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La debilidad de la OPEP, otra señal de un mundo que cambia

Las reglas bajo las que empresas y gobiernos han operado durante décadas han dejado de ser válidas

Sede de la Organización de Países Exportadores de Petroleo (OPEP), en Viena, este miércoles.Núria Morchón (EFE)

La salida de Emiratos Árabes de la OPEP es un reflejo de varios ángulos del mundo actual. El punto de vista puramente económico es, quizá, el más sencillo de explicar. La producción no convencional de países de fuera de la OPEP y la menor dependencia relativa de los combustibles fósiles (en relación al tamaño de las economías) ha limitado la capacidad de actuación de un cartel. No ha perdido la capacidad para marcar la senda de los precios, pero el coste de hacerlo se ha elevado, lo que ha hecho aflorar discrepancias entre sus miembros en un ejemplo digno de manuales de microeconomía.

La salida de Emiratos sigue a la de Qatar, y al brutal choque con Rusia en 2020 en el que Arabia Saudí hundió el precio del barril. Y si el cartel ha mantenido durante los últimos años exceso de producción es por la falta de disciplina en sus miembros a la hora de aplicar las cuotas. Estas cuotas de producción son, de hecho, el motivo esgrimido por el país: quiere bombear a voluntad cuando se reabra el estrecho de Ormuz.

La decisión, casi imposible de imaginar hace una década, deja herido el cartel, y es reflejo del nuevo orden mundial del que Donald Trump es padre fundador y cabeza visible. Las estructuras internacionales, tácitas o con organigrama, han dado paso al interés nacional y la ley del más fuerte. La OPEP no es ni mucho menos el mejor ejemplo, pero sí subraya que no asistimos al declive de un determinado orden occidental, sino a una nueva era para todos. Dentro del caos que ha generado la guerra en Oriente Próximo, y cuya salida es más incierta que nunca, Emiratos quiere jugar su partida solo: el movimiento supone un acercamiento a Estados Unidos (en un momento de estrecheces financieras para el reino) y una cierta desconexión de Arabia Saudí en plena guerra.

La lectura para el reto del mundo es cristalina: las reglas bajo las que empresas y gobiernos han operado durante décadas han dejado de ser válidas. El mercado del petróleo es el reflejo más claro, tanto si se observa la situación de la OPEP como la evolución de los precios y los suministros. No existen las garantías en este nuevo entorno, tan solo niveles de riesgo más o menos tolerable. Las cadenas de aprovisionamiento, los acuerdos comerciales, los suministros críticos y los flujos de capitales son herramientas en un contexto de competencia entre países. Un entorno opuesto a aquel que dio lugar a la Unión Europea y que, al contrario de lo que ocurre con la OPEP, incentiva una mayor integración del club.

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