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Los bonos frenan su desplome y permiten a la renta variable tomar oxígeno

La moderación de las subidas del petróleo insufla optimismo a las Bolsas y el Ibex 35 consolida los 16.900 puntos. Las rentabilidades de la deuda de EE UU caen 10 puntos básicos

Vista de la Bolsa de Madrid.Vega Alonso (EFE)

Lo único que los inversores tienen claro es que la volatilidad está lejos de disiparse. Desde que estalló el conflicto hace cinco semanas, los mercados han tenido que manejar informaciones contradictorias y los continuos cambios de posición de la Administración Trump. Mientras el presidente de EE UU asegura que mantiene contactos con las autoridades iraníes para tratar de poner fin a la crisis, Teherán niega que exista cualquier negociación; al mismo tiempo, varios medios estadounidenses apuntan a que Washington estaría enviando miles de tropas a Oriente Próximo.

Por si el escenario no fuese ya lo bastante complejo, la entrevista de Trump con el Financial Times, en la que expresa su intención de apropiarse del crudo iraní, no hace más que enturbiar aún más el panorama. En este contexto, las dudas se multiplican. Las Bolsas han logrado frenar la sangría a medida que el petróleo ha moderado los avances. No obstante, el brent continúa al alza y, entre los inversores, va ganando terreno la idea de que el impacto de la guerra no solo afectará a los precios, sino que puede amenazar el crecimiento global.

Ese temor a una desaceleración explica el giro del mercado de deuda en las últimas horas. Tras cuatro semanas en las que las expectativas de precios y tipos al alza habían arrastrado a la deuda a su peor mes desde octubre de 2024, los inversores han frenado la venta de bonos y buscan de nuevo refugio en el soberano. Con ello, los rendimientos se moderan y la renta variable encuentra cierto alivio.

El Ibex, que había comenzado la sesión en rojo, tardó apenas unos minutos en volver al terreno positivo y, tras una jornada de movimientos irregulares, la moderación del precio del crudo ha permitido que el selectivo cierre con un avance del 1% y consolide los 16.900 puntos. El deterioro de las perspectivas económicas castiga a los valores más ligados al ciclo, como la banca, pero el repunte del gas y del crudo, unido a la caída de las rentabilidades, ha impulsado a las energéticas, un sector de peso en la Bolsa española. Las renovables han liderado las subidas del selectivo: Acciona Energía (3%) y Solaria (3,16%). Le han siguido de cerca Endesa (3%), Iberdrola (3,1%), Naturgy (2%) y Redeia (1,48%).

El índice español ha avanzado en sintonía con el resto de los parqués europeos. El Dax alemán y el Cac francés han subido en torno al 0,9%, mientras que el FTSE británico ha destacado con un repunte del 1,6%. Al otro lado del Atlántico, Wall Street ha arrancado la semana con tono positivo: al cierre de las plazas europeas, los principales índices estadounidenses registran alzas que van del 1% del Dow Jones al 0,4% del Nasdaq. Un rebote moderado que, sin embargo, no alcanza para compensar las pérdidas superiores al 2% sufridas el viernes.

Aunque la renta variable logra detener la sangría, el consenso del mercado insiste en que la situación sigue marcada por la incertidumbre. Mathieu Racheter, director de investigación estratégica de renta variable en Julius Baer, subraya que las Bolsas continúan bajo presión. “Los mercados reflejan cada vez más un escenario de disrupción prolongada. El curso del conflicto es muy incierto, con riesgos que apuntan a una mayor escalada”, señala. Ante la falta de visibilidad, Racheter recomienda mantener la prudencia y esperar a disponer de un diagnóstico más claro sobre el impacto económico antes de volver a tomar posiciones en renta variable.

En la misma línea se pronuncia Enguerrand Artaz. El estratega de Financière de l’Échiquier señala que, a diferencia de lo ocurrido en 2025 —cuando Trump reculaba en sus amenazas y los inversores aprovechaban los descuentos para lanzarse a la compra de acciones—, esta vez la estrategia de comprar en las caídas no está funcionando. La conocida estrategia TACO (Trump Always Chickens Out) ya no opera porque, a diferencia de lo que sucedió con la guerra arancelaria, el conflicto en Oriente Próximo no depende de un único actor.

“Mientras Trump lanza sus afirmaciones, Irán e Israel siguen intercambiando disparos de misiles, la tensión aumenta en el resto de países del golfo y, sobre todo, el estrecho de Ormuz continúa siendo en gran medida impracticable”, explica Artaz. En este contexto, el experto reconoce que la estrategia debe adaptarse. “Ya no se trata de apostar por la psicología del presidente estadounidense, sino de prestar atención a la realidad de los flujos de hidrocarburos procedentes de Oriente Próximo”, apunta.

