Renovables para afrontar el ‘trilema energético’
La electricidad limpia ya es barata, el problema es que el mercado no sabe retribuirla
En este siglo XXI, los mercados energéticos viven en un continuo cambio motivado tanto por la evolución propia del mix de generación como por vectores geopolíticos. En cualquier caso, el “trilema energético” permanece inalterado: la electricidad ha de ser sostenible, asequible y segura. La contribución de las renovables a su resolución se puede leer a lo largo de tres décadas.
En los años 2000, varios países europeos lanzaron incentivos a la remuneración bajo diferentes esquemas como los ROCs de Reino Unido, el 661 español o el conto energia en Italia. Estas y otras iniciativas, a pesar de que requirieron ayuda financiera extraordinaria, hicieron posible el primer gran despliegue de la eólica y la solar, así como la biomasa, la cogeneración y otras fuentes de energía que, en aquel momento, se encontraban en una fase inicial de desarrollo tecnológico; prototípico, podríamos decir. Gracias a ello, se instalaron más de 200 gigavatios (GW) en el continente entre 2005 y 2015, consiguiendo diversificar la generación limpia más allá de la hidroeléctrica, que había dominado el frente renovable durante décadas.
Este despliegue se ralentizó de manera abrupta a causa de la crisis financiera global del periodo 2008-2018. En cualquier caso, se abrió la brecha necesaria para que la sostenibilidad se convirtiera en uno de los criterios de peso en la definición del mix energético. Según desaparecían los incentivos, algunos –pocos– expertos, los que conocían bien la industria incluso antes de que aquella fiebre renovable comenzara, vaticinaron que las energías limpias volverían en el futuro con mayor fuerza y sin necesidad alguna de tarifas adicionales, compitiendo con el precio de mercado, es decir, alcanzarían la grid parity.
A mediados de la década de los 10, Europa era, financieramente, tierra baldía en la que asomaban, temerosos, algunos brotes verdes. Finalizada la primera ola de renovables, las empresas del sector se lamentaban del repentino frenazo. Mientras tanto, China se dedicaba a absorber y mejorar la producción mundial de paneles solares reduciendo un 90% su coste intrínseco de fabricación.
Por otro lado, los nuevos pioneros europeos empezaron a interpretar que la grid parity se acercaba y fue así como el desarrollo de proyectos volvió a multiplicarse con discreción a la vez que los costes de construcción solar y eólico se optimizaban. Se estaba preparando el despegue de una nueva ola que llevó a instalar aproximadamente 400 GW de nueva generación en Europa entre 2016 y 2025.
Las renovables se consolidaron y han liderado una caída continua del precio de la electricidad desde entonces, siendo especialmente paradigmático el caso de España durante los primeros meses de este año con precios medios de la electricidad ligeramente superiores a 40 euros por megavatio-hora (MWh), altamente competitivos al compararlos con el primer trimestre de 2022 cuando se dispararon por encima de 200 euros/MWh. Entre la invasión de Ucrania y la guerra de Irán y el Golfo, pasaron cuatro años y se instalaron en nuestro país más de 25 GW de solar y 5 GW de eólica, incrementando la generación anual renovable española del 30% al 40%.
En Europa, como en España, las energías limpias marcan el precio marginal durante muchas horas del día arrastrando así el precio de mercado a cero o incluso a valores negativos, lo que se ha convertido en uno de los mayores retos para la transición energética: la llamada “canibalización de precios”, que fue profetizada ya en 2012 por el operador californiano Caiso, dibujando la famosa “curva de pato” para la solar, que también se aplica ahora análogamente a la eólica. Cuando el coste asequible, segundo pilar del “trilema energético”, parecía estar a punto de resolverse, acabó retrocediendo varios pasos.
Respecto de la seguridad del suministro, el reciente informe emitido por Entso-e (Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Electricidad, por sus siglas en inglés) sobre el apagón en la península ibérica el 28 de abril de 2025 explica que la forma en la que se opera el sistema no se ha adaptado a la evolución que ha vivido el mix de generación desde comienzos de siglo.
Seguridad del suministro
La solución es conocida: hay que reforzar el control de tensión. Para conseguirlo, la red necesita mejoras y las plantas de generación requieren una retribución adecuada por proveer tal servicio. Por otro lado, a pesar de que el informe no señala la falta de inercia, contrariamente a lo inicialmente pensado, como principal causa de la desconexión, parece recomendable que –a partir de ahora– las renovables incluyan esta propiedad, que es precisamente lo que el almacenamiento eléctrico (BESS por sus siglas en inglés) está destinado a desplegar en el continente.
En una sociedad que hace tiempo que no negocia con la sostenibilidad, el sector energético ha de lograr ahora, de manera simultánea, costes asequibles y seguridad de suministro. Lo primero ya lo ofrecen las tecnologías renovables a un mercado que debería rediseñarse, ya que el precio marginal se ha desconectado del coste intrínseco de cada fuente de generación, del coste nivelado de la energía (LCOE por sus siglas en inglés). Respecto de la seguridad de suministro, el camino a recorrer –control de tensión e inercia– está claramente trazado; toca ahora que la regulación permita y fomente transitarlo.
Las energías renovables, como cualquier otro sector que se acerca a una encrucijada, han de volver a lo esencial: ¿cuál es nuestro propósito? Las comunidades, empresas e industria a las que servimos necesitan energía limpia, asequible y segura. Esta brújula marca la dirección que nuestros desarrollos técnicos, financieros y de mercado deberían seguir durante los próximos años, aspirando a completar una década 2026-2035 en la que las renovables lideren la resolución del “trilema energético”, así como la reindustrialización de nuestros países.