Rato presiona a Aparicio para que la reforma recoja las tesis de la CEOE
Los negociadores del Ministerio de Trabajo en la reforma de los convenios mantuvieron ayer un encuentro con responsables del Ministerio de Economía para tratar de aunar un nuevo texto para la reforma de la negociación colectiva. Esta reunión obedece a un nuevo intento del Ministerio de Economía para que el texto que finalmente apruebe el Gobierno -ante un más que previsible desacuerdo de las partes- recoja un mayor número de demandas patronales.
El Gobierno mantiene su urgencia para reformar los convenios, pero aún no tiene claro el contenido que persigue en esta reforma. Todavía a última hora de ayer había dos posiciones encontradas. Por un lado, los responsables del Ministerio de Economía seguían defendiendo ayer las tesis más cercanas a las que reclama la patronal y, por otra parte, los negociadores del Ministerio de Trabajo pretenden hacer, como en la anterior reforma laboral, un texto que no se incline claramente hacia ninguna de las partes (empresarios y sindicatos) y que, en consecuencia, supondrá una reforma de la negociación colectiva de menor calado.
En la tarde de ayer se produjo un nuevo encuentro entre altos cargos de Trabajo y Economía en el que podría ser el último intento de los responsables del equipo de Rodrigo Rato de inclinar la reforma de los convenios hacia las demandas que reclaman los empresarios.
Los dirigentes del Ministerio de Economía pretendieron responder, con este intento de cambiar la reforma de los convenios presentado por Trabajo, a la carta enviada por el presidente de la patronal, José María Cuevas, al presidente del Gobierno, José María Aznar. En dicha misiva, los empresarios reprocharon al Gobierno que no cumpliera sus objetivos planteados inicialmente para esta reforma de la negociación colectiva y, en consecuencia, pidieron un aplazamiento de las negociaciones hasta 2002.
En principio, este aplazamiento estaría descartado, y por ese motivo Economía intenta escorar la propuesta del Ejecutivo hacia el lado de la patronal.
Ante esta situación, los sindicatos han intentado también esta semana mediar ante el Ministerio de Economía para que el Gobierno deje de verdad negociar a las partes o que, en todo caso, no decrete una reforma unilateral e inclinada hacia los empresarios.
Sin embargo, el ministro de Trabajo, Juan Carlos Aparicio, aseguró ayer mismo -antes del encuentro con los responsables de Economía- que "el proceso de diálogo sigue abierto", algo que a estas alturas ninguna de las partes se cree, porque, después de que el Gobierno dejara margen para negociar el pasado viernes, aún no se ha convocado ninguna reunión de la mesa.
Mientras, se mantiene la presión de la decisión del Ejecutivo en Consejo de Ministros del próximo viernes. En este contexto, CC OO manifestó ayer que "lo prioritario en estos momentos es activar el proceso negociador sin prisa pero sin pausa". Por su parte, UGT insistió en que "no existe razón alguna de urgencia" y considera que "hay tiempo suficiente para hacer las cosas bien".
Además de los interlocutores sociales, ayer se oyeron otras voces críticas con la propuesta de reforma del Gobierno. El consejero jefe del Gobierno de la Generalitat, Artur Mas, aseguró que dicha propuesta "anula la posibilidad de defender el espacio sociolaboral catalán". Mas añadió que "nunca nos encontrarán al lado de una ley que recorte nuestras aspiraciones" y "nos obliga a separarnos claramente del Gobierno central", en su tramitación, informa Pilar Abril. Igualmente, la patronal vasca, Confebask, manifestó su "disconformidad y rechazo" al diseño de dicha reforma, que, a su juicio, "se aleja del objetivo fundamental de la negociación colectiva: situarse lo más cerca posible de la realidad que pretende regular".