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El petróleo y la Bolsa viven la peor semana desde los primeros días de la guerra

El Ibex 35 se aleja de los máximos y acumula una caída del 4,3% en cinco sesiones, mientras el ‘brent’ avanza un 16,54%. El S&P 500 marca nuevos máximos históricos

La rápida solución a la guerra entre Irán y Estados Unidos que el mercado vislumbró hace una semana, cuando Teherán anunció la muy celebrada reapertura del estrecho de Ormuz, se ha disipado como un espejismo en el desierto. Las delegaciones de Teherán y Washington no se han reunido y el bloqueo sobre la vía marítima se aplica a rajatabla, intervenciones sobre buques (por parte de los dos bandos) incluidas. El mundo sigue privado de los hidrocarburos del golfo Pérsico y los inversores van perdiendo la paciencia después de una serie de prórrogas de las treguas que han servido para contener el escenario de escalada, pero poco más.

En este clima de recelo, el precio del petróleo ha retomado las subidas con fuerza: el brent ha cerrado la semana en 105,33 dólares por barril, el nivel más alto desde la primera tregua (el 7 de abril) y acumula una subida del 16,54 % en la semana, la mayor desde que empezó el conflicto, solo superada por el repunte de más del 25% registrado en los días inmediatamente posteriores al estallido de la guerra. Y, con los precios energéticos de nuevo al alza, las Bolsas retoman las caídas. Ha sido, también, la peor semana para el Ibex 35 desde el estallido del conflicto, con un retroceso del 4,3 %, tras caer más de un 1 % este viernes. En la semana que siguió al inicio de la contienda, el selectivo español se desfondó un 7%.

El consenso de los analistas coincide en que, mientras el Estrecho continúe cerrado, la tensión seguirá lastrando el ánimo del mercado y deteriorando las perspectivas económicas, acercando el temido escenario de una inflación más elevada y un crecimiento más débil, el entorno más adverso para la renta variable. Solo Wall Street se mantiene alejado del desánimo, apoyado en el empuje del sector tecnológico, con Intel un 23,6% arriba tras presentar resultados. Nvidia, por su parte, vuelve a merodear máximos históricos, con una capitalización que supera los cinco billones de dólares. Pese al ruido geopolítico de los dos últimos meses, el S&P 500 cerró la semana ligeramente en positivo, y marcó un nuevo récord al cierre de la sesión, más allá de los 7.160 puntos.

“Quienes dieron por terminada la apuesta por la inteligencia artificial cometieron un gran error. Estamos en un punto dulce en el que la oferta de chips no consigue satisfacer la demanda”, afirma Mabrouk Chetouane, responsable de estrategia de mercados globales en Natixis IM. En una línea similar se mueven los analistas de la gestora La Financière de l’Echiquier, que destacan que una de las principales conclusiones de la temporada de resultados es que el liderazgo estadounidense se ha reforzado gracias a su dominio en tecnología y, en especial, en el sector de los semiconductores. Estas empresas confirman que, en un entorno de rápido avance tecnológico, sus beneficios continúan creciendo al margen de las tensiones internacionales.

Tras ocho semanas de continuas idas y venidas, los mercados solo esperan que EE UU e Irán vuelvan a sentarse a la mesa para alcanzar un acuerdo de paz definitivo que permita reabrir el estrecho de Ormuz. “Hasta entonces, es muy complicado que las Bolsas, especialmente las europeas, con un elevado componente cíclico entre sus cotizadas, puedan retomar la senda alcista”, tal y como señala Juan José Fernández-Figares, director de inversiones de Link Gestión, quien destaca que otros elementos, como la prórroga de tres semanas de la tregua en el Líbano anunciada el jueves, no son capaces de mover las expectativas. “Eso significa que el estrecho de Ormuz puede seguir bloqueado cerca de un mes más, lo que seguirá presionando al alza los costes energéticos y los riesgos estanflacionistas”, apuntan, más pesimistas, los analistas de MacroYield.

La economía, que hasta ahora mostraba una relativa fortaleza, empieza a acusar los efectos del encarecimiento energético. Tras semanas en las que los precios empezaron a enviar señales de tensión, ahora son los indicadores adelantados los que apuntan a que el impacto comienza a trasladarse al conjunto de la actividad. El jueves se conoció que la actividad privada de la eurozona se colocó en terreno recesivo por primera vez en dos años, y este viernes las perspectivas empresariales de Alemania han acentuado el deterioro. El índice de expectativas elaborado por el instituto Ifo cayó hasta 83,3 puntos en abril, el nivel más bajo desde agosto de 2023. El presidente del instituto, Clemens Fuest, descarta hablar por ahora de recesión, pero define la situación actual como un caso de manual de estanflación.

Así, el retroceso de las Bolsas europeas es generalizado. A diferencia de Estados Unidos, exportador neto de energía, el Viejo Continente depende en gran medida de las compras al exterior y es, por tanto, más vulnerable a un shock energético. Esa fragilidad vuelve a aflorar en los mercados, con caídas semanales que van desde el 3,2% en el Cac francés hasta recortes que rondan el 2,5% en índices como el Dax alemán y el Euro Stoxx 50.

Escenarios futuros

Aunque los mercados parecen descontar una salida al conflicto en Oriente Próximo, crecen las voces que piden cautela. El escenario central al que apunta el consenso sigue siendo el de una desescalada, pero no se descarta que, hasta que esta se materialice, se produzcan nuevos episodios de tensión que pongan a prueba la resistencia de los mercados. Para Benjamin Melman, director de información de Edmond de Rothschild AM, el repunte registrado por las Bolsas la semana pasada resultó particularmente sorprendente. “Este movimiento oculta una creciente desconexión entre los mercados financieros y la economía real, debilitada por un shock energético persistente, especialmente en Europa y Asia”, señala.

Melman admite que los mercados suelen anticiparse a los acontecimientos, pero advierte de que, en esta ocasión, la euforia puede resultar imprudente. “El rebote reciente no confirma un escenario claramente positivo, sino que responde a un posicionamiento técnico impulsado por la entrada de dinero en activos de riesgo que habían quedado relegados”, explica. A su juicio, la situación es sensiblemente más grave de lo que reflejan las cotizaciones.

El experto recuerda que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) considera la actual crisis energética como la más severa de la historia, con una reducción de la oferta de petróleo superior a la provocada por todos los shocks de los años setenta combinados. Mientras el estrecho de Ormuz continúe cerrado, subraya, las tensiones en los mercados energéticos seguirán intensificándose.

La idea de que los mercados están siendo excesivamente complacientes es compartida por la vicegobernadora del Banco de Inglaterra, Sarah Breeden, que en declaraciones a la BBC, ha señalado que sigue habiendo un riesgo muy elevado a pesar de que los índices cotizan en zona de máximos. Breeden reconoció que lo que verdaderamente le quita el sueño es que los riesgos económicos se materialicen. “Esperamos que en algún momento se produzca un ajuste”, añade.

A la espera de que se despejen las incógnitas geopolíticas, el mercado queda atrapado entre dos fuerzas contrapuestas: el sostén que aún ofrecen los beneficios empresariales y la tecnología, y un deterioro progresivo del entorno energético y macroeconómico que empieza a dejar huella en la actividad. La aparente calma de los índices convive así con un nivel de riesgo elevado, difícil de calibrar y aún más complejo de gestionar.

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