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El alivio energético enfría las expectativas de subidas de tipos de la Fed

El consenso no prevé cambios este mes y reduce la presión para un endurecimiento monetario a final de año

El presidente de EE UU, Donald Trump, y el responsable de la Fed, Kevin Warsh. Europa PressCONTACTO vía Europa Press (CONTACTO vía Europa Press)

El acuerdo entre Estados Unidos e Irán insufla optimismo en los mercados. Aunque aún no se ha firmado y la posición de Israel sigue percibiéndose como un factor de riesgo, el entendimiento parece esta vez más cercano que en intentos anteriores. Mientras los activos de riesgo prolongan su avance, el abaratamiento del gas y del petróleo alivia las tensiones energéticas. Una evolución bien recibida por los bancos centrales, que en pocos meses han pasado de anticipar un ejercicio relativamente tranquilo a enfrentarse de nuevo a presiones inflacionistas.

Con este telón de fondo, la Reserva Federal toma la palabra esta semana. Durante dos días, este martes y mañana miércoles, sus responsables analizarán los últimos indicadores y actualizarán sus previsiones. No todas las reuniones de política monetaria tienen la misma trascendencia, y esta resulta especialmente significativa: a la incertidumbre macroeconómica y a la creciente división interna —la mayor en tres décadas— se suma el hecho de que será la primera con Kevin Warsh al frente de la institución.

El cambio de escenario inflacionista ya se deja sentir en el mercado. Hace apenas una semana, los futuros sobre los fondos federales, según la herramienta FedWatch de CME, otorgaban una probabilidad superior al 40% a una subida de tipos antes de diciembre. Hoy, en cambio, gana terreno la idea de una pausa prolongada, con el precio del dinero estable en la horquilla actual del 3,5%-3,75%. “Esperamos que la Fed mantenga los tipos y elimine el sesgo acomodaticio que ha mantenido desde el inicio del actual ciclo de recortes, inaugurado en septiembre de 2024”, señala Michael Krautzberger, analista de Allianz Global Investors. A su juicio, este giro reflejaría un enfoque más equilibrado y, sobre todo, una creciente preocupación por la persistencia de la inflación.

Kevin Warsh, que en su etapa como gobernador de la Fed se distinguió por su defensa de políticas restrictivas y su firme oposición a la inflación, ha corregido parcialmente su posición. En los últimos años, ha destacado por sus críticas a la institución y por cuestionar el mantenimiento de unas previsiones de inflación elevadas. Aunque el nuevo presidente ha defendido que la inteligencia artificial desencadenará una “fuerza desinflacionista relevante”, el consenso del mercado considera aún prematuro anticipar un impacto tangible en esa dirección. Y un petróleo caro complica la complacencia respecto a las tensiones inflacionistas.

En esta línea, Enguerrand Artaz, estratega de La Financière de l’Échiquier, subraya que, pese a las reiteradas presiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a favor de recortes de tipos, los argumentos para una rebaja no resultan consistentes con la realidad económica actual. Con un crecimiento que se mantiene y un mercado laboral que sigue avanzando, los últimos datos de inflación, además, invitan a la cautela.

Si bien los precios energéticos fueron los principales responsables de que la inflación alcanzara en mayo su nivel más alto en tres años (4,2%), Artaz destaca que el fuerte aumento de los precios de los servicios no está directamente relacionado con la guerra. “La Fed se enfrenta a una inflación que se reactiva, incluso excluyendo la energía, y a un ciclo económico que pisa el acelerador”, subraya. En este contexto, el experto considera altamente probable que el nuevo presidente busque mantener el statu quo el mayor tiempo posible, en equilibrio entre las presiones de la Casa Blanca y la evolución de los datos macroeconómicos.

Los temidos efectos de segunda ronda —el aumento de los costes empresariales y de los salarios— aún no se han reflejado plenamente en la economía. Sin embargo, los analistas subrayan que la inflación acumula ya cinco años por encima del objetivo del 2%. En este contexto, los inversores esperan que, junto a las expectativas de tipos, los responsables de la Fed revisen al alza sus previsiones de precios. “En marzo, la Fed proyectaba una inflación general, medida por el PCE, del 2,7% para finales de este año. Sin embargo, en abril ya había repuntado hasta el 3,8%, lo que hace prácticamente inevitable una revisión sustancial”, afirma Raphael Olszyna-Marzys, economista internacional de J. Safra Sarasin Sustainable AM.

Tampoco el empleo da señales de debilidad. Hasta hace poco era visto como el eslabón más vulnerable del ciclo, pero los últimos datos apuntan a un mercado laboral más resistente de lo previsto. “El mercado se ha estabilizado, con sorpresas positivas en las cifras de empleo, lo que exige compensar parcialmente los recortes de tipos aplicados el año pasado, en un entorno en el que predominan los riesgos inflacionistas. Por ello, es probable que la Fed adopte un tono más agresivo, abandone su sesgo acomodaticio y ofrezca una guía futura más limitada”, señala Paolo Zanghieri, economista sénior de Generali Investments. En la misma línea, Olszyna‑Marzys considera excesivamente pesimista una tasa de paro del 4,4% a finales de año y la sitúa más cerca del 4,3% o incluso del 4,2%.

Para calibrar con mayor precisión el rumbo de la Fed bajo el mandato de Warsh, los analistas consideran que será necesario algo más de tiempo. El reto del nuevo presidente será complejo. Además de evitar que las expectativas de inflación se desanclen, deberá equilibrar su actuación frente a las presiones de la Casa Blanca. En los dos últimos años, la independencia de la Fed ha estado sometida a una presión constante, con episodios que van desde intentos de destituir a la gobernadora Lisa Cook hasta la apertura de una investigación penal contra Jerome Powell. Los mercados recibirían con alivio señales claras de un compromiso firme con la estabilidad de precios. De no ser así, podrían reavivarse las dudas sobre el papel de la deuda estadounidense y el dólar como activos refugio, en un momento en el que la credibilidad de la política monetaria vuelve a situarse en el centro del debate.

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