La Bolsa descuenta ya el acuerdo con Irán y desplaza el foco hacia los tipos de interés y la tecnología
Los gestores rebajan la euforia pese a los máximos y advierten de que las presiones energéticas seguirán impulsando la inflación


Como viene siendo habitual la mayoría de los viernes desde el estallido de la guerra en Oriente Próximo, los inversores despertaron con nuevos mensajes que apuntaban a un posible acuerdo a corto plazo. Sin embargo, tras 38 anuncios en esa misma línea —todos ellos fallidos—, el escepticismo es cada vez mayor. Por ahora, el mercado solo puede interpretar la versión de Estados Unidos (a veces cambiante) e intentar descifrar las señales que emiten Irán y los negociadores internacionales.
Los mensajes, además, siguen sin ser coherentes. Mientras Washington insiste en los avances y muestra su frustración por el bloqueo de Ormuz, Teherán mantiene tibias las expectativas, pero admite que nunca han estado tan cerca. Este ruido no ha impedido que el mercado empiece a ajustar posiciones: el petróleo prolonga las caídas y las Bolsas han retomado las ganancias después de varias sesiones de angustia. La evolución del conflicto tiene implicaciones directas sobre las expectativas de tipos de interés. La estabilización del precio del crudo y del gas en los actuales niveles ayudaría a mantener estable el precio del dinero. Unas tasas sin cambios contribuiría, además, a sostener las valoraciones.
No obstante, el consenso de los analistas reconoce que hacer previsiones se ha convertido en todo un acto de fe. Los constantes cambios de dirección de la Casa Blanca, unidos a un mercado que ha dejado de regirse por las reglas habituales, no hacen sino añadir más volatilidad. La firma de un acuerdo en las próximas jornadas sería positiva, ya que contribuiría a desactivar una de las principales amenazas, aunque no alteraría por completo el escenario. Pese a la magnitud de la disrupción energética, las Bolsas no solo se recuperaron con rapidez, sino que han seguido marcando nuevos máximos. El Ibex 35 hizo lo propio el viernes, rozando los 18.800 puntos.
Antonio Castelo, analista de iBroker, advierte de que, de cara a las próximas semanas, el escenario central no pasa por una euforia desatada. “El mercado ya ha descontado bastante optimismo y, a partir de aquí, importará menos el titular sobre Irán y más si ese eventual acuerdo reduce de verdad la prima energética”.
En la misma línea, Alfonso de Gregorio, director de inversiones de Finaccess Value, apunta que, si bien la guerra no ha afectado al conjunto del mercado de forma homogénea, sí se ha dejado sentir con especial intensidad en determinados sectores. Así, mientras el sector energético acumula avances superiores al 8% en los últimos tres meses y medio, las empresas de consumo básico retroceden más de un 14,7% y las firmas de lujo, gran apuesta de los gestores a comienzos de año, han moderado las caídas en las últimas jornadas, aunque siguen sin lograr salir del rojo. “Si el acuerdo se consuma, los inversores podrían acelerar la rotación desde los sectores que más han subido hacia aquellos más rezagados. A diferencia de otros episodios, esta vez el dinero no ha salido de la Bolsa, sino que se ha reubicado”, sostiene.
El mayor impacto de un eventual acuerdo se dejaría sentir en el mercado energético. Como ya han reflejado las últimas jornadas, la reapertura del estrecho de Ormuz contribuiría a contener los precios del petróleo. Desde que Trump canceló los ataques, el crudo se ha ido alejando de los 100 dólares y cotiza por debajo de los 90. Se trata de una evolución positiva, pero incluso si el conflicto terminara hoy, los precios se mantendrían en niveles elevados. “Las estimaciones apuntan a que la actividad en el estrecho no volverá a plena capacidad hasta el primer semestre de 2027”, señala Natalia Aguirre, directora de estrategia de Renta 4.
