bicéfala se convierta en el origen de conflictos paralizantes (...). Una simple incompatibilidad de caracteres entre los dos presidentes podría abocar a una cohabitación explosiva y finalmente ineficaz.

El combate de

Petróleos de Venezuela

Y aquí estamos sumidos en una crisis galopante, con la participación franca y plena de la gran mayoría de los trabajadores de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), abogando, ellos también, por una salida negociada que respete, al mismo tiempo, los sentimientos inequívocos de cambio del liderazgo de la sociedad venezolana y la constitucionalidad vigente. Esta beligerancia de Pdvsa, asumiendo todos los riesgos individuales que ella implica, es un signo mayúsculo de los difíciles e insólitos momentos que atraviesa Venezuela.

Como venezolanos nos sentimos solidarios con esta Pdvsa en pie de lucha, que está probando, y ninguna hora mejor que ésta para hacerlo, que saben defender tan bien la dignidad nacional como lo han hecho hasta ahora con los intereses petroleros de Venezuela. æpermil;ste no es un combate entre patriotas y antipatriotas, como dicen maniqueamente los talibanes del oficialismo, sino entre quienes quieren a conciencia a Venezuela y quienes la desgarran cotidianamente con su rabia disolvente y fratricida.