Claves de la tormenta perfecta sobre el petróleo: hutíes, Ormuz y combustibles por las nubes
El cierre del oleoducto saudí Este-Oeste es la última adversidad para el suministro de crudo al mundo, mientras se agrava la caída de las reservas y diésel y gasolina marcan récord
Desde que Estados Unidos e Israel lanzaran su ofensiva contra Irán a finales de febrero, todo ha ido cuesta abajo para el suministro de petróleo y gas natural al mundo, y cuesta arriba para sus precios. El conflicto ha entrado en vía muerta y ha acabado por echársele encima a Donald Trump a las puertas de las elecciones legislativas de noviembre en EE UU. Además, se ha agravado con la entrada en escena de los rebeldes hutíes de Yemen, aliados de Irán, que se están haciendo fuertes en el estrecho de Bab el Mandeb, el acceso por el sur al mar Rojo, complicando en extremo la exportación del crudo de Arabia Saudí, que también afronta la parálisis de su oleoducto Este-Oeste, la vía con la que había logrado seguir exportando petróleo tras el bloqueo de Ormuz.
El crudo se ha disparado más del 40% desde que comenzó la guerra y la gasolina y el diésel han duplicado su precio a niveles sin precedentes. La economía mundial está mostrando una firme resistencia ante el que es el mayor shock energético de la historia, aunque la presión inflacionista que provocan un petróleo y un gas mucho más caros ya haya obligado a activar las alzas de tipos de interés en la zona euro y también, por primera vez en tres años, en Estados Unidos.
¿Un petróleo en los 150 dólares?
Ese es el escenario más extremo, el de un conflicto más amplio que dañe de forma seria las infraestructuras energéticas, según maneja Bank of America en sus estimaciones. Hasta el momento, el conflicto ha tenido como objetivo pasos marítimos estratégicos, buques, puertos, refinerías y ahora oleoductos, pero, como advierte la consultora Kpler “la próxima escalada podría ser mucho más trascendental: instalaciones de procesamiento de crudo como Abqaiq, o los propios campos productores saudíes”.
El cierre del oleoducto saudí —con capacidad para transportar hasta siete millones de barriles de crudo diarios, de los que cinco se exportan y dos se refinan en Arabia Saudí— ha acercado al brent a los 110 dólares y acercando el máximo de 120 que rozó al inicio del conflicto, según reconocen firmas como Goldman Sachs o Argus.
¿Por qué es tan importante el oleoducto Este-Oeste?
Es la alternativa que ha encontrado Arabia Saudí para seguir exportando crudo al mundo después de que quedara bloqueado el estrecho de Ormuz. Recorre 1.200 kilómetros a través del desierto para llegar al puerto de Yanbu en el mar Rojo y desde allí, dar salida a la producción hacia Europa o Asia. Este plan B ha contribuido de forma crucial a evitar el colapso energético en los últimos meses, junto a la liberación de reservas estratégicas por parte de los países de la OCDE y a la importante caída de las importaciones chinas de crudo. Sin esta infraestructura, las exportaciones de crudo saudíes podrían caer entre 3,5 y cuatro millones de barriles por día. Un mazazo para el mayor exportador de petróleo del mundo, que antes de la guerra contra Irán producía más de nueve millones de barriles diarios —alrededor del 10% de la producción mundial— y que, pese al conflicto, estaba manteniendo una producción en torno a los siete.
De momento, la petrolera estatal Aramco ha informado a clientes europeos de retrasos en entregas pactadas para septiembre, según Bloomberg. Según informa Reuters, Arabia Saudí está encontrando estos días una nueva alternativa para exportar crudo, esta vez mediante trasvases de barco a barco cerca del puerto de Sohar, en Omán, lo que ha permitido que el brent se acerque de nuevo a los 100 dólares. El tiempo que puede llevar la reparación del oleoducto, días o semanas, será clave para determinar el impacto final sobre el suministro.
¿Cuál es el efecto en el precio del diésel y la gasolina?
