Iberdrola busca apoyos para entrar en Cantábrico
Iberdrola está moviendo las piezas para apuntalar su crecimiento en España. La eléctrica vasca quiere participar en el capital de Cantábrico y detener la entrada de EDF en el mercado eléctrico español, una estrategia que busca el apoyo del Ejecutivo que preside Aznar y la complicidad de la portuguesa EDP, accionista en un 3% de Iberdrola y con la que se pretende tender los puentes rotos tras la anterior alianza.
berdrola intenta lograr los apoyos necesarios para entrar en el capital de Cantábrico sustituyendo a su actual principal accionista, la compañía Ferroatlántica, en alianza con la alemana Energie Baden-Württemberg (EnBW). El apoyo lo busca, por un lado, en el Gobierno, que tiene ahora en sus manos el expediente sobre la participación en la empresa asturiana de accionistas extranjeros: la citada de EnBW (que tiene además en su capital a Electricité de France) y la de Electricidade de Portugal (aliada de Cajastur).
El momento es, por tanto, muy adecuado. El vicepresidente y ministro de Economía, Rodrigo Rato, tiene de plazo hasta los primeros días de agosto para elevar al Consejo de Ministros su determinación respecto si retira o mantiene sine die la anulación de los derechos políticos a EDP y EnBW-EDF.
El informe de la Comisión Nacional de la Energía (CNE) elaborado respecto a esa operación diferencia entre el impacto de la opción portuguesa y la franco-alemana en la empresa asturiana. En él se señala que una participación significativa por EDP en el capital y la gestión del grupo que preside Manuel Menéndez podrían tener aspectos positivos cara al aumento de la competencia en el mercado energético ibérico. Por el contrario, el documento indica que si EDF se instala en España a través de una inversión directa, como es el caso, tendría menos interés en influir en su Gobierno para acelerar la nueva interconexión entre España y Francia.
El informe realiza además un minucioso examen de las características de los mercados de los tres países implicados (Portugal, Alemania y Francia). El estudio no es positivo sobre la situación en Alemania y Francia.
El consejero delegado y vicepresidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, busca, por otro lado, el imprescindible apoyo de EDP, empresa presidida por Francisco Sánchez, pero en la que el Gobierno de su país tiene una significativa influencia. EDP, además de tener un 30% de participación pública, fue presidida anteriormente por el actual ministro de Economía, Mario Cristina de Sousa. Fue él quien suscribió un acuerdo estratégico con Iberdrola, que no prosperó, y formó parte del consejo de administración de la eléctrica vasca.
EDP, a su vez, está en pleno proceso de negociación con EnBW para ampliar su presencia en el capital de Cantábrico, partiendo de una reducción de la participación de la citada compañía germana. La empresa portuguesa, a través de la sociedad mixta creada con Cajastur (Adygesinval), tiene casi un 20% del capital. Esta entidad financiera y su sociedad de seguros tienen un 15% adicional. Por su parte, EnBW con Ferroatlántica consiguieron casi el 60% de la empresa asturiana con su OPA. El precio pagado por estos últimos (27,3 euros por cada título de la empresa asturiana) dificulta un acuerdo.
Y en este contexto entra Iberdrola. Los obstáculos para avanzar en su objetivo son elevados. Por un lado, no cuenta, según medios consultados, con el apoyo de Cajastur, que ya se opuso a la entrada de Fenosa. Y además, aunque las relaciones con EDP y con De Sousa son buenas, no quedó en el grupo portugués una buena huella de la etapa anterior, en la que no prosperaron proyectos conjuntos. La sociedad portuguesa quiere que esas relaciones se planteen de igual a igual. Un aspecto que no se mantuvo siempre en etapas anteriores.
Pero la principal dificultad con la que se enfrenta Iberdrola es el interés de EnBW (en la que EDF tiene el 33% del capital) en permanecer en el capital de Cantábrico, incluso aunque el Gobierno prolongue la ahora cautelar anulación del derecho de voto. Se trata, según medios consultados, de empresas con una gran potencia y que pueden soportar no rentabilizar estratégicamente a medio plazo una determinada inversión (300.000 millones de pesetas, 1.803 millones de euros, en este caso).
El caso italiano
Iberdrola centra su línea argumental en las actuaciones del grupo que preside François Roussely en el sur de Europa, como es el caso de Italia, con el lanzamiento de una OPA para participar del control y la gestión de la segunda eléctrica de ese país, Edison. La estrategia de EDF la ejecuta de la mano de Fiat, un socio local, para eludir la oposición del Gobierno y con el fin de aumentar considerablemente el tamaño de Edison (de los 6.000 megavatios actuales junto a Sondel a 14.000 megavatios en un cercano horizonte). Supone además una fuerte competencia para Enel, en temas como precios, y para Endesa, que también aspira a ser un operador significativo en ese país transalpino.
La posición del Gobierno de Berlusconi deja más solo a Rato en su intento de frenar a EDF en el sur de Europa. La empresa quiere compensar con compras la pérdida de cuota en Francia.
La empresa asturiana busca un accionista estable
Iberdrola quiere crecer y Cantábrico quiere encontrar una estabilidad en su accionariado. La eléctrica vasca, tras el intento de Repsol por controlar su capital, la fallida operación de compra de la norteamericana Florida Power y la frustrada fusión con Endesa, vuelve a mirar, no sólo a México y Brasil, sino también a la península Ibérica y al Mediterráneo. La batalla por el control de Hidrocantábrico lleva a abierta desde el año pasado. La compañía asturiana, la más pequeña de las principales eléctricas españolas, es una sociedad muy atractiva tanto por su balance como por su cuenta de resultados. A diferencia de sus competidores, su zona de actuación es más reducida, pero comienza a sentar las bases para ganar en dimensión en otras comunidades.
Estas dos variables, buen balance y estrategia de crecimiento, le han convertido en un buen bocado. Primero lo intentó el grupo estadounidense TXU el 13 de marzo de 2000 con el lanzamiento de una OPA. 11 días más tarde, lo intentó Unión Fenosa y se topó con el veto del Gobierno. En su capital entró, asimismo, la belga Electrabel, del grupo francés Suez-Lyonnaise. Posteriormente, la batalla por el control de Cantábrico se desarrolló entre Ferroatlántica, que tenía detrás a EnBW, la también germana RWE y el grupo formado por Cajastur y EDP, como tercer consorcio en esa liza. RWE optó por retirar su OPA, mientras que la empresa portuguesa y la caja lograron un acuerdo para que TXU les vendiese su participación, cercana al 20%.