La crisis política de Argentina agrava la situación económica
Los rumores de dimisiones y cambios en el Gobierno argentino han dominado la semana. Las imaginativas medidas adoptadas en los últimos tres meses por el ministro de Economía, Domingo Cavallo, para reactivar la economía no han tenido efectos positivos. La Bolsa y los títulos de la deuda siguen en baja, y el canje de bonos denominados en euro no parece posible. La baja del gasto público, exigida por el FMI y la banca, se ha convertido en el nuevo objetivo del superministro.
Alos rumores de la dimisión del presidente Fernando de la Rúa, le siguieron el jueves otros sobre una presunta salida de Cavallo del Gobierno. La propalación de todo tipo de versiones ha devenido en la principal producción de Argentina en los últimos días. La falta de reacción positiva de los indicadores económicos contribuye a multiplicar la incertidumbre política que, a su vez, se transforma en un factor de freno para la inversión y el consumo.
La venta de automóviles cayó un 40% en junio, respecto al mismo mes de 2000. Renault anunció la suspensión por 35 días de toda la plantilla de su factoría de Córdoba, a 700 kilómetros de Buenos Aires. El consumo no repunta, en tanto que los títulos de la deuda pública siguen cayendo y arrastran a los de Brasil y otros países emergentes que, ayer, cumplieron su novena jornada de derrumbe.
La Bolsa de Buenos Aires y la de São Paulo perdían ayer cerca del 2% cada uno. La situación brasileña comienza a contagiarse de los mismo síntomas de la argentina, con el rumor desmentido ayer de la dimisión del presidente del Banco Central, Arminio Fraga.
En Buenos Aires, el acuerdo sellado entre el Gobierno central y las provincias distendió muy brevemente la situación. Si bien las provincias accedieron a rebajar su gasto a cambio de la transferencia de fondos de Buenos Aires para poder hacer frente al pago de salarios y deudas con proveedores, un nuevo frente de crisis emergía ayer.
Tensión social
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, el peronista Carlos Ruckauf, dijo que una parte de los sueldos de los funcionarios sería pagado con bonos ante la falta de dinero. Esto puede desatar protestas en la mayor concentración de población y centro de la actividad económica de Argentina.
Para dar ejemplo, Cavallo dijo desde Roma, segunda y última etapa de una visita a Alemania e Italia, que las reducciones de gasto público rondarán, a fines de 2002, los 5.000 millones de dólares. El ministro se refirió así al periodo 2000-2003. En sus esfuerzos por bajar la tasa de riesgo país, que se acercaba a 1.200 puntos básicos, el superministro ha pedido el control de todo el sistema de seguridad social, en el que quiere hacer fuertes recortes. Y, al final, proceder a una privatización del sistema de salud en favor de los bancos y el sector financiero.
De esta forma, el ministro busca recuperar la confianza de los acreedores del país. Cavallo quiere ganar tiempo hasta que sus medidas de reactivación se dejen sentir, lo que espera que ocurra antes de fin de año. Pero, por este camino, que él mismo se negaba a seguir desde su asunción en marzo pasado, el Gobierno está generando una fuerte desilusión de los sectores sociales que esperaban que la nueva política económica pusiera fin al "ajuste permanente", dando paso a mejoras para los asalariados y los parados.
Este viraje de Cavallo está erosionando las relaciones políticas en el país, como lo ha mostrado la pugna entre el Estado central y las provincias. Pero el ministro de Economía no ve otra salida, ante la falta de apoyo del sector financiero local y externo, verdadero centro del poder económico. Su visita a Alemania e Italia se ha saldado con un virtual fracaso, ya que su eje era avanzar en la concreción de un canje de los títulos de la deuda pública en euro. Ayer, Cavallo puso en duda esa operación al afirmar que "no sabemos si habrá un canje, lo estamos evaluando". Dos semanas atrás, su viceministro, Daniel Marx, aseguraba que la operación se haría en septiembre u octubre. El ajuste ha vuelto a imponerse.