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El oro se desploma un 14% en el trimestre, su peor caída desde 2013

La guerra en Irán y el temor a nuevas subidas de tipos en EE UU ponen a prueba al metal precioso, cada vez más vinculado a las Bolsas

Un trabajador pule lingotes de oro en la refinería ABC, en Sídney, el 5 de agosto de 2020.DAVID GRAY (AFP via Getty Images)

La guerra en Irán ha golpeado con fuerza al precio del oro y ha puesto en entredicho la condición del metal amarillo como un activo refugio, ese valor que suele resistir mejor los episodios de incertidumbre política y económica gracias a que su suministro es, por naturaleza, escaso. En medio de un conflicto marcado por bombardeos y treguas que apenas duraban unas horas, ni siquiera la distensión que comenzó a principios de abril con el alto el fuego ha logrado frenar la caída del oro. El metal precioso cierra los últimos tres meses con una caída del 14%, su peor retroceso trimestral desde precisamente junio de 2013, cuando en plena resaca de la crisis financiera se desplomó un 22%.

El oro cotiza en torno a los 4.000 dólares la onza (3.525 euros), un 25% por debajo de sus máximos históricos, alcanzados a finales de enero pasado. Un descenso que no ha ido a más porque el metal ha recuperado algo de terreno tras tocar la semana pasada los 3.900 dólares (3.421 euros), sus mínimos desde el pasado mes de noviembre.

A la presión de la guerra se suma ahora como otro obstáculo para el oro el repunte de las expectativas de subidas de tipos en EE UU, impulsado por una inflación que ya alcanza el 4,2%, su mayor nivel en tres años. La Reserva Federal dejó sin cambios el precio del dinero la semana pasada, en la primera reunión bajo el mando de Kevin Warsh, pero los inversores ya anticipan una postura más dura. Los futuros sobre los fondos federales, que recogen las apuestas del mercado sobre la evolución de los tipos en EE UU, ya descuentan más de un 50% de probabilidad a una subida después del verano, frente a menos del 30% la semana anterior.

“El reajuste de expectativas sobre la Fed, junto con la resistencia de los datos macroeconómicos de EE UU, ha sido el principal factor que ha empujado al oro a la baja”, ha afirmado Michael Hsueh, analista de Deutsche Bank, en un informe en los últimos días. El oro suele salir perjudicado cuando el coste del dinero es elevado, porque el metal en sí no genera ningún rendimiento y por tanto pierde atractivo frente a aquellos activos que sí ofrecen retorno, como los bonos.

Durante más de un siglo, los inversores compraron oro, ya fuera en lingotes o en productos financieros vinculados a su valor, tan solo como cobertura contra la inflación y las turbulencias de otros mercados. No obstante, en los últimos años, la aparición de instrumentos de fácil acceso, como los fondos cotizados (ETF), ha abierto la puerta a este metal tanto a pequeños inversores como a grandes entidades financieras. El objetivo ya no era únicamente resguardarse, sino también buscar rentabilidad. Esto ayuda a entender por qué la cotización del metal se triplicó en tres años, hasta rozar los 5.600 dólares en enero. Ahora, precisamente ese cambio es lo que está perjudicando su valor.

“Se espera que el oro cotice hacia la parte baja de sus rangos (en los últimos meses), a la espera de una mayor claridad sobre el desenlace del conflicto en Oriente Medio”, estiman los analistas de UBP en una nota de la semana pasada. En ese contexto, el metal amarillo ha cedido al dólar parte de su papel como activo refugio. La divisa estadounidense se ha revalorizado un 1,3% en el último trimestre y un 3% en lo que va de año, según el índice DXY, que mide su evolución frente a una cesta de monedas, entre ellas el euro. El dólar se ha apoyado en su papel como divisa de referencia en el comercio del crudo y en el hecho de que EE UU sea hoy un importante exportador energético.

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