Distribución

Sepu presentará la quiebra y cerrará las tres tiendas que le quedan

La cadena de almacenes populares Sepu (Sociedad Española de Precios æscaron;nicos), que hace un año escaso cambió de manos al adquirirla un grupo empresarial australiano, cerrará definitivamente sus puertas antes del próximo 15 de octubre. La mala situación financiera que arrastraba la compañía desde hace tiempo no se ha podido sostener por más tiempo y el actual propietario, Patridge & Company, ha decidido liquidar el negocio.

Según Fernando Escribano, director del centro de Gran Vía, la empresa tenía previsto presentar hoy el expediente de quiebra y cerrar los tres establecimientos el próximo 15 de octubre o incluso antes si se agotaran las existencias.

También se va a presentar un expediente de regulación de empleo que afectará a los 82 trabajadores que integran la plantilla. æpermil;stos, que deberán recurrir al Fogasa para cobrar la indemnización que les corresponda, no tienen ninguna garantía de percibir los más de dos meses de salario que les debe la empresa (sin contar octubre). 'La recaudación que se logre estos días con la liquidación de las existencias, se destinará a pagar a los empleados', asegura Fernando Escribano. El grupo también adeuda unos 13 millones de euros a la Seguridad Social y a Hacienda, además de impagos a proveedores y rentas de alquiler.

El pasado viernes la empresa informó a la plantilla del inminente cierre de la compañía, una medida que afecta a los tres establecimientos que Sepu posee en la actualidad, el más antiguo y emblemático de la Gran Vía madrileña, otro en la calle Bravo Murillo (también en la capital) y el de Zaragoza. El que poseía en la Rambla de Barcelona se cerró hace casi dos años después de que la empresa cobrara una indemnización de 5,11 millones de euros por cancelar anticipadamente el contrato de arrendamiento que vencía en el año 2016.

Poco después de comunicar a los empleados el cierre de la compañía, se colocaban unos grandes carteles en los escaparates de las tiendas en los que se informaba de la liquidación de la mercancía por cese de negocio y de las rebajas del 50% en todos los artículos.

Según Escribano, el deterioro económico de la empresa que nació en 1934, comenzó hace casi dos décadas, pero en los últimos años se había acentuado de forma irremediable. Sepu ha presentado dos veces suspensión de pagos, en 1984 y en 1994. De esta última salió dos años más tarde, pero nunca llegó a recuperar la holgura económica que tuvo cuando dirigían la empresa los fundadores de la misma, las familias Theilacker y Goechel. Según los empleados, ha sido la segunda generación la que ha descapitalizado la compañía llevando a cabo una gestión errónea que les llevó a vender la empresa el año pasado.

Fin de la esperanza

Cuando llegó el grupo Patridge con planes para relanzar la compañía 'volvimos a recuperar la esperanza, pero la hemos ido perdiendo poco a poco', aseguraba ayer el presidente del comité de empresa, Ignacio Rodríguez. El sindicato mayoritario es UGT, aunque también hay una importante presencia de representantes de CC OO.

Según Rodríguez, el comité, que aún está a la espera de recibir la documentación del expediente de regulación de empleo y de la quiebra, pondrá en marcha todos los mecanismos que tenga a su alcance 'para buscar al culpable de esta situación e intentar recuperar algo'. Los trabajadores acusan especialmente a Alberto Theilacker, anterior propietario, de haber descapitalizado la empresa y de consumir en su propio beneficio los activos de la compañía.

El problema que se encuentra ahora la mayor parte de los empleados de Sepu es su difícil recolocación en el mercado laboral, ya que una gran parte de ellos tiene entre 40 y 55 años. La media de antigüedad en la empresa supera los 20 años.

Esta circunstancia, así como el desgaste que ha supuesto la incertidumbre de los últimos meses, ha hecho que ayer la mayoría de los trabajadores hablara de 'una gran tristeza' por todo lo ocurrido.

'Sepu ha tenido unos empleados que no se los merece', coincidían en señalar ayer el presidente del comité de empresa y el gerente del centro de Gran Vía.

Colas de espera después de 20 años

Hacía más de 20 años que las dependientas de Sepu no veían tanta afluencia de público en sus establecimientos. Ayer, las cajeras de las tiendas no salían de su asombro al contemplar las grandes colas de clientes que se disponían a pagar alguno de los escasos artículos que se podían adquirir en los almacenes. Y es que el reclamo del escaparate, con un cartel que anunciaba rebajas del 50% por cierre del negocio, hizo su efecto. Muchos de los empleados estaban convencidos de que el cierre del local se produciría antes del 15 de octubre anunciado por la empresa debido a la escasez de existencias. De todos modos, las estanterías medio vacías se había convertido ya en un paisaje casi habitual en los últimos meses. La mayor parte de los proveedores que durante años habían suministrado a Sepu se había negado a enviar mercancía por los continuos impagos de la empresa de distribución. El grupo australiano Patridge, que adquirió la cadena hace un año, había previsto renegociar con los suministradores y colocar en las estanterías productos nuevos, incluso crear una marca propia, pero finalmente las deudas que arrastraba la empresa no han dejado que estos planes se cumplan. Sepu ha cerrado los últimos ejercicios con pérdidas y su cifra de negocio ha ido disminuyendo progresivamente al mismo tiempo que se deterioraba la imagen de la cadena. El otrora almacén de moda hacía ya más de una década que había renunciado a estar en la vanguardia de la distribución.