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Oficinas de Uber en Hong Kong.
Oficinas de Uber en Hong Kong. EFE

Los problemas crecen en Uber con la marcha del presidente

Los problemas no dejan de crecer en Uber, el gigante del transporte de pasajeros. El último golpe a la compañía tuvo lugar el domingo de madrugada (hora local española) cuando se conoció la dimisión de su presidente, Jeff Jones, un experto en marketing que debía suavizar la dura imagen de la multinacional pero que apenas ha durado seis meses en el cargo.

La salida de Jones de la empresa llega pocos días después de que Travis Kalanick, consejero delegado y fundador de Uber, anunciara que está buscando un número 2 como director de operaciones, pero la razón última de por qué deja la firma no parece resumirse en ese hecho, pues el directivo se va afirmando, además, que sus convicciones son incompatibles con lo que ha visto en la empresa.

En una nota enviada al portal Recode, Jones deja clara su insatisfacción con la estrategia de Uber. Y asegura que aunque se unió a Uber "debido a su misión y el desafío de construir capacidades globales que ayudarían a la empresa a madurar y prosperar a largo plazo", "ahora tengo claro que el enfoque hacia el liderazgo que han guiado mi carrera no es coincidente con lo que vi y experimenté en Uber, por lo que ya  no puedo seguir como presidente", concluye.

Uber, por su parte, confirmó hoy la renuncia de su presidente: "Queremos agradecer a Jeff por sus seis meses en la compañía y le deseamos lo mejor". Jones, que antes de entrar en Uber era director de marketing de la cadena estadounidense Target, había ocupado desde octubre de 2016 el puesto de Ryan Graves, quien a su vez había delegado el cargo de CEO a Kalanick en 2010 y ahora se ocupa del negocio de entregra de Uber llamado UberEverything.

Más salidas y acoso sexual

Tras la renuncia de su presidente, los problemas de la multinacional se agravan. Para empezar, porque la salida de Jones no es un caso aislado. Antes que el y en poco tiempo, han salido el vicepresidente responsable de mapas y plataforma de negocio (que se marcha a la política), un ejecutivo de ingeniería acusado de acoso sexual, el vicepresidente de producto y la cabeza visible de la división de seguridad. Demasiado baile de directivos en una empresa que aún está construyendo las bases de un negocio que ha generado mucha controversia en medio mundo.

Pero hay otras razones. Uber afronta también acusaciones de Google (quien financiación a la compañía en sus inicios con 250 millones) sobre robo de diseños y tecnología ligada al coche autónomo y ha sido descubierta falseando su propia aplicación para eludir a los agentes de policía que traten de multar a sus conductores. Al parecer, la compañía utilizó estas artimañas en varios países como EE UU, Francia, Australia, China y Corea del Sur.

Vídeo comprometido

A todo ello, hay que añadir las acusaciones de acoso y ambiente machista que parece vivirse en Uber. La fiscalía está investigando acusaciones de ex empleados según las cuales el acoso sexual es habitual y tolerado dentro de la empresa. Además, un vídeo de Kalanick mostró hace poco una imagen agresiva del fundador de Uber insultando a un conductor de su servicio, después de que este se quejara de la bajada de tarifas y de cómo esta política le llevaba a tener menos ingresos. Y eso sin olvidar el castigo que supuso para la compañía el que Kalanick formara parte de un consejo asesor del presidente Donald Trump. El consejero delegado de Uber renunció finalmente al puesto tras comprobar que habían perdido 300.000 usuarios por esta razón.

Todos estos problemas han ido reforzado la imagen de Uber como una compañía despiadada con clientes, empleados y autoridades, precisamente la imagen que Jones debería haber contribuido a mitigar. El hasta ahora presidente de la compañía supervisaba desde el pasado agosto la mayor parte de las operaciones del grupo: marketing, relaciones con los conductores y servicios locales. Se preveía que fuese el número dos del grupo, algo que ya no tendrá lugar.

Con todo, Uber, con quien los taxistas españoles y de otras ciudades mantienen una guerra abierta, mantiene una valoración que supera los 50.000 millones de dólares, y ha cerrado alianzas estratégicas importantes con Daimler y Volvo (para el desarrollo del coche autónomo) y con Tesla (para lanzar su servicio de chóferes en Madrid). La compañía planea salir a Bolsa, aunque de momento no ha fijado fecha, y todo parece indicar que esperará a que las aguas se calmen. 

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