El auge bursátil se sostiene sobre un ‘modelo de gran déficit’
El gasto presupuestario estadounidense es el principal responsable de este mercado alcista

El sentido común atribuye el mercado alcista actual a la inteligencia artificial. Pero si se mira más de cerca, el gasto presupuestario estadounidense es el principal responsable. Si las ganancias de los inversores dependen de un modelo de gran déficit y no de grandes modelos de lenguaje, el auge es vulnerable a cualquier ajuste del presupuesto del tío Sam.
El jueves pasado, la Oficina de Análisis Económico del Departamento de Comercio dijo que la economía estadounidense creció a una tasa anualizada del 2,1% en el primer trimestre, una revisión significativa al alza respecto a la estimación anterior del 1,6%. El margen de beneficio neto de las empresas no financieras estadounidenses se revisó al alza, del 15,6% al 15,8%, acercándose de nuevo a niveles casi récord. Los beneficios parecen estar impulsados por las hiperescaladoras que vuelcan dinero en inteligencia artificial y centros de datos: la inversión en equipos y propiedad intelectual creció un 15,8% y un 13,8%, respectivamente.
Esto alimenta un popular relato sobre un supuesto bucle de gasto, en el que el enorme gasto de capital de las tecnológicas engorda mutuamente sus beneficios. Algunos inversores temen, con razón, que el impulso que la IA da a los beneficios, las bolsas y el PIB pueda venirse abajo si la adopción se ralentiza.
Sin embargo, no hay nada intrínsecamente sospechoso en los ingresos y beneficios circulares. De hecho, como señalaron los economistas del siglo XX Jerome Levy y Michał Kalecki, siempre ocurre que el ingreso de una persona es el gasto de otra. Los ingresos que sostienen los beneficios de toda la economía proceden en gran medida del propio gasto de las empresas, ya sea en salarios, gasto de capital o dividendos. Solo hay dos vías reales por las que entra dinero desde fuera de este bucle. La primera es que un país exporte más de lo que importa, y la segunda, que el Gobierno gaste más de lo que recauda por impuestos. Ahora mismo, es esta última la que hace el trabajo pesado.
Basta con mirar las cuentas nacionales de Estados Unidos, donde se pueden desglosar los distintos factores –gasto deficitario, inversión privada, ahorro de los hogares– que determinan conjuntamente el nivel global de beneficio empresarial. En términos netos, el sector privado solo representa un tercio de los beneficios actuales, según nuestro análisis, y el resto se remonta al gasto federal. Aunque el déficit presupuestario venía reduciéndose desde 2024, actuando como un pequeño lastre para el crecimiento de los beneficios, volvió a ampliarse en el primer trimestre, hasta alcanzar el 6,4% del PIB.
Y pese a todo el gasto de capital en IA, la inversión privada es solo del 2,7% del PIB, frente a una media histórica del 3%. Una razón es que los beneficios empresariales netos no dependen de la producción bruta, sino de lo que queda tras la depreciación, que también ha aumentado. Otra es que el gasto de capital es débil fuera de la tecnología y la energía verde, en parte porque el trabajo híbrido ha hundido la construcción de oficinas.
Es cierto que las expectativas de ganancias de productividad impulsadas por la IA aún pueden elevar las valoraciones, alentando el optimismo inversor y el gasto de los consumidores. Aun así, cabe destacar que la relación precio-beneficio (PER) del S&P 500 sobre los últimos doce meses, de 28, está más o menos donde estaba a finales de 2024, lo que significa que la subida del 35% del índice desde entonces se explica por completo por el crecimiento de los beneficios.
La lectura optimista es que los déficits públicos podrían ser un cimiento más duradero para el mercado que el gasto de capital especulativo, que fue el principal motor de la burbuja puntocom. En efecto, el tío Sam está poniendo, de hecho, un suelo bajo las acciones, y tiene pocos incentivos para retirarlo. La lectura pesimista, sin embargo, es que los déficits presupuestarios se encuentran en niveles históricamente sin precedentes fuera de recesiones y guerras. Si eso resulta insostenible, también podría serlo el auge bursátil.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías