Informe mensual del Banco de Japón.
El Banco de Japón continúa observando señales de reactivación en el ámbito industrial, apoyado por el mayor dinamismo de las exportaciones y el final del ajuste de inventarios. Sin embargo, las señales positivas acaban ahí, ya que la perspectiva para la demanda final sigue siendo de debilidad. En cuanto a la inversión empresarial, el Banco reconoce que continúa inmerso en una senda descendente, arrastrado por la falta de recuperación de los beneficios empresariales.
También el empleo se resiente de la debilidad de los resultados empresariales nipones, ya que las empresas siguen inmersas en planes de recorte de plantilla. Pese a que los datos de consumo personal de los últimos meses no pueden ser calificados como negativos, el continuado aumento del desempleo apunta a una mayor desaceleración del consumo en los próximos meses.
Así pues, los signos positivos se reducen de momento al sector industrial, y más concretamente a la actividad exportadora. Se espera que la reactivación de este sector frene la desaceleración de la actividad en otros ámbitos, poniendo fin a la senda descendente de la economía japonesa. Sin embargo, los problemas de debilidad de la demanda interna persistirán en el corto plazo, lo que seguirá ejerciendo presión a la baja sobre los precios.
Además, el sistema financiero sigue restringiendo la concesión de crédito a pequeñas y medianas empresas, lo que unido a que la demanda de crédito por parte de las empresas sigue disminuyendo sitúa el crecimiento del crédito al sector privado en tasas de descenso interanual del 5%. Por lo tanto, pese al dinamismo que pueda introducir la reactivación del sector exterior, los fundamentos de la economía nipona siguen siendo débiles, por lo que cualquier reactivación de la actividad basada únicamente en el sector exterior será frágil, ya que una apreciación brusca de la moneda puede poner fin a la misma (uno de los principales elementos de riesgo citados por el Banco) antes de que la demanda interna se haya recuperado.
Así, una vuelta a tasas positivas de crecimiento en el medio plazo pasaría por una reforma del sistema financiero y la implementación de reformas estructurales que permitan sanear los fundamentos de la economía japonesa, haciéndola menos dependiente de la competitividad exterior de su industria.