El ejército de Israel mata a 12 palestinos y hiere a otros 100

El ejército de Israel ha protagonizado su mayor ofensiva militar contra objetivos palestinos desde el comienzo de la Intifada, justo en el momento en que la atención del mundo se concentra en los atentados terroristas contra Estados Unidos. La virulencia del ataque israelí, que costó la vida a dos niños, se cifra en el número de muertos y heridos, así co mo en la destrucción masiva de viviendas particulares.

La Autoridad Nacional Palestina (ANP) denunció de inmediato que el Estado judío está aprovechando la coyuntura internacional creada por los atentados terroristas contra Estados Unidos, para golpear a su pueblo. "Cubriéndose en lo que está pasando en Nueva York, Israel está atacando a Jenin y llevando a cabo sus crímenes más brutales contra los palestinos", acusó ayer el legislador palestino Jamal al-Shati.

La operación militar israelí se inició en la madrugada del lunes, cuando tanques y otros efectivos del ejército penetraron en la localidad cisjordana de Jenin. La ofensiva fue justificada por el Gobierno de Jerusalén como respuesta al ataque suicida del domingo pasado en una estación de trenes, que costó la vida a tres ciudadanos israelíes, además del portador de la bomba, un árabe israelí de Galilea.

Pero la inicial y limitada incursión se profundizó y extendió después del atentado de ayer en Nueva York y Washington. Las fuerzas israelíes desplegadas incluyeron tanques, helicópteros de combate Apache, que dispararon cohetes, así como proyectiles antitanques, munición pesada y excavadoras. Tras retirarse de Jenin el martes, en la medianoche de ayer volvieron a penetrar con toda la fuerza reseñada, informaron fuentes palestinas de seguridad y médicas.

En Jenin, en el norte de Cisjordania, y en los cercanos pueblos de Tamún, Arrabe y Tubas, las excavadoras demolieron casas de supuestas familias de terroristas suicidas, según fuentes militares israelíes. En Jenin murieron dos palestinos, otros dos en Tamún, tres en Arraba y otros tres en Tubas, entre ellos un niño, según fuentes palestinas. Los muertos de Tubas fueron un oficial de la Seguridad Preventiva palestina y dos miembros de la fuerza de seguridad, quienes cayeron durante un bombardeo desde helicópteros contra instalaciones policiales. Un niño murió en Tubas y una joven en Arraba.

En este contexto, el primer ministro israelí, Ariel Sharon, instó a una lucha internacional contra el terrorismo", a la que calificó como "una guerra entre el bien y el mal, entre los humanos y los sedientos de sangre". La Liga Árabe, por su parte, condenó los hechos de Estados Unidos, pero denunció también la política israelí de "agresión contra el pueblo palestino". Debido al cierre del espacio aéreo de Israel y a que Siria está en la lista negra estadounidense como uno de los países que apoyan al terrorismo internacional, el líder palestino, Yasir Arafat, canceló a última hora del martes la visita que tenía previsto realizar a Damasco para tratar la situación palestina y de Oriente Próximo.

Las diferentes tendencias políticas palestinas dejaron en claro que no tienen responsabilidad por los ataques contra el Pentágono y las Torres Gemelas. Sin embargo, los principales periódicos de Israel, Haaretz y Yedio Aharonot, consideraron ayer que esos atentados colocan a los palestinos a la defensiva. Según el Haaretz, "los palestinos entran ahora en uno de los periodos más sombríos de su historia", una afirmación que, al coincidir con la incursión militar en Cisjordania, no se sabe si interpretar como un análisis o una advertencia sobre lo que hará Israel a partir de ahora.

En línea con su endurecimiento hacia la Autoridad Nacional Palestina de Arafat, el Estado judío cerró ayer sus fronteras terrestres con Jordania y Egipto, sin fijar fecha para su reapertura. El aeropuerto Ben Gurion operaba sólo con vuelos de El Al, la compañía aérea israelí.

 

Temor en Afganistán a un ataque de EE UU

tras la retirada del personal de la ONU

Rusia reclama una cumbre del G-8 y que se cree un centro mundial antiterrorista

La población afgana se muestra atemorizada ante la posibilidad de un ataque militar de Estados Unidos, después de que las Naciones Unidas ordenaran ayer la salida de ese país de sus empleados extranjeros.

Los temores se han incrementado desde la madrugada de ayer, cuando la capital, Kabul, sufrió un fuerte ataque de misiles disparados de helicópteros y que fue reivindicado por la coalición opositora al Gobierno de los talibán, sostenida por Moscú. Si bien el Gobierno del presidente George Bush no ha dado señales de cuáles serán sus próximos pasos, resulta llamativa su afirmación de que Estados Unidos "castigará" a los responsables y a quienes los cobijen. Una fórmula que algunos analistas han leído como una advertencia para el millonario y terrorista árabe, Osama bin Laden, quien vive en territorio de Afganistán bajo protección del régimen de los talibán. Ambos fueron aliados de Washington en la guerra civil afgana, cuando combatían en el bando antisoviético.

Las paradojas de la historia han conducido a que sus antiguos aliados militen ahora en el campo opuesto al estadounidense y de su otrora enemigo, el Kremlin. El presidente Vladimir Putin, quien pocas horas después de los ataques contra Nueva York y Washington pidió represalias, solicitó ayer una reunión urgente del G-8 y la creación de un centro mundial contra el terrorismo.

En conversación telefónica con Bush, ambos mandatarios coincidieron en que "la comunidad mundial necesita una mayor interacción contra la amenaza común terrorista", y que "Rusia y Estados Unidos deben estar más cerca el uno del otro", informó el Kremlin.

Los temores de un ataque de Washington contra Afganistán llegaron también a Pakistán, uno de los únicos tres Estados, junto con Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, que reconoce al Gobierno de los talibán. Algunos periódicos de Karachi, la capital financiera paquistaní, pedían al Gobierno de Islamabad que abandone "a los talibán por iniciativa propia" para evitar la ira de EE UU.