A la vez que la renta variable fluctúa al ritmo marcado por los precios energéticos, en el mercado de deuda empieza a imponerse la idea de una desaceleración económica. Hasta ahora, los inversores se habían centrado casi exclusivamente en el impacto sobre los precios y en las expectativas de tipos más elevados. A medida que crecían las previsiones de una política monetaria más restrictiva, se aceleraba la venta de bonos: las rentabilidades subían y los precios —que evolucionan de forma inversa— caían. Sin embargo, esta dinámica se ha quebrado en las últimas horas. La razón es clara: el temor de que el conflicto en Oriente Próximo termine por descarrilar el crecimiento económico global.

Los analistas de Goldman Sachs han revisado sus previsiones y asignan ahora una probabilidad del 30% a que se produzca una recesión en los próximos 12 meses. Por su parte, los gestores de Pimco, JP Morgan y Columbia Threadneedle consideran que el mercado está infravalorando ese riesgo y que, a medida que el impacto económico del conflicto se vaya intensificando, podría abrirse una ventana de oportunidad para tomar posiciones en deuda.

Con este telón de fondo, las rentabilidades soberanas deshacen parte de los avances de las últimas jornadas. El bono estadounidense a diez años cae 10 puntos básicos —su mayor recorte desde febrero— hasta el 4,32%. La referencia alemana al mismo plazo retrocede seis puntos básicos, aunque se mantiene por encima del 3%, mientras que los títulos españoles con vencimiento en 2035 ceden siete puntos básicos, hasta el 3,5%. “Cada día que persiste el conflicto nos acerca a un escenario en el que el mercado se vea obligado a considerar sus implicaciones negativas para el crecimiento, lo que debería presionar a la baja las rentabilidades de los bonos”, sostienen los analistas de JP Morgan.

“Lo que suele comenzar como un shock inflacionario puede transformarse rápidamente en un shock de crecimiento”, recuerda Daniel Ivascyn, director de inversiones de Pimco. El experto recuerda que, aunque la guerra ha agravado los temores de desaceleración, el mercado ya venía dando señales de enfriamiento. En especial, el mercado laboral de EE UU. Los datos conocidos en febrero, antes del inicio de la guerra, apuntaban a que las empresas estadounidenses habían destruido 92.000 puestos de trabajo y la tendencia muestra que esta tendencia se mantuvo en marzo. A la espera de los datos oficiales, que se publicarán al final de esta semana, las previsiones del consenso de Bloomberg apuntan a una caída en 60.000 empleos más.

Un mercado en desaceleración junto a un entorno de precios elevados son ingredientes más que suficientes para que la Reserva Federal mantenga sin cambios las tasas. Los futuros de los fondos federales calculados por la herramienta FedWatch de CME (previsiones de tipos) descartan recortes de tipos en 2026 y anticipan unas tasas estables en la horquilla del 3,5-3,75%. Se descarta también una eventual subida.

El mercado de divisas tampoco escapa a las sacudidas y, en esta ocasión, es el euro el que sale peor parado. El conflicto en Oriente Próximo ha debilitado a la moneda única, lo que vuelve a poner de manifiesto la dependencia energética de Europa. A falta de una sesión para cerrar el mes y el trimestre, el euro acumula una caída del 2,5% en lo que va de año y cotiza ya por debajo de los 1,15 dólares. Solo en marzo ha cedido cerca de un 3%, su mayor retroceso desde julio.

Los analistas de Morgan Stanley mantienen una visión pesimista y no descartan que, en el corto plazo, la divisa siga retrocediendo hasta el entorno de los 1,13 dólares. Al mismo tiempo, el aumento de las vulnerabilidades energéticas ha enfriado el optimismo que despertó el plan de expansión fiscal alemán. Tras el recorte de previsiones de crecimiento por parte de la OCDE y las advertencias de la Comisión Europea sobre el riesgo de estanflación —una combinación de altos precios y débil crecimiento—, las últimas informaciones apuntan a que Alemania e Italia también estudian rebajar sus expectativas económicas.

En un entorno en el que el petróleo continúa tensionado, el euro pierde tracción y la deuda empieza a descontar un escenario de menor crecimiento, los mercados avanzan sin referencias claras y con la geopolítica marcando las decisiones de los gestores. La resistencia del ciclo económico —tanto en EE UU como en Europa— será la pieza clave que determine si el episodio actual queda en un bache transitorio o en el inicio de una fase de enfriamiento más profunda. Por ahora, inversores y analistas coinciden en que la visibilidad es escasa y que la prudencia seguirá siendo la estrategia dominante mientras el conflicto en Oriente Próximo continúe sin un horizonte de resolución.

Bolsas - Divisas - Deuda - Tipos de interés - Materias primas

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