Los mercados dejan de creer a Trump: la Bolsa cae mientras el petróleo vuelve a repuntar
El ‘brent’ supera los 112 dólares y el Ibex cede un 1%. Desde el inicio de la guerra, la Bolsa española cae cerca un 9% y roza la corrección


Mientras el precio de la energía vuelve a escalar, las Bolsas profundizan su desgaste. Los mercados se preparan ya para una crisis energética más prolongada y el vaivén de decisiones del presidente estadounidense Donald Trump solo incrementa la incertidumbre. Tras semanas de cambios de postura, los inversores reciben su discurso con un escepticismo creciente. Igual que sucedió el año pasado con los aranceles, el republicano vuelve a reescribir los plazos: donde antes concedió una tregua de seis días a Irán, ahora el ultimátum se estira hasta el 6 de abril. Para quienes confiaban en un conflicto acotado, la paciencia empieza a agotarse.
El mercado energético es el que mejor evidencia esta falta de credibilidad. Aunque el brent ha logrado alejarse de los 119 dólares alcanzados el lunes, cuando EE UU amagó inminente a las instalaciones energéticas iraníes, este viernes el crudo de referencia en Europa ha retomado los ascensos y ha superado los 112 dólares, máximos de 2022. La tensión geopolítica vuelve a marcar el paso y las presiones alcistas sobre la energía contrastan con el goteo bajista de las Bolsas, cada vez más sensibles al riesgo de un choque prolongado.
Mientras tanto, la volatilidad sigue dejando huella en las Bolsas y, con más intensidad en las últimas sesiones, en el mercado de deuda. El encarecimiento de la energía empieza a filtrarse en la economía real. La inflación de marzo en España —que subió al 3,3%, su mayor avance en casi cuatro años y la tasa más alta desde junio de 2024— y la contracción del PMI de la zona euro, hasta su nivel más bajo desde el anuncio de los aranceles, apuntalan el peor de los diagnósticos: la estanflación. “Las primeras encuestas de coyuntura de marzo confirman el carácter estanflacionista de la crisis”, afirma Xavier Chapard, estratega de LBP AM.
En este entorno, el deterioro macroeconómico y la inestabilidad del petróleo frustran cualquier intento de prolongar la remontada vista en las sesiones previas. El Ibex 35 ha caído un 0,95% este viernes, aunque consigue salvar la semana con un avance del 0,53% y pone fin a tres semanas consecutivas de descensos —su peor racha desde abril, coincidiendo entonces con el anuncio de los aranceles—. Un alivio tenue en un mercado que sigue negociando con la vista puesta en un horizonte cada vez más turbio. Desde los máximos de 18.496 puntos alcanzados a finales de febrero, el selectivo español acumula ya un retroceso del 9,1% y se asoma a la corrección técnica —una caída superior al 10% desde el último pico—. Un umbral que sí han traspasado ya otros índices europeos como el Dax alemán, el Cac francés o el Euro Stoxx 50, así como el estadounidense Nasdaq. El índice germano ha registrado este viernes una caída del 1,3%, mientras que el resto de las Bolsas europeas han retrocedido en torno al 1%, con la única excepción del FTSE británico, que cierra prácticamente en tablas. Al otro lado del Atlántico, Wall Street también se ha teñido de rojo, con descensos del 2,15% en el Nasdaq y del 1,67% en el S&P 500 y el 1,73% en el Dow Jones.
Desde el estallido del conflicto, hace ya cuatro semanas, las pérdidas son generalizadas entre los componentes de la Bolsa española. Pocos valores escapan a las ventas, pero este viernes Enagás ha brillado con luz propia. La gasista se ha anotado 17% y ha firmado la mejor sesión de su historia. Detrás de este impulso coinciden dos factores: la propuesta regulatoria de la CNMC para ampliar la retribución del transporte de gas y el cierre acelerado de posiciones bajistas.
A medida que se diluye la expectativa de una salida rápida al conflicto, los gestores aceleran el ajuste de carteras y los organismos económicos revisan sus proyecciones a marchas forzadas. Tras advertir el jueves la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) de que la inflación en EE UU podría escalar hasta el 4,2% este año, este viernes ha sido el Banco de España quien reconoció que, en el peor de los escenarios, la tasa podría alcanzar el 6% en España. Un nivel que no se ve desde comienzos de 2023, cuando los bancos centrales subían los tipos a contrarreloj para recuperar la estabilidad que se llevó por delante la guerra en Ucrania.
El repunte de los precios energéticos alimenta el fantasma de la inflación y, con él, las expectativas de nuevas subidas de tipos. Los bancos centrales, que hasta hace unas semanas parecían decididos a mantener —e incluso recortar— el coste del dinero, admiten ahora que podrían ser necesarios nuevos ajustes. Los operadores han reaccionado de inmediato: en la zona euro, por ejemplo, el mercado ha pasado en cuestión de días de descontar estabilidad a anticipar alzas del precio del dinero en los próximos meses. Un giro que ha cobrado fuerza después de que la presidenta del BCE, Christine Lagarde, admitiera que la institución está preparada para actuar si la situación lo exige.
Con el avance de las expectativas de tipos y precios más altos, los inversores aceleran la venta de deuda. A diferencia de episodios recientes en los que la aversión al riesgo impulsaba la compra de bonos, esta vez la renta fija tampoco actúa como refugio. En apenas dos sesiones, el rendimiento del bono alemán a diez años ha repuntado 14 puntos básicos y se afianza sobre la cota del 3%, máximos de 2011. Mientras tanto, la referencia española al mismo plazo avanza 17 puntos, hasta el 3,6%, un nivel no visto desde octubre de 2023. Fuera de la zona euro, el rendimiento de deuda del Reino Unido —que en las últimas semanas ha sufrido un castigo comparable al de la crisis provocada por la rebaja fiscal de Liz Truss— sigue avanzando posiciones y se sitúa ya al filo del 5%, máximos desde 2008.
Pese al nerviosismo creciente, muchas gestoras creen que el mercado se está precipitando. Los gestores de Muzinich sostienen que, frente a la idea cada vez más extendida de un ciclo de alzas, lo más probable es que los bancos centrales opten por mantener la estabilidad en el corto plazo. Una visión que comparten los analistas Pimco. “Creemos que es poco probable que los bancos centrales respondan a las expectativas que el mercado ha incorporado en las últimas semanas”, advierten. “Es mucho más probable que las economías se adapten a la crisis mediante una reducción de los ingresos reales, unos ajustes salariales más moderados y un mayor riesgo de recesión”, añaden.
Ya sea lo que descuenta el mercado o lo que esperan los analistas, lo que nadie duda es que los bancos centrales se enfrentan a un complejo dilema. Alicia García Herrero, economista jefe para Asia-Pacífico en Natixis, reconoce que la situación actual recuerda a la vivida en la década de 1970. “Una política monetaria restrictiva a gran escala para combatir la inflación impulsada por las materias primas conlleva el riesgo de empujar a una economía mundial en transición hacia una contracción económica prolongada”, advierte.
A corto plazo, la brújula del mercado seguirá marcada por las declaraciones que lleguen de la Casa Blanca y las respuestas de Teherán, que insiste en que no hay negociaciones en marcha. Los analistas de RBC BlueBay admiten que prever escenarios claros es casi imposible. Si las conversaciones fracasan, los expertos calculan que el mercado petrolífero podría perder hasta 10 millones de barriles diarios de oferta durante los próximos 12 meses. “El impacto sobre Europa y Asia sería severo, con precios obligados a subir por encima de 150 dólares por barril para destruir demanda y reequilibrar el mercado”, advierten. La última vez que el crudo alcanzó niveles similares fue en 2008, aunque entonces la escalada se debía al exceso de demanda, no a la escasez de oferta.
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