EDITORIAL

Nuevo orden para el UMTS

El ministro de Ciencia y Tecnología, Josep Piqué, trazó ayer las líneas maestras del plan marco que tiene como objetivo implantar definitivamente los móviles de tercera generación en España, después de los continuos fiascos que han salpicado la ajetreada vida de esta nueva tecnología.

A este plan se ha llegado tras un pacto con Telefónica Móviles, Vodafone, Amena y Xfera, en el que las partes han conseguido y han cedido algo. La Administración ha logrado desbloquear el proyecto estrella, desde el punto de vista tecnológico, de la actual legislatura, aunque haya sido con varios años de retraso sobre el calendario inicialmente previsto.

El Ejecutivo anunció a bombo y platillo que la nueva tecnología UMTS iba a estar disponible a mediados de 2001. El pacto anunciado ayer recoge un compromiso de las distintas compañías de efectuar el lanzamiento precomercial de los servicios a través de UMTS a lo largo del segundo semestre de 2003. Y que se alcance el desarrollo comercial 'en fechas próximas al verano de 2004'. Además, en el acuerdo se recoge que Telefónica Móviles, Vodafone, Amena y Xfera inviertan un total de 1.464 millones en el próximo ejercicio. De esta forma, el Gobierno, necesitado ahora más que nunca de buenas noticias que mitiguen la catástrofe del Prestige, despeja, al menos sobre el papel, una de las incógnitas que se cernían sobre su capacidad de gestión y sobre su eficacia.

No obstante, como en cualquier buen pacto que se precie, el equipo de Piqué también ha tenido que dar su brazo a torcer. Y lo ha hecho asumiendo una de las principales peticiones de las operadoras: una drástica reducción de los avales que les exigía la Administración y que ascendían a 7.400 millones. De ese importe total, continúa vivo un global de 6.503 millones, que será sustituido por un nuevo aval de reposición o flotante para cada una de las compañías que, en conjunto, se reduce a 1.310 millones.

Los logros de las operadoras no se detienen ahí, puesto que el Ejecutivo se ha comprometido a analizar si permite a las distintas compañías compartir las redes de UMTS (con el consiguiente ahorro de costes que ello supone), la prestación de servicios sin determinación de plataforma tecnológica o la venta del espectro radioeléctrico.

El acuerdo anunciado ayer es, sin duda, una muestra de pragmatismo en un negocio en el que hasta el momento sólo han triunfado los extremismos. En un primer momento, el móvil de tercera generación, junto a la eclosión de las puntocom, se presentó como la panacea del inversor. Sin embargo, la realidad resultó ser totalmente diferente. El retraso del UMTS y el fiasco de las puntocom colocaron al borde del abismo a prácticamente todos los grandes grupos de telecomunicaciones del mundo. Si el pacto presentado ayer contribuye a dotar de racionalidad y sentido común al negocio del UMTS, bienvenido sea.