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Las claves: Buffett vuelve al sector de los medios en su despedida al frente de Berkshire

Quizá ha sido una pequeña concesión a la nostalgia o quizá es que cree que pueden prosperar en la selva actual

Warren Buffett, en un evento en 2015. LARRY W. SMITH (EFE)

Las decisiones de inversión de Warren Buffett siempre han sido una pequeña bola de cristal de las tendencias del mercado. No siempre ha acertado, claro, pero sí en general. En estos últimos años, por ejemplo, ha apostado por los grandes conglomerados japoneses. En uno de sus últimos movimientos al frente de Berkshire Hathaway, de cuya jefatura ya se ha desprendido, el Oráculo de Omaha compró una pequeña participación en el New York Times. En tiempos de abrumador éxito de las redes sociales, es llamativo que vuelva a un sector del que se marchó cuando este perdió los ingresos de los anuncios clasificados, y cuyo modelo de negocio llegó a augurar que desaparecería. Quizá ha sido una pequeña concesión a la nostalgia, en su despedida, o quizá es que cree que medios potentes como el NYT pueden prosperar en la selva actual.

Sus otros movimientos también son interesantes: redujo su presencia en Apple y Amazon, pero la mantuvo en Alphabet, en la que había entrado en el trimestre anterior. No se bajó de sus barcos preferidos, Coca-Cola y American Express.

Pequeñas tiendas para grandes urbes

Carrefour, rey del hipermercado, tiene una estrategia clara en España: tiendas pequeñas cerca de los usuarios. El plan refleja una tendencia general en el sector, que se aleja de las grandes superficies para centrarse en locales pequeños, pero cercanos, de los de bajar de un momento para comprar una botella de leche. Esta deriva no puede entenderse sin el paulatino crecimiento de las grandes ciudades, que concentran los crecimientos de una población que ya no está tan dispuesta a coger el coche y echar dos horas haciendo una gran compra mensual o semanal. Ahora se compra menos –la inflación ayuda– en más veces. Y más cerca.

China y la naturaleza se abren paso... a costa de Europa

A China, que de muros sabe un rato, le ha resultado relativamente fácil esquivar el levantado por la Casa Blanca en forma de aranceles. El gigante asiático, de acuerdo con un estudio del BCE, ha compensado las caídas de las exportaciones a EE UU con una salida masiva de productos hacia otros destinos y, como la naturaleza, se ha abierto paso. El de la gran fábrica del mundo es un ejemplo claro de capacidad de rotación, que va de la mano de la innovación –hace tiempo ya que China no es una mera fábrica de juguetes de plástico– y del control férreo sobre productos esenciales como las tierras raras. En el medio de esta historia está Europa, que no acaba de tener claro si Pekín es un socio, un competidor o un rival sistémico. El déficit comercial europeo con China subió el año pasado un 15%.

La frase

El estudio de la Fed de Nueva York que muestra que las empresas de EE UU soportan la mayor parte de la carga arancelaria es una vergüenza. Las personas relacionadas con él deberían ser sancionadas. Es un análisis que no se aceptaría en una clase de Economía de primero
Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional de EE UU

3.159 señales de esperanza para el gran reto de nuestro tiempo

Si uno dibuja una tabla con la natalidad registrada anualmente en España desde 2015 solo ve números rojos: -9.797, -17.402, -2.651... así hasta nueve veces en la última década. Hasta 2025. Por primera vez desde hace 10 años, la natalidad es positiva: nacieron 3.159 bebés más que en el ejercicio anterior. El dato es excepcional, y no cambia de por sí una tendencia negativa y generalizada en toda Europa –en todo el mundo, en realidad–: que cada vez se tienen menos hijos. Pero sí tiene un trasfondo positivo: un país que crece demográficamente –gracias a la inmigración– y en el que hay una pujante actividad económica. La demografía es, junto al cambio climático, la gran cuestión de nuestro tiempo. 3.159 bebés no son muchos, pero dan esperanza.

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