Buen planteamiento, poca agilidad
Bruselas enfoca bien las medidas contra la crisis, aunque una vez más falta presteza
La Comisión Europea ultima el borrador de medidas paliativas de la crisis energética que Ursula von der Leyen deberá presentar la próxima semana a los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete. Entre las recetas más llamativas figura la de obligar en las empresas a hacer un día a la semana de teletrabajo. Pero el grueso de la propuesta va por donde era previsible: ayudas sociales para los hogares más vulnerables, subvenciones a los transportes colectivos y favorecer cualquier avance en eficiencia energética.
Se trata, a falta del texto definitivo, de un paquete de soluciones coherente. De puro sentido común en la mayoría de los casos. No debería, por tanto, encontrar gran oposición, pese a que el renovado acento de Bruselas en medidas ambientales recuerda que en los últimos tiempos se había descuidado ese camino. Si el tirón electoral de populismos que cuestionan el cambio climático y la agenda verde había hecho opacar algunas políticas, la guerra en Oriente Próximo ha venido precisamente a recordar que estas forman parte de lo fundamental.
El encarecimiento del gas y el petróleo desde que EE UU e Israel lanzaron las primeras bombas sobre Irán supone un formidable reto para la economía mundial. Y Europa está precisamente en el centro de esa encrucijada. El estrecho de Ormuz no está en el Viejo Continente, pero su estrangulamiento como vía marítima tiene unas consecuencias que golpean con más fuerza a las economías más dependientes de los combustibles fósiles.
Es el caso de la UE en su conjunto. Sin apenas producción propia de crudo o gas, está a expensas de los precios internacionales de unos mercados disparatados. Pero el modelo europeo también tiene sus ventajas, como la presencia de fuertes redes de transporte público, y por eso las recomendaciones de la Comisión tratan de aprovechar esas fortalezas. Otra debería ser el mayor grado de electrificación. Es un objetivo en el que Bruselas lleva años insistiendo. La realidad es que apostar por la electrificación es también hacerlo por la soberanía. Y conviene recordar a determinados movimientos nacionalistas que eso también se aplica de forma individual para cada uno de los países de la Unión.
España aparece ahí bien situada, por su capacidad de energías renovables. Y en aprobar medidas paliativas el Gobierno ya se adelantó, aunque algunas propuestas, como la rebaja impositiva a los carburantes, sean discutibles desde el punto de vista medioambiental. Pese a ello, es positivo que se reaccionara rápido, que es justo el principal reproche que se puede hacer ahora a Bruselas: enfoca bien, aunque una vez más falta agilidad.