La Bolsa cede ante el cóctel de guerra, inflación y ajuste tecnológico
El petróleo retoma las subidas por el aumento de las tensiones en Oriente Próximo


Un dato menos negativo ha bastado para frenar las ventas, pero no para cambiar el rumbo. Tras varias jornadas en las que la tecnología, hasta ahora el principal refugio de quienes seguían apostando por la Bolsa, ha empezado a perder consistencia, los argumentos para el optimismo se diluyen con rapidez. La inflación vuelve a situarse en el centro del tablero y condiciona el comportamiento de unos mercados cada vez más sensibles al ruido geopolítico. La volatilidad no da tregua y, mientras EE UU e Irán intensifican el conflicto y mantienen la presión sobre el petróleo, aumentan las dudas sobre el crecimiento. Este cóctel de inflación persistente, tensiones militares y valoraciones exigentes enfría el apetito por el riesgo, debilita los intentos de comprar en las caídas y deja a las Bolsas atrapadas en un entorno de apatía y escasa visibilidad. El Ibex 35, que durante gran parte de la jornada se mantuvo en negativo, ha terminado cediendo un 0,18%.
La indecisión se impone a lo largo de la sesión. Incluso Wall Street, que hace solo unas semanas encadenaba récord tras récord, opta ahora por tomarse un respiro y medir sus próximos pasos. El correctivo sufrido en los últimos días por las empresas de semiconductores pone en evidencia el riesgo de un mercado demasiado concentrado en un puñado de valores. Sus resultados siguen siendo sólidos y las perspectivas, impulsadas por el auge de la inteligencia artificial, continúan siendo favorables. Sin embargo, unas valoraciones exigentes en un entorno de creciente inestabilidad dificultan que la relación entre riesgo y rentabilidad resulte atractiva. En este contexto, cualquier decepción —ya sea en resultados, en expectativas o en el frente macro— puede desencadenar ajustes más bruscos y poner a prueba la resistencia de un mercado que hasta ahora se apoyaba en la inercia. El Nasdaq, que la semana pasada sufrió su mayor caída desde el anuncio de los aranceles, sigue sin levantar cabeza y ha cedido un 1,98% y acumula ya descensos superiores al 6% desde los máximos de comienzos de junio.
En el frente geopolítico, las fricciones en Oriente Próximo se prolongan y el escenario se encona. Tras hasta 38 anuncios de un acuerdo inminente que nunca termina de materializarse, el presidente de EE UU, Donald Trump, vuelve a endurecer el tono y redobla sus amenazas. Después de que Washington atacara a Irán en represalia por el derribo de un helicóptero en el estrecho de Ormuz, el mandatario ha advertido que “han tardado demasiado en negociar un acuerdo que habría sido excelente para ellos y que ahora tendrán que pagar el precio”. La acumulación de promesas incumplidas erosiona la credibilidad del proceso y refuerza la sensación de bloqueo. A medida que se desvanecen las opciones de una salida diplomática que permita normalizar el tráfico en el Estrecho, la presión sobre la energía se intensifica y la factura económica aumenta. El petróleo, que un día antes amagaba con volver a los 90 dólares, mínimos de abril, retoma las subidas y supera los 93 dólares.
Las tensiones en el mercado energético se consolidan como la principal amenaza tanto para los mercados como para la economía. Así lo refleja el último dato de inflación en EE UU. Mientras la tasa general repunta hasta el 4,2% interanual —el nivel más alto en tres años y medio—, la inflación subyacente, que excluye alimentos y energía, también avanza, pero se mantiene por debajo del 3%, lo que confirma que la presión se concentra en la energía. “El informe se ha ajustado a las expectativas. Sin embargo, aunque un dato en línea con las previsiones puede aliviar la tensión a corto plazo, aporta poco para disipar las preocupaciones sobre la inflación, especialmente cuando la tasa interanual ha alcanzado máximos de tres años”, señala Bret Kenwell, analista de inversiones de EE UU en eToro.
El consenso de los analistas apunta a que el dato de inflación conocido este miércoles otorga a la Fed un leve margen de maniobra para mantener su estrategia de esperar y ver. Sin embargo, el escenario se complica por momentos. George Brown, economista sénior de Schroders, advierte de que, aunque la energía sigue siendo el principal motor de la inflación, cada día que pasa sin acuerdo eleva el riesgo de que las tensiones en los precios se extiendan a otros segmentos. “Todas las miradas estarán puestas en la primera rueda de prensa de Kevin Warsh. Tendrá que convencer a los mercados de que la Fed sigue comprometida con la estabilidad de precios. Si adopta un tono más moderado, los inversores podrían empezar a cuestionarlo, lo que impulsaría al alza los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense”, subraya.
Los temidos efectos de segunda ronda en la inflación, como el traslado a salarios y costes, siguen sin aparecer, lo que da algo de oxígeno a la Fed. Aun así, el mercado mantiene diciembre como la fecha más probable para una subida de tipos y, según la herramienta FedWatch, las probabilidades se sitúan en torno al 43%. “No es agradable ver una inflación cercana al 4% y, desde luego, no hay margen para relajar la política, pero la Fed puede permitirse mantenerse firme”, afirma David Kelly, estratega global jefe de JPMorgan Asset Management, en Bloomberg TV. Con todo, el equilibrio es frágil. La combinación de precios elevados y menor crecimiento salarial empieza a presionar a los hogares y se perfila como un factor de riesgo creciente para la popularidad de Trump de cara a las elecciones legislativas de noviembre.
El margen de error se reduce. Sin el respaldo de la tecnología, con la inflación resistiéndose a ceder y el frente geopolítico lejos de estabilizarse, cualquier sobresalto puede acelerar los ajustes. Los mercados entran así en una fase más vulnerable, donde la prudencia vuelve a imponerse sobre el impulso.
Bolsas - Divisas - Deuda - Tipos de interés - Materias primas