Los datos económicos cuestionan la mejora rápida de las Bolsas
El peor momento para comprar y el peor para vender. Esta es la consigna que han enviado los mejores gestores bursátiles a sus clientes en los últimos días. El argumento es extenso, lo que no quiere decir que estos especialistas estén en posesión de la verdad. Las Bolsas, como cualquier mercado variable, son caprichosas y suelen hacer lo contrario de lo que se espera.
La rapidez, combinada con la ambición, de la recuperación de los mercados de acciones desde el mínimo del 21 de septiembre ha dejado muchos títulos en situación de sobrecompra y, lo que es peor, muy caros.
La velocidad alcista desarrollada en tan corto periodo de tiempo ha estado fundamentada en las expectativas de una recuperación económica en V, de tal modo que las Bolsas reaccionan con visceralidad alcista cuando salta al ruedo cualquier dato de mejora económica, sin mayores análisis.
La primera referencia de la evolución del PIB de Estados Unidos en el cuarto trimestre ha sido claramente indicativa en este sentido. Muy pocos se han parado a reflexionar, quizá porque no conviene que se apague la llama de mejoras capitaneadas por las Bolsas estadounidenses.
El dato en cuestión es más endeble de lo que parece, según los expertos. Primero, porque se construye a través del aumento de las compras de automóviles a tipos de interés cero. Segundo, porque se apoya al mismo tiempo en la mejora del consumo navideño gracias a las fantásticas rebajas de los centros comerciales. Finalmente, tal vez lo más grave, porque el PIB crece gracias a la enésima refinanciación de las hipotecas de los ciudadanos estadounidenses. El talón de Aquiles de la primera economía del mundo sigue muy débil y sin que un recorte nuevo de tipos de interés, un suponer, sirva ya para mucho.
Otra de las grandes referencias de las últimas semanas son los resultados de las empresas cotizadas. La propaganda de moda evita los términos tradicionales. Ahora los calificativos son mejores o peores de lo esperado. Es decir, ocultan la realidad, si son buenos, regulares, malos, pésimos u horribles. En cualquier caso, las proyecciones de beneficio que manejan los expertos para este año, que los de 2001 son ya historia, dejan los multiplicadores del S&P 500 en una posición muy incómoda. El PER medio es similar al que se daba en plena burbuja tecnológica.
Demasiados imponderables, por tanto, en el camino de las Bolsas. Los expertos aconsejan esperar y no precipitarse a la hora de tomar posiciones. Insisten en que es demasiado pronto para comprar. También, para vender.
La clave está en los flujos de fondos
La caída estrepitosa del euro en las últimas semanas es uno de los asuntos de moda en los círculos financieros. La evolución de la moneda europea demuestra, entre otras cosas, lo caro que puede resultar hacer apuestas o valoraciones sobre las monedas.
La mayor parte de los analistas consideraron a final de 2001 que con la moneda en las manos de los ciudadanos se acabaría la rabia alcista del dólar. Ha sucedido justamente lo contrario.
La extrapolación del fenómeno a las Bolsas sugiere, ante todo, que el dinero desconfía de los fundamentos de la zona euro y que dobla su apuesta por los estadounidenses. De ahí que la gran burbuja de Wall Street, con las cifras de PER en máximos históricos, siga sin explotar. La clave está, por tanto, en que los flujos de fondos se dirigen a Estados Unidos.
La pregunta del millón de dólares es por qué se produce este movimiento a sabiendas que los activos estadounidenses están muy sobrevalorados.
Hay en Bolsa una verdad incontestable. Sube porque hay dinero y baja porque hay papel. Son los flujos.