Aunque medidas como la liberación de reservas estratégicas, la caída de las importaciones chinas y la moderación del consumo han ayudado a contener los precios, De Gregorio advierte de otra preocupación creciente: el descenso de los inventarios. “Poner en marcha toda la maquinaria va a llevar tiempo. El crudo seguirá en niveles altos durante más tiempo”, afirma. Este contexto energético empieza a trasladarse ya a las expectativas de política monetaria. Las noticias sobre un pacto inminente han llevado a los operadores a deshacer sus posiciones más agresivas y a dar por hecho que la subida de este mes podría ser la única. Las probabilidades de una segunda subida en septiembre han caído en apenas 24 horas desde más del 70% hasta situarse en el entorno del 65%.
Rubén Segura-Cayuela, economista jefe de Bank of America para Europa, enfría el optimismo y advierte de que, salvo que se produzcan sorpresas muy positivas en los precios energéticos o un deterioro significativo de la actividad, el BCE no dará por concluido el ajuste monetario. “Nuestro escenario central es un ciclo de subidas relativamente corto, con dos incrementos en total”, señala. Mientras las expectativas de más subidas de tipos en la zona euro se moderan, en EE UU las probabilidades apuntan a un ejercicio sin cambios. “La Bolsa española puede seguir bien sostenida mientras bajen el petróleo y no se endurezcan mucho más las expectativas de tipos, pero el potencial adicional será probablemente más selectivo. Menos subida lineal del índice y más protagonismo de sectores concretos”, señala Castelo.
Entre los sectores más sensibles a este entorno destaca el tecnológico. La teoría económica establece que, cuando suben los tipos de interés, las tecnológicas tienden a caer. Gran parte de su valor en Bolsa depende de beneficios futuros y, al aumentar los tipos, también lo hace la tasa a la que se descuentan esos flujos, lo que reduce su valor presente y, por extensión, la valoración de las compañías. Sin embargo, De Gregorio subraya que el momento actual es distinto: las expectativas en torno a la inteligencia artificial han eclipsado el efecto de la política monetaria, permitiendo a las grandes cotizadas seguir batiendo récords.
Si bien un entorno de tipos estables ayudaría a aliviar la presión, los analistas de Bank of America señalan que la rentabilidad del sistema va a depender de la capacidad para cobrar a los usuarios finales precios suficientemente altos que compensen las ingentes inversiones. “Los recientes indicios de una menor disposición de los usuarios finales a pagar por una tecnología que antes utilizaban con gusto a los precios iniciales más bajos, aumentan el riesgo de que estas elevadas expectativas de beneficios se vean frustradas”, añaden.
A pesar del pesimismo que empieza a respirarse en el mercado y del aumento de los rumores de burbuja, Ignacio Cantos, director de inversiones de Atl Capital, resta importancia a las correcciones de las últimas jornadas. “Los mercados no suben de manera vertical”, destaca. Tras un arranque de año en el que el sector de los semiconductores llegó a revalorizarse un 80%, el experto considera que la corrección es saludable. “La volatilidad de las últimas jornadas es exagerada. La demanda está ahí y las perspectivas de beneficios han aumentado con fuerza. Solo en EE UU las previsiones de resultados han pasado de anticipar un crecimiento del 12% a cerca del 20%. El fondo del mercado sigue siendo positivo”, añade. En esta línea, Castelo subraya que las salidas a Bolsa de firmas como SpaceX, a las que se sumarán en los próximos meses Anthropic y OpenAI, mantienen viva la narrativa de la IA, pero también pueden absorber liquidez y elevar la volatilidad en un momento en el que el sector ha entrado en una fase mucho más exigente.
Con el acuerdo prácticamente descontado, el margen de sorpresa juega ahora en contra del mercado. Sin una caída sostenida del petróleo o un giro claro en los tipos, las Bolsas podrían entrar en una fase de digestión, en la que el optimismo ya cotizado deje paso a una mayor selección y a episodios de volatilidad.