Las Bolsas amplían las caídas ante el temor a un conflicto más largo
El selectivo español cede un 0,5% y la deuda soberana europea repunta y descuenta ya una subida de los tipos a finales de año


La guerra en Oriente Próximo ha alterado por completo el ánimo de los inversores. Tras meses preguntándose hasta dónde podían seguir subiendo las Bolsas, la cuestión ahora es cuánto durará el castigo. Dos días después de que el presidente de EE UU, Donald Trump, tratara de tranquilizar a los mercados asegurando que el conflicto estaba cerca de su final, el paso de las horas ha disipado ese optimismo y la tensión vuelve a crecer.
Irán es consciente del impacto que puede provocar en la economía global y el estrecho de Ormuz se ha convertido en su principal baza. Por ese corredor marítimo transita cerca de una quinta parte del petróleo que se transporta por mar en el mundo. Teherán ha advertido de que hará todo lo posible por bloquear el tráfico, una amenaza que incluye desde el minado de los escasos kilómetros navegables hasta ataques contra los buques que intenten cruzarlo.
Con este telón de fondo, las expectativas de una contención de los precios se desvanecen. Ni siquiera la histórica liberación de reservas de petróleo por parte de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha logrado frenar la presión sobre el mercado. Mientras el crudo vuelve a subir por encima de los 91 dólares, las Bolsas han retomado las caídas, aunque con menos intensidad que en las jornadas anteriores. En una sesión marcada por los resultados récord de Inditex, el Ibex 35 ha limitado el retroceso al 0,53%, lo que le permite mantenerse con holgura por encima de los 17.000 puntos. No obstante, las subidas más acusadas las han registrado Repsol (4,58%), que alcanza máximos de enero de 2012, y Solaria (2,84%). En el lado de los descensos han sobresalido Rovi (-3,85%) y Telefónica (-2,79%). Los analistas de Jefferies rebajan la recomendación de la farmacéutica a mantener y recortan un 6,8% el precio objetivo hasta los 77,8 euros.
Aunque iniciativas como la liberación de reservas coordinada por la AIE pueden ayudar a contener el avance del crudo, el consenso de los analistas considera que la medida es insuficiente. “Podría limitar la volatilidad del petróleo a corto plazo, aunque solo ofrece un alivio temporal al problema de oferta. Este sigue siendo un mercado muy dependiente de los titulares, con la atención puesta en la duración del conflicto con Irán”, señalan los analistas de ING.
Mientras los inversores reciben este respiro puntual, la retórica bélica sigue alimentando la inquietud. Días después de que Donald Trump afirmara que un petróleo en torno a 100 dólares sería asumible si garantizaba la seguridad, Irán ha elevado el tono y ha deslizado la posibilidad de que el barril alcance los 200 dólares. Sería un nivel inédito incluso en los grandes episodios de tensión energética de las últimas décadas: tras la invasión de Ucrania el brent llegó a rozar los 128 dólares y en la crisis de 2008 se movió entre los 140 y los 150 dólares. Las previsiones más pesimistas apuntan a que el oro negro podría regresar al entorno de los 130 dólares vistos hace cuatro años.
Sesión tras sesión se repite la misma pregunta: ¿Cuánto durará el conflicto? Mientras no haya visibilidad, la idea de comprar en las caídas sigue siendo arriesgada. Algunas firmas, como la estadounidense Goldman Sachs, apuntan a que la crisis podría prolongarse al menos hasta finales de marzo. Con esta idea sobrevolando las pantallas, las pérdidas se imponen en el conjunto de las Bolsas. El Dax alemán retrocede un 1,4%, descensos que superan el 0,5% en el mercado británico y el Euro Stoxx 50 mientras la Bolsa francesa baja un 0,2%. Por segunda jornada consecutiva, Wall Street limita al máximo los movimientos: el Dow Jones baja un 0,6% mientras el S&P 500 y el Nasdaq empatan. Ni siquiera un dato de inflación moderado, como el correspondiente al mes pasado, o los buenos resultados de Oracle ayudan a frenar las ventas.
En este escenario, datos como la inflación estadounidense de febrero (2,4% interanual) quedan obsoletos. “La inflación nominal podría aumentar en los próximos meses debido al repunte de los precios de la energía, pero esperamos que ese aumento sea de corta duración”, afirma Philip Orlando, estratega jefe de mercado en Federated Hermes.
Con los temores de estanflación planeando sobre las economías, la próxima semana la Reserva Federal y el BCE hablarán. De momento es pronto para que tomen decisiones, pero las expectativas de tipos más altos en el futuro cercano ganan fuerza con el paso de los días. Peter Kazimir, miembro del Consejo de Gobierno del BCE, ha reconocido que, si bien la zona euro está en mejor posición que hace cuatro años, preocupa que se repita un shock inflacionario similar al registrado tras el inicio de la guerra en Ucrania. “No quiero especular sobre abril o junio. Pero estaremos listos para actuar si es necesario”, indicó.
La reacción del mercado no se ha hecho esperar. Los operadores, que hace unas semanas retrasaban a 2027 la subida de tasas, ahora empiezan a anticipar movimientos para este mismo año. Las expectativas de tipos e inflación más elevada aceleran las pérdidas en la renta fija. Mientras los precios caen, las rentabilidades repuntan y lo hacen con fuerza. El rendimiento del bono español escala 12 puntos básicos hasta el 3,4%, mientras que la referencia alemana al mismo plazo sube cerca de 10 puntos, hasta el 2,9%. Se trata de los mayores incrementos en 12 meses, coincidiendo con el anuncio del plan fiscal alemán. Las subidas también se replican en EE UU. En apenas dos sesiones, la deuda con vencimiento en 2035 gana 11 puntos básicos, hasta el 4,2%, niveles máximos desde febrero, cuando Donald Trump intensificaba sus ataques contra la Fed. Por su parte, la deuda a 30 años se acerca peligrosamente al 5%, un nivel que muchos consideran crítico y que podría acelerar las pérdidas en Bolsa.
En medio de esta combinación de conflictos geopolíticos, presión sobre la energía y expectativas de política monetaria más restrictiva, los mercados navegan entre la cautela y la incertidumbre. Aunque algunos analistas ven señales de estabilidad a medio plazo, la volatilidad parece destinada a mantenerse mientras persista la falta de visibilidad sobre la duración del conflicto en Oriente Próximo. La lección para inversores es clara: en un escenario tan cargado de riesgos, cada decisión de mercado exige más atención a la evolución de los acontecimientos que a los titulares del día.
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