¿Cuánto tiempo puede aguantar la economía con las exportaciones del golfo Pérsico cerradas a cal y canto?
Los economistas creen que, si los ataques se prolongan, impactarán en la inflación y debilitarán la economía europea si se alarga. Un petróleo a 80 dólares puede llevar el IPC español al 3,2%


El polvorín de Oriente Próximo ha vuelto a saltar por los aires tras el ataque a Irán lanzado por Estados Unidos e Israel y la respuesta de Teherán, que abren un escenario geopolítico, pero también económico, de impacto casi imposible de calibrar. De momento, las exportaciones petroleras del golfo Pérsico están paralizadas, el conflicto ha llegado a varios países (incluida la UE) y la escalada del precio del petróleo y del gas ha traído consigo fuertes caídas en las Bolsas.
La medida en que el conflicto llegue, también, a la economía de los hogares dependerá de la duración de las hostilidades. Un conflicto prolongado no es, de momento, la hipótesis principal de los analistas. “Nuestro escenario base asume que las hostilidades persistan durante una o dos semanas, terminando con una desescalada”, apuntan en Citi. Pero si los ataques se enconan más allá de unas semanas, el riesgo de desabastecimiento será más patente: la cesta de la compra será más cara, la actividad económica se debilitará y los bancos centrales tendrán que subir los tipos de interés, como ocurrió en 2022 tras la invasión de Ucrania.
Por el estrecho de Ormuz una pequeña lengua de agua de apenas 34 kilómetros de ancho en su punto más estrecho —que la Guardia Revolucionaria iraní dio por cerrado a última hora de este lunes— transcurre una quinta parte de todo el petróleo mundial, pero también el 20% de los buques metaneros que transportan gas natural licuado (GNL). “Una interrupción prolongada o incluso total de esta ruta, mediante ataques a petroleros o el posible uso de minas marinas, podría provocar un fuerte shock en los mercados energéticos globales”, advierten en el banco suizo Berenberg. Los estrategas de ING calculan que un cierre total pondría en riesgo la distribución de cerca de nueve millones de barriles diarios de crudo producidos en la región, una vez desviado el resto por los oleoductos ya existentes, así como seis millones de barriles diarios de productos refinados. El mayor exportador de petróleo del mundo, Arabia Saudí, solo podría ver salir de sus fronteras la mitad de su producción, aquella capaz de ser transportada por oleoductos hacia el mar Rojo.
Gonzalo Escribano, investigador principal y director del Programa Energía y Clima del Real Instituto Elcano, considera que una de las claves del conflicto será si se ven dañadas infraestructuras energéticas claves para la exportación de hidrocarburos, tanto en Irán como en otros países de la región. Qatar y Arabia Saudí optaron este lunes por paralizar una planta de gas y otra de petróleo tras sendos ataques de drones. “El petróleo podría superar los 100 dólares por barril si los flujos no se restablecen rápidamente, lo que subraya la vulnerabilidad del mercado ante la inestabilidad geopolítica prolongada, a pesar de las expectativas previas de un superávit global”, apuntan los analistas del banco japonés MUGF. Estos expertos creen que esa marca se podría alcanzar si persisten los temores de que el suministro adicional anunciado por la OPEP+ este fin de semana no llegue a estar disponible si el estrecho de Ormuz sigue interrumpido.
Trasvase a los precios
Si la duración de los ataques se limita a unos días o un par de semanas, Ignacio de la Torre, economista jefe de Arcano, calcula un impacto en precios y en crecimiento “muy limitado”. Ahora bien, si el conflicto encalla, María Romero, socia directora de Análisis Económico y de Mercados de Afi, estima que una subida del 10% en el precio del petróleo derivaría en un alza de entre dos y cuatro décimas en la inflación de los países desarrollados. Además, Oriente Próximo tiene un papel muy relevante en la producción de fertilizantes y otros productos químicos, como el amoniaco: un cierre prolongado de Ormuz tendría impacto en la industria agroalimentaria europea.
El impacto para el crecimiento también es relevante. Ajay Rajadhyaksha, responsable de investigación global de Barclays, calcula que “cada aumento sostenido de 10 dólares por barril en los precios del petróleo puede restar entre una y dos décimas de crecimiento durante los próximos 12 meses. Si el petróleo subiera, digamos, a 120 dólares y se mantuviera allí, la economía de EE UU (y la economía mundial) sufriría un impacto considerable”. En el caso de España, Funcas calcula que con un petróleo en el entorno de los 80 dólares y un precio del gas en el mercado ibérico (Mibgas) mantenido en los 40 euros de forma persistente hasta finales de año, el IPC se elevaría al 3,2% en 2026, desde el 2,4% previsto a comienzos de año. Aun así, Raymond Torres, su director de Coyuntura Económica, descarta que Europa se encamine a una situación como la vivida tras el estallido de la guerra en Ucrania y que llevó a la inflación al 10% en países como España. “No llegaremos a esos niveles porque en ese caso el mayor impacto estuvo producido por el gas natural”, incide.
El alza de los precios también tendría impacto sobre los bancos centrales. María Romero baraja dos escenarios: uno en el que el deterioro de la actividad se impusiera sobre la presión inflacionista y presionara a la baja los tipos y otro, que va ganando más enteros, en el que se adelantaran unas subidas de tipos por parte del BCE que no se esperan este año, encareciendo las hipotecas.
Una variable clave, en todo caso, es el efecto del conflicto sobre las elecciones legislativas de medio mandato que celebrará Estados Unidos en noviembre. En Barclays estiman que el mandatario tratará de minimizar la escalada de los precios para proteger el poder adquisitivo de los consumidores: “Sospechamos que su disposición a tolerar un período prolongado de precios del petróleo significativamente más altos o una escalada sostenida del conflicto será limitada”, apuntan.
El conflicto geopolítico se está dejando sentir con fuerza en el mercado de divisas. El dólar ha reactivado su papel de activo seguro, debilitado en los últimos meses por las dudas sobre las políticas estadounidenses y la guerra arancelