'Sólo los proveedores de los nuevos modelos de coches crecerán un 10%'
Julián Hernando, de 46 años, tiene un amplio rodaje en la industria de automoción. Su experiencia laboral le ha llevado por ambos márgenes del sector, desde el de las automovilísticas (trabajó en Mercedes-Benz) hasta el de los suministradores de componentes (estuvo en el grupo TRW). Ahora trabaja en la multinacional alemana ZF Lemförder TVA, que factura 9.100 millones de euros y emplea a 56.000 personas en 117 centros repartidos por el mundo.
Hernando dirige la planta del grupo en Ermua (Vizcaya), que prevé facturar 21 millones este año con 160 trabajadores. A la vez, preside Acicae, organización integrada por 300 proveedores vascos de componentes, que este año prevén vender más de 7.000 millones con 50.000 empleos. El sector se enfrenta a la caída de las matriculaciones y, además, respira con los nuevos vehículos que las marcas producirán en sus fábricas en España.
Pregunta. ¿Cómo va a cerrar el año el sector vasco de componentes de automoción?
Respuesta. De dos formas distintas, según los casos. Las compañías que viven muy ligadas a las ventas de vehículos en el mercado lo pasarán mal por la continua caída de las matriculaciones, y pueden descender entre un 15% y un 20% en ventas. Por contra, las empresas que han conseguido participar en los proyectos de los nuevos modelos que las marcas han decidido producir en sus fábricas en España (el Fiesta, de Ford; el Megane, de Renault; el C3, de Citroën; el monovolumen que Opel ensamblará en su planta aragonesa, además del Mazda que se montará en Valencia). Estos proveedores, en base a los pedidos de componentes que han generado tantos proyectos, crecerán este año en facturación por encima de las cifras de 2001, con incrementos del 10% o superiores.
P. Como directivo de una multinacional con varias fábricas en España, ¿cree que pueden volver repetirse los casos de desmantelamiento de centros para su traslado de la producción a Europa del Este, donde los costes son más bajos?
R. En el País Vasco hay diversas multinacionales de componentes implantadas y no creo que se registren ese tipo de problemas. Hay que tener en cuenta que en una corporación internacional la competencia viene tanto de fuera como de las propias plantas del grupo en todo el mundo.
P. ¿Qué ventajas ofrecen las fábricas vascas sobre las rivales del Este?
R. Las fábricas vascas tienen una serie de ventajas. La primera es la alta cualificación de sus trabajadores. La segunda es que la industria vasca de componentes es un referente desde hace años por su dominio de los procesos de producción. También, los equipos directivos de las factorías de Euskadi son muy buenos, y hace años que se abrieron a los mercados exteriores, para diversificar riesgos. Con estas circunstancias, el sector de Europa del Este tiene un índice de productividad más bajo en comparación.
P. ¿Y cuáles son los puntos débiles de la industria vasca de componentes?
R. La globalización, que también ha llegado a este sector, te obliga a suministrar al cliente a pie de fábrica, independientemente del país en el que se ubique. Y no todos los proveedores vascos están en condiciones de asumir este tipo de proyectos, por falta de recursos financieros y humanos, derivados de escaso tamaño de su estructura empresarial. Otro déficit es el retraso en desarrollos propios. Aquí no se ha alcanzado el nivel tecnológico de Alemania, por ejemplo.
Búsqueda de líderes en la plantilla
ZF Lemförder TVA compró en 1996 el centro de Ermua, que hasta entonces era una empresa familiar y, desde esa fecha, ha impulsado esta fábrica de rótulas con diversas inversiones. Entre 1998 y 2001 destinó 5,41 millones a ampliar sus instalaciones. Este año ha iniciado un nuevo plan de inversiones, en este caso, de 3,5 millones para abordar nuevos mercados, como los de maquinaria agrícola e industrial. Los cambios no se han limitado a los espacios físicos de la planta de Ermua, sino que se han extendido a los ámbitos de gestión. Julián Hernando comenzó organizando el centro en torno a cuatro minifábricas, cada una con su propio ritmo de actividad, y luego implantó los equipos autogestionados, que son grupo de operarios que asumen una serie de responsabilidades en su quehacer diario que antes estaban controladas en exclusiva por la dirección. De los 160 trabajadores de Ermua, 110 están encuadrados en estos equipos. Ahora, el siguiente paso de este directivo ha sido el de un programa de desarrollo de liderazgo entre aquellos empleados con capacidad para dirigir equipos. Esta experiencia ya ha comenzado, y de momento 25 trabajadores reciben cursos.