Si el crudo se ha encarecido en torno al 40% desde que comenzó la guerra, los combustibles han duplicado su precio y están dando la verdadera medida del impacto de la guerra en el coste de la energía. A la caída del suministro del crudo, la materia prima, se añaden los ataques ucranianos a las refinerías rusas —obligadas a parar su actividad—, el fuerte descenso de existencias y las paradas de mantenimiento de unas refinerías al límite de capacidad. “Las paradas programadas dejarán fuera de servicio al menos entre 450.000 y 550.000 barriles diarios de capacidad de destilación de crudo en el norte de Europa este mes”, estima Josh Michalowski, responsable del mercado del diésel en Europa de Argus. Y la competencia entre Europa y Asia por el diésel y la gasolina disponibles es feroz, lo que alimenta la escalada de precios.
Los precios del gasóleo en Europa alcanzaron un nuevo récord este martes, superando los máximos anteriores registrados en abril, 1.617 dólares por tonelada en el centro de distribución de Ámsterdam-Rotterdam-Amberes (ARA). “Sigue habiendo dos grandes restricciones de suministro: faltan aproximadamente entre 1,3 y 1,4 millones de barriles diarios (entre el 15% y el 20%) de envíos internacionales procedentes del Golfo Pérsico y de Rusia”, añade Michalowski.
¿Está saliendo petróleo por Ormuz?
Sí, aunque mucho menos que antes de la guerra en Irán. La economía mundial está resistiendo sin que el precio del petróleo se desborde del todo y sin que haya un shock que obligue a reducir la demanda o racionar energía —algo que en Asia sí es una realidad— gracias en gran medida a las reservas existentes, a unas importaciones chinas que se han llegado a recortar en un 40%, a las exportaciones saudíes por el mar Rojo y a que, pese a todo, Ormuz no se ha cerrado a cal y canto.
La AIE reconoce en su último informe que las exportaciones de petróleo de los países del golfo Pérsico estaban en agosto en torno a los 13 millones de barriles diarios, un 45% por debajo del nivel anterior a la guerra. Las exportaciones de productos refinados han caído el 60%. La agencia explica que la pérdida de suministro se ha moderado “gracias al aumento de los flujos que eluden el estrecho, así como a las escoltas militares estadounidenses que protegen los flujos a través de Ormuz”.
¿Hasta cuándo se puede aguantar?
La AIE también advierte de que, con las reservas de seguridad reduciéndose y el sistema mundial de refino al límite de su capacidad, “la necesidad de avanzar en la resolución del conflicto en Oriente Próximo —y de la guerra entre Rusia y Ucrania— es mayor que nunca para evitar un mayor endurecimiento del mercado y la destrucción de la demanda”. Las reservas mundiales de petróleo se han ido reduciendo a un ritmo sin precedentes y son ahora 507 millones de barriles inferiores a las del inicio de la guerra. El descenso es evidente y contribuye a la escalada de precios de la energía, aunque los expertos apunten a que los niveles no son ni mucho menos críticos.
“Las reservas comerciales de la OCDE siguen estando bien protegidas frente a la escasez del mercado mundial del petróleo, aunque los inversores cuestionan la sostenibilidad de los principales amortiguadores: las liberaciones de las reservas estratégicas de petróleo de la OCDE y las bajas importaciones de crudo de China”, explica Goldman Sachs. “Las reservas mundiales de petróleo son suficientes para absorber cualquier merma de suministro a corto plazo. Al mundo todavía no se le está acabando el petróleo y, en una perspectiva más amplia, no existe un déficit crónico de oferta”, asegura Norbert Rücker, director de Investigación Económica y Next Generation de Julius Baer.
Con datos de la Agencia Internacional de la Energía, Europa puede aguantar de media 129 días sin recibir petróleo. En el caso de España, el nivel de aguante está en los 102 días, apenas tres días menos que en febrero. Aun así, la amenaza energética persiste, como se encargan de recordar las compañías aéreas —bajo la presión del precio del fuel— y gasistas. De hecho, el almacenamiento de gas natural en Europa a estas alturas de año está en el 68%, muy por debajo de la media estacional de los últimos cinco años, que es del 84%. Y si el petróleo ha subido con la guerra en Irán, aún más lo ha hecho el gas natural en Europa, el 150%, hasta niveles de enero de 2023. Una tormenta perfecta que, si bien ha encontrado algunos amortiguadores, no amaina, y dibuja, mientras dure la guerra, un mundo de más inflación y menos crecimiento.