Los Testamentos: ¿es la secuela que El cuento de la criada necesitaba?
Esta serie consigue algo complicado: dar continuidad con lógica y calidad a un mundo que parecía que estaba completamente agotado.


Si la serie El cuento de la criada te dejó con una sensación de vacío y ganas de ver arder el sistema, hay buenas noticias para ti: por fin ha llegado Los Testamentosa Disney+. Esta nueva apuesta de la plataforma (bajo el sello de Hulu) devuelve al asfixiante y, a la vez, fascinante mundo de Gilead… pero con un giro que no todos esperan.
Basada en la novela homónima que Margaret Atwood publicó en 2019, la serie se sitúa unos cuatro años después de los eventos que cerraron la historia de June Osborne. Pero ojo, que en esta creación el enfoque cambia mucho con el objetivo de mostrar una perspectiva mucho más joven, aunque no por ello menos cruda.
¿De qué va la trama?
La historia de Los Testamentos se aleja de la lucha individual de una sola criada para centrarse en tres voces femeninas muy distintas que intentan sobrevivir en un sistema que las quiere calladas y sumisas. Por un lado, está Agnes MacKenzie (interpretada por una impecable Chase Infiniti), una chica que ha crecido en la élite de Gilead como la hija privilegiada de un Comandante. Esta es lo que allí llaman una Plum -ciruela-, una adolescente que viste de un color morado intenso y que está siendo preparada para el matrimonio de las futuras Esposas de los altos cargos.
Lo interesante en este caso es que Agnes no conoce otro mundo y, para ella, las reglas de Gilead son la norma… aunque pronto empezará a ver las grietas del sistema a medida que se acerca su elegibilidad al llegar a la pubertad.
Por otro lado, está Daisy (Lucy Halliday), una joven que llega desde Toronto como una Pearl Girl (Chica Perla). Estas son conversas que vienen de fuera del régimen, vestidas de un blanco inmaculado, y supuestamente para mostrar al mundo la pureza de Gilead. Su papel es, simplemente, vital.
Y, por supuesto, no podíamos volver a este universo sin la imponente presencia de la tía Lydia, con una Ann Dowd que vuelve a comerse la pantalla de forma espectacular. En esta ocasión, vemos que no solo controla la educación de las jóvenes en la escuela preparatoria Ardua Hall, sino que también empieza a revelar sus propios secretos y cómo llegó a convertirse en la pieza clave del control femenino en el régimen. El caso es que los ingredientes hacen un excelente cóctel.

Un aire nuevo para un mundo conocido
Lo primero que se nota en Los Testamentos es que visualmente es una delicia. Aunque mantiene esa estética cuidada y simétrica de su predecesora, la paleta de colores se ha expandido. Ya no todo es el rojo de las criadas o el verde de las esposas; ahora el morado de las adolescentes y el blanco de las conversas le dan una luminosidad diferente, casi engañosa. Este aspecto puede dar un tono juvenil a Gilead, pero no hay que llevarse a engaños: las ejecuciones, la violencia psicológica y el horror siguen estando ahí, a la vuelta de la esquina.
La serie, creada por Bruce Miller (el mismo detrás de la serie original), sabe jugar con la tensión. Es fascinante ver cómo estas chicas, que no tienen permitido leer ni escribir, encuentran formas de conectar y de rebelarse en un entorno donde incluso una amistad es vista con sospecha por las autoridades. Por cierto, la interpretación de Chase Infiniti es, sin duda, excelente (captura esa lucha interna entre la obediencia debida y la rabia que empieza a nacer en su interior de forma magnífica). Esta actriz es un filón.
¿A quién le va a gustar y qué tal su calidad?
Si fuisteis fans incondicionales de la historia de June en El cuento de la criada, Los Testamentos es una cita obligada. Sin embargo, también es una serie que puede enganchar a un público nuevo que busque dramas de supervivencia con un fuerte componente de intriga política. Es ideal para quienes disfrutan de las historias de paso a la edad adulta (coming-of-age) pero con un trasfondo oscuro y distópico.

En cuanto a la calidad de la serie, la producción es de primer nivel. Aparte de lo antes comentado, las actuaciones de las jóvenes protagonistas y la veteranía de Ann Dowd y Amy Seimetz (que hace de madrastra gélida), son más que destacables. No obstante, hay que decir que a veces la serie peca de ser un poco previsible si ya conoces bien el universo de Atwood. Pero la atmósfera es tan absorbente que es fácil perdonar esos pequeños baches.
Una cita casi obligada Los Testamentos
Esta serie consigue algo muy difícil: expandir un mundo que parecía agotado… sin perder su esencia. No llega a ser tan innovadora ni tan aterradoramente cruda como los inicios de El cuento de la criada, pero ofrece una mirada necesaria sobre cómo las nuevas generaciones procesan el trauma y la opresión. Es una creación bien ejecutada, con interpretaciones potentes y un diseño de producción que quita el aliento. Si buscáis una historia de rebelión y valentía en un mundo que intenta arrebatarte hasta tu propio nombre, esta es de las que no debes perderte.