Competitividad en el sistema financiero
Juan Pablo Sánchez y Pablo Cantos sostienen que el futuro exigirá modelos de gestión más competitivos a las entidades financieras. En su opinión, la eficacia dependerá de la flexibilidad y de la capacidad de gestionar el riesgo
Basilea 2 va a exigir a las entidades financieras implantar modelos de gestión más competitivos. Partiendo del análisis de la actividad de intermediación financiera, este artículo presenta una reflexión sobre los objetivos de eficiencia y competitividad del sistema financiero, además, apunta una cuantificación de objetivos de mejora de la eficiencia compatibles con la competitividad.
Eficiencia y competitividad
La eficiencia consiste en producir la máxima actividad para un nivel dado de costes o bien minimizar los costes para un nivel de actividad dado. En ambos casos se genera el máximo beneficio posible. En la industria financiera, la eficiencia se mide a través del resultado de explotación o de la relación entre los costes de explotación y los ingresos netos de la actividad ordinaria (margen ordinario).
La intermediación financiera, cuya contribución se cifra en el margen de intermediación, es la principal fuente de ingresos, mientras que los ingresos por comisiones sumados a los resultados por operaciones financieras no compensan los gastos de explotación. Por eso, la actividad de intermediación, combinada con una gestión adecuada de costes de explotación, sigue siendo la clave de la eficiencia.
Por otra parte, entendemos la competitividad como la capacidad de una entidad para proporcionar un mismo producto o servicio financiero a un precio mejor que sus competidores; o bien, dadas unas condiciones de mercado, su capacidad para ofrecer más valor a sus clientes.
Volver a los orígenes: la actividad de transformación financiera
Desde sus orígenes, las entidades financieras han ejercido la actividad de intermediación sobre la base de transformar la naturaleza de los recursos financieros. æpermil;stos toman precios diferentes en diferentes plazos, reflejando las preferencias de los mercados financieros de acuerdo con la curva de tipos.
La pendiente de la curva de tipos refleja la intensidad y el sentido de las preferencias del mercado por los recursos financieros a lo largo del tiempo. Si es positiva indica la preferencia por el dinero en plazos más cortos, asignando precios más bajos a los recursos más líquidos. La inclinación de la pendiente refleja la intensidad con la que se prefieren los plazos más cercanos y suele ser mayor en momentos de más incertidumbre (riesgo). Cuando la curva de tipos del mercado tiene una pendiente positiva, los intermediarios financieros encuentran incentivo para tomar prestado a los plazos más cortos y cederlo a los plazos más largos.
Tomando la estructura del balance por plazos de una entidad, y aplicándole la curva de tipos de mercado del mismo periodo (curva de tipos de referencia), se pueden calcular los flujos de ingresos y costes financieros potenciales, es decir, los que se hubieran generado si la entidad hubiera cerrado sus operaciones a los mismos tipos de referencia. A este margen imputado lo llamamos margen de intermediación mínimo y representa el excedente que está al alcance de una entidad al intercambiar flujos financieros a diferentes vencimientos, aprovechando los precios vigentes a distintos plazos.
El margen de intermediación real, por el que se miden los resultados de la actividad financiera de las entidades, es superior al margen mínimo. El diferencial es un indicador del nivel de competitividad de las entidades financieras en su actividad de intermediación. El mark-up sobre los tipos de referencia del mercado se justifica por la necesidad de cubrir los costes de transformación, compensar los distintos tipos de riesgo inherentes a la actividad financiera y proporcionar unos resultados aceptables en el marco del gobierno corporativo de las entidades.
Cuantificar los objetivos de mejora
En el entorno competitivo, el diferencial comercial debe tender a reducirse, ya que las entidades necesitan competir por un mercado cada vez más disputado.
El cálculo del margen de intermediación mínimo permite cuantificar objetivos de mejora de la competitividad. Los objetivos globalmente considerados se basan en acercar el margen real al margen mínimo, sin deteriorar los niveles de rentabilidad y riesgo global de las entidades. Para ello es necesario poner en práctica dos tipos de acciones:
Para elevar el margen mínimo, mejorando la capacidad de gestión del riesgo de transformación (de liquidez, de crédito y de mercado).
Para reducir la presión sobre el margen de intermediación real, permitiendo una reducción de éste sin impactar negativamente en la rentabilidad.
La proximidad entre el margen real y el mínimo permite formular el cálculo global del objetivo de mejora en la cuenta de resultados.
En conclusión, la competitividad está al alcance de los más avanzados en capacidad de gestión del riesgo y flexibilidad operativa, y no depende del tamaño de cada entidad. Las entidades medianas necesitan aumentar el rendimiento de su estructura potenciando su base de negocio.
Por su parte, las entidades más grandes cuentan con la ventaja de su capacidad de distribución, pero la presión de sus costes de estructura sobre los márgenes será cada vez menos tolerable y favorecerá a las instituciones que estén preparadas para ofrecer precios más competitivos.
Para seguir compitiendo una vez alcanzados los límites de reducción de costes, las entidades deberán asegurar una cobertura amplia y visible en productos y en capacidad de servicio que permita aumentar sus ingresos por comisiones.