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El telescopio James Webb detecta un planeta que podría ser una Tierra 2.0

Lo que más desconcierta a los astrónomos es que las temperaturas que tiene son bastante similares a las de nuestro planeta.

Dibujo de un planeta extrasolar detectado por la NASANASA/JPL-Caltech

El telescopio James Webb vuelve a ser noticia por un hallazgo que rompe esquemas. En esta ocasión, el protagonista es TOI-199b, un planeta gigante -del tamaño de Saturno- que presenta unas temperaturas sorprendentemente similares a las de la Tierra, algo muy poco habitual en los mundos conocidos fuera del sistema solar.

Este descubrimiento destaca por lo curioso del planeta en sí y, también, por el nivel de detalle alcanzado en su estudio. Gracias a las capacidades del James Webb, los investigadores han podido analizar su atmósfera con una precisión inédita para un planeta de estas características.

Cómo ha trabajado el James Webb

El logro ha sido posible gracias a una técnica conocida como espectroscopía de transmisión, que permite analizar la luz de una estrella mientras atraviesa la atmósfera de un planeta cuando este pasa por delante.

El James Webb lo que ha hecho es descomponer esa luz en diferentes longitudes de onda -algo similar a cuando un prisma genera un arcoíris-. De esta forma, cada gas presente en la atmósfera absorbe ciertas longitudes de onda, dejando una especie de huella que los científicos pueden identificar.

Frontal del telescopio Telescopio James Webb

Durante el estudio de TOI-199b, los investigadores realizaron cerca de 20 horas de observación para establecer una referencia de la estrella, además de analizar un tránsito planetario que se prolongó durante unas siete horas, mucho más largo que en otros exoplanetas similares.

Un gigante que es una gran excepción

Durante años, los astrónomos han observado que los planetas gigantes suelen situarse en extremos de temperatura. Un ejemplo es que, en nuestro sistema solar, Júpiter y Saturno permanecen congelados debido a su gran distancia del Sol. En cambio, muchos exoplanetas son conocidos como Júpiteres calientes (debido a que orbitan tan cerca de sus estrellas que alcanzan miles de grados).

En el caso de TOI-199b, este se encuentra en un punto intermedio que apenas había sido encontrado hasta la fecha. El caso es que este mundo no es ni extremadamente frío ni abrasador, lo que lo convierte en un objeto de estudio especialmente interesante para entender la diversidad de planetas en el universo. Es importante indicar que este tipo de planeta, denominado gigante templado, es muy escaso. De hecho, este es uno de los pocos conocidos -y el primero cuya atmósfera se ha podido estudiar con tanto detalle-.

Lo que se sabe por ahora de TOI-199b

Los datos obtenidos hasta ahora permiten dibujar un retrato bastante completo de este planeta, que tiene como destacado lo siguiente:

  • Se encuentra a más de 330 años luz de la Tierra.
  • Tiene un tamaño similar al de Saturno.
  • Completa una órbita alrededor de su estrella aproximadamente cada 100 días.
  • Su temperatura ronda los 175 grados Fahrenheit (unos 80 °C).

Aunque para cualquier estándar humano este último dato es elevado, resulta llamativamente moderado si se compara con la de otros gigantes gaseosos detectados fuera del sistema solar. Para entenderlo: esos valores pueden alcanzarse en un coche aparcado al sol en la Tierra, lo que refleja lo inusual de encontrar un planeta gigante en ese rango térmico.

Exoplaneta K2-18b señales de vida

Metano y otras pistas en su atmósfera

El resultado más destacado del estudio es la detección de metano en la atmósfera de TOI-199b. Este compuesto ya se había predicho en modelos teóricos para este tipo de planetas, pero hasta ahora no se había confirmado con claridad en un gigante templado. La presencia de este gas sirve como validación de esas teorías y abre la puerta a mejorar los modelos sobre cómo se forman y evolucionan los planetas y sus atmósferas.

Además, los datos recogidos por el James Webb apuntan a la posible presencia de otras moléculas: amoniaco (NH3), detectado de forma indicativa y dióxido de carbono (CO2), también sugerido en el análisis

La importancia de este hallazgo

Lo que hace especial a TOI-199b no es solo su temperatura o su composición, sino su valor como laboratorio natural. Los científicos señalan que estudiar planetas muy distintos a los del sistema solar es clave para comprender la evolución de los sistemas planetarios. Al no existir muchos gigantes templados conocidos, cada nuevo dato contribuye a rellenar un vacío importante en los modelos actuales.

Además, comprender cómo funcionan atmósferas con temperaturas moderadas puede ofrecer pistas indirectas sobre procesos que también influyen en la Tierra, aunque las condiciones sean diferentes.

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