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Anthropic y OpenAI ponen a prueba el furor inversor por la IA tras la estela de SpaceX

Wall Street acogerá, con unos meses de diferencia, las tres mayores OPV de la historia. Rentabilidad y competencia china, retos de los dos laboratorios de IA

Sam Altman, CEO de OpenAi, y Dario Amodei, CEO de Anthropic.Jose Luis Magana (AP) / Graeme Sloan (Sipa USA) (Cordon Press)

La carrera de la inteligencia artificial se recrudece a las puertas de su momento más decisivo desde el estreno de ChatGPT. Anthropic y OpenAI pondrán a prueba el mercado con sus salidas a Bolsa, llamadas a figurar entre las mayores de la historia. El listón lo marca SpaceX, que alcanzó en junio pasado una valoración de unos 1,5 billones de euros. Según informó Bloomberg el miércoles, la creadora de Claude contempla debutar a un nivel similar o superior, desde los 834.000 millones que vale actualmente. Por su parte, recién adelantada por su rival, el dueño de ChatGPT aspira elevar su cifra de los 735.000 millones hasta superar los 880.000 millones. Para ello, ha destinado una parte (aún no especificada) de las acciones para los fervorosos inversores minoristas, que ya fueron clave en la exitosa colocación de SpaceX. De lograr estos objetivos, ambos laboratorios se situarían entre las 10 mayores cotizadas del mundo, un club que se ha visto radicalmente transformado en pocos años por obra de la IA.

Aunque ninguna de las dos empresas, desconocidas hace pocos años, ha precisado una fecha para sus ofertas públicas de venta (OPV), la prensa estadounidense estima que Anthropic debutará antes del final de 2026 y OpenAI, a principios del próximo año. La dirección de la desarrolladora de Claude ya apunta a septiembre o octubre, según The Wall Street Journal. Cada detalle es importante: los dos rivales debutarán en un contexto donde el optimismo sigue reinando (como muestran las encuestas entre gestores de fondos) pero no a cualquier precio: la presión del mercado para acreditar la rentabilidad es creciente y los inversores ya pasaron factura con las correcciones en julio del Nasdaq y del sector de los chips.

“Los inversores siguen premiando el crecimiento de los beneficios, pero ahora exigen mayores evidencias de un camino claro hacia la rentabilidad. No basta con que haya un crecimiento explosivo de los ingresos. También es necesario demostrar de manera creíble que esos ingresos terminarán generando un flujo de dinero a los accionistas”, argumenta Francisco Quintana, director de estrategia de inversión en ING, en comentarios a este diario. “Y conseguir esa remuneración para los accionistas implica, entre otras cosas, disciplina en el gasto de capital, es decir, realizar inversiones con una expectativa razonable de generar rentabilidad futura”, añade.

La disputa por liderar el negocio de la IA entre sus dos mayores desarrolladores ha estado marcada por constantes giros de guion. Anthropic nació a finales de 2020, cuando el ingeniero Dario Amodei abandonó OpenAI. Apenas dos años después, la compañía de Sam Altman lanzó ChatGPT y así se convirtió en el referente del sector. No fue hasta principios de 2026 cuando Anthropic logró recortar distancias gracias al lanzamiento de herramientas especializadas en programación y tareas de oficina, como contabilidad o asesoría jurídica.

Con la creciente popularidad de sus modelos enfocados en las empresas, Anthropic ha cuadruplicado sus ingresos anualizados en 2026 hasta alcanzar en julio unos 56.000 millones de euros. OpenAI, partiendo de una base mucho mayor, tan solo ha duplicado los suyos hasta los 35.000 millones de euros. Sin embargo, estas cifras siguen siendo insuficientes para compensar las enormes inversiones que requiere el desarrollo de la IA, marcado por el encarecimiento de los chips y de la capacidad de computación. Por ello, ninguna de las dos compañías ha logrado todavía cerrar un ejercicio completo con beneficios. Esta situación ha sido tolerada hasta ahora por los inversores privados, acostumbrados a asumir riesgos elevados, pero podría convertirse en un lastre en Bolsa.

Ni Anthropic ni OpenAI prevén cerrar este año ni el siguiente con beneficios. No obstante, la creadora de Claude sí logró en el segundo trimestre de 2026 obtener por primera vez un beneficio operativo ajustado (ebit) positivo, tras el lanzamiento de unas aplicaciones especializadas en programación y en tareas de oficinas como contabilidad o asesoría jurídica.

“El resultado operativo ajustado de Anthropic en terreno positivo supone un hito clave y debería despejar el camino para su salida a Bolsa pese al aumento de los costes de computación”, señalan Mandeep Singh y William Tong, analistas de tecnología de Bloomberg. La apuesta por el mercado empresarial es tan clara que Microsoft, socio de OpenAI, ha incorporado modelos de Anthropic dentro de su paquete Office en la nube (Microsoft 365). Sin embargo, de acuerdo con Singh y Tong, la creadora de Claude tiene un talón de Aquiles. Su modelo más avanzado —el Fable 5, tan potente que el Gobierno estadounidense ha intervenido en la empresa y prohibido su venta a extranjeros— sigue requiriendo una elevada capacidad de computación y luego “podría resultar demasiado costoso para usos empresariales con grandes cargas de trabajo”, según los analistas de Bloomberg.

A su vez, OpenAI tiene un camino más complicado hacia la rentabilidad. Mientras su rival acierta por ahora con la apuesta de enfocar su producto a empresas, la pionera de la revolución de la IA peca por haber mantenido su producto demasiado generalista. “Muchos de los 1.000 millones de usuarios activos de ChatGPT son estudiantes y no van a pagar más por este producto. Aunque todavía no está claro quién será el ganador en esta carrera, Anthropic parece por ahora mucho más invertible”, señala César Pérez, director global de inversiones en Pictet Wealth Management, en declaraciones a este diario.

Como si la situación no pudiera complicarse más, la compañía de Sam Altman anunció el martes la paralización temporal del entrenamiento de sus modelos más avanzados, tras invadir de manera autónoma una plataforma en internet. De acuerdo con los analistas de Bloomberg, la carta en la manga de OpenAI para remontar en el negocio empresarial es la alianza firmada en febrero con Amazon Web Services (AWS), que integra ChatGPT al día a día de millones de empresas en sus sistemas de contabilidad o gestión de proveedores.

Más allá de su particular uno contra uno, Anthropic y OpenAI se enfrentan a una creciente amenaza procedente de Oriente, con los modelos chinos de bajo coste, basados en código abierto, permitiendo a cualquier usuario adaptarlos y así acelerar por cuenta propia el desarrollo del modelo. Todas las dudas sobre la rentabilidad de la IA empezaron así, en enero de 2025, con DeepSeek, que además estudia salir a Bolsa en China en 2027. Ahora, el nuevo postulante a disruptor de los mercados es la nueva actualización de Z.ai, prevista para la próxima semana y prácticamente tan eficiente como los modelos más avanzados de Claude.

“La IA de código abierto no necesita superar a todos los modelos privados en todos los indicadores. Necesita ser lo suficientemente buena, barata y ubicua”, estiman los analistas de Deutsche Bank en un informe de julio. Consideran inevitable la presencia de los modelos de código abierto en el mercado, aunque coexistirán con los productos de élite de ambas compañías: “A nivel de consumo, podría parecerse a Apple y al Android de Google: un ecosistema prémium y controlado conviviendo con otro más amplio y personalizable”. Por tanto, los analistas de Deutsche Bank esperan que los modelos chinos sigan influyendo en las valoraciones de Anthropic y OpenAI, tanto antes como después de sus debuts bursátiles.

Los dos rivales también lidian con un gran obstáculo fuera de su control e incluso de los parqués. El repunte de la inflación provocado por la guerra en Irán y el creciente déficit de los Gobiernos ha disparado la rentabilidad de la deuda soberana hasta niveles no vistos en casi dos décadas. El bono de EE UU a 30 años cotiza en el 5,3%, su nivel más alto desde 2007, mientras que el de Alemania al mismo plazo alcanza máximos desde 2011, con un 3,76%. Los títulos estadounidenses y alemanes a 10 años, referencia para todo el mercado de deuda, también se aproximan a sus respectivos máximos en los últimos 20 años. Este escenario tiene un doble efecto sobre la Bolsa, como señala Quintana: encarece la financiación de las empresas y resta atractivo a las acciones demasiado caras.

“Las compañías cuya rentabilidad no se espera hasta dentro de varios años suelen verse especialmente afectadas por el aumento de los tipos, porque deberán financiarse a un coste mayor”, señala el estratega de ING. “Además, cuando los inversores pueden obtener mayores rendimientos en activos considerados más seguros, tienden a exigir una rentabilidad superior a las inversiones de mayor riesgo (lo que presiona las valoraciones)”, añade. No obstante, Quintana sopesa: “El mercado puede continuar pagando múltiplos altos a las cotizadas si considera creíble que el sector tecnológico termine siendo altamente rentable”.

¿Hasta cuándo puede llegar la racha de la IA? Es imposible predecirlo. Los datos apuntan, al menos, a un riesgo considerable de que se acerque su clímax. Según una investigación de la consultora BCA Research publicada en junio pasado, con base en los últimos 40 años de historia bursátil, las grandes oleadas de OPV —ninguna de ellas tan grande como la de este año— suelen adelantar menores rentabilidades futuras y menores expansiones de los múltiplos de valoración. No obstante, tan solo el 20% de los casos suele desencadenar un mercado bajista. La carrera seguirá a su próxima etapa.

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