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Opinión

Estados Unidos seguirá al compás de la energía mundial

Su envejecida infraestructura de refino y la complejidad de la demanda transfronteriza le impiden ser independiente

Bomba de balancín y plataforma de perforación de petróleo de esquisto al sur de Midland (Texas, EE UU).Eli Hartman (REUTERS)

La independencia energética de EE UU es el futuro: hoy por hoy no existe. Donald Trump se jacta de que el país gana “mucho dinero” cuando sube el petróleo. Pero sus costes energéticos siguen estando muy vinculados a los mercados mundiales.

La producción nacional de petróleo llegó a cubrir casi todo el consumo de EE UU: en 1949, equivalía al 95%. La insaciable demanda llevó a un aumento de las importaciones en los 60 y 70, hasta que se produjo el impactante golpe de realidad del embargo de 1973. La producción nacional siguió bajando de forma constante en los 80 y 90, hasta que una revolución tecnológica impulsó la perforación de esquisto y en alta mar en los 2000.

Ese interregno ha dejado huella. Aunque las petroleras de EE UU producen ahora el equivalente a dos tercios del consumo interno, persiste un desajuste de infraestructuras: el 40% de la capacidad de refino procesa importaciones, según Bank of America, ya que gran parte de ella está diseñada para tratar el crudo pesado y sucio que procede sobre todo de Canadá, México o Venezuela. El producido mediante fracking en EE UU, por contra, es generalmente de la variedad ligera y dulce, y gran parte de él se exporta a Asia y, cada vez más, a Europa. Esta crisis afectará a estos flujos. Ha eliminado en la práctica 11 millones de barriles al día de los mercados, superando el impacto de los 70.

Algunos factores amortiguarán, al menos en parte, el impacto para los consumidores de EE UU. Por ejemplo: la gasolina ya no supone una parte tan importante de los presupuestos. Gracias a décadas de mejoras en la eficiencia, representa el 2% del gasto de los consumidores, frente al 5% de 1974. Estas mejoras se dieron en gran parte como respuesta a la crisis de los 70. Los coches pequeños –incluidos los japoneses– se hicieron cada vez más populares, y el Congreso estableció en 1975 las primeras normas de ahorro de combustible de la historia.

La era actual ofrece soluciones aún más eficaces. Los eléctricos pueden desvincular el transporte del suministro de hidrocarburos. Las bombas de calor permiten a los hogares prescindir del gas. Pero la transición hacia ambos se vio ralentizada por la cancelación de las subvenciones al consumidor por parte de Trump en 2025, y las ventas de eléctricos siguen por debajo del 10% del total, según Cox Automotive. La producción petrolera de EE UU ha demostrado ser una ventaja estratégica importante, sobre todo ahora que otros afrontan una absoluta escasez. Pero, con el tiempo, el mundo se adaptará. Si EE UU no lo hace, podría verse de repente más expuesto que sus aliados o sus rivales.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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