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TRIBUNA

<I>Peligrosa destrucción de empleo en EE UU </I>

No hay razones para considerar probable que la recuperación económica en EE UU se produzca en los meses inmediatos.

En los últimos días se han publicado importantes indicadores económicos estadounidenses que han suscitado interpretaciones de diverso signo, alimentando con ello la incertidumbre acerca del contexto económico por el que atraviesa la principal economía mundial.

La semana pasada comenzó con un dato de confianza de los consumidores significativamente mejor del esperado, así como con un crecimiento de 0,4% del gasto personal en abril. Lo que quizá sea más sorprendente es que este aumento fuese superior al de los ingresos personales, significando que la tasa de ahorro continúa reduciéndose, a pe-sar de un contexto que pudiera ser prerrecesivo.

La mejoría en el índice de confianza y el incremento del gasto fueron interpretados en amplios sectores en el sentido de alejar la posibilidad de una recesión. En la vertiente negativa, al final de la semana se hizo público un fuerte incremento de las solicitudes de subsidio de desempleo y un descenso en el número de ocupados no agrícolas. Sin embargo, este último dato vino acompañado de una reconstrucción de la serie histórica que amortiguaba notablemente la aparente destrucción de empleo de los últimos meses. Tal revisión histórica, junto con la elevación en el crecimiento de los salarios en mayo se prestan a una visión positiva de la actual coyuntura. No es extraño que resulte difícil obtener una interpretación coherente de tal abundancia de información, sobre lo que voy a intentar pronunciarme.

En el actual contexto de elevada incertidumbre, el entorno financiero y la economía real no andan muy paralelos. Tampoco son independientes, puesto que las buenas noticias financieras, y especialmente la recuperación de los mercados de valores, cuando se producen, tienen un claro impacto positivo sobre el sentimiento de los consumidores.

Posiblemente el repunte de los mercados durante abril y mayo, apoyado por unos inversores que apuestan por la inmediata recuperación de la economía, explique en buena parte el sorprendente repunte del índice de confianza de los consumidores. Pero ello no tiene necesariamente implicaciones reales directas e inmediatas, pues depende de las causas que motiven dicha mejoría.

Cabe preguntarse si hay algún elemento real detrás del repunte de confianza y, en particular, si una interpretación positiva de este dato y del comportamiento del gasto en abril está justificada. Hemos ido adaptando gradualmente nuestra opinión acerca de la salud de la economía estadounidense según iban apareciendo datos de signo negativo y hemos manejado letras diferentes para representar el perfil de la crisis.

Existe ahora una clara inclinación a ver signos de recuperación detrás de algunos datos aislados como los mencionados, pero temo que en estos momentos sólo queda debatir acerca de la duración e intensidad de la crisis y si se ajustará estrictamente a la popular definición de recesión del National Bureau of Economic Research (NBER).

En todo caso, la rapidez e intensidad del proceso de freno en el crecimiento que está atravesando la economía estadounidense está generando costes suficientemente importantes, en términos de empleo, resultados empresariales, etcétera, como para que la discusión acerca de si la economía estadounidense entra técnicamente en recesión o se queda a sus puertas sea puramente semántica.

Lamento creer que no hay razones para considerar probable que la recuperación económica en EE UU se vaya a producir en los meses inmediatos, por varias razones. Quizá la más importante es que, cuando la caída en el ritmo de crecimiento de una economía llega a repercutir en la destrucción de puestos de trabajo con la fortaleza con que lo ha hecho los últimos meses en EE UU, se producen despidos en cadena, desde las grandes empresas, quienes primero sufren el shock, a sus proveedores, etcétera, y es difícil truncar esta tendencia.

Consecuentemente, las familias ajustan a la baja sus expectativas de renta futura y, con ello, su nivel de gasto, si bien los datos recientes no reflejan este efecto. El fuerte aumento de los demandantes de subsidio de desempleo y la caída del empleo no agrícola de mayo (aun con la reducción de la tasa de paro por razones técnicas) no hacen sino confirmar la profundidad del deterioro de la economía estadounidense. La recuperación no será un hecho hasta que exista evidencia acerca de que este proceso revierte, lo cual, a la vista de los datos de los últimos meses, no parece probable que pueda ocurrir inmediatamente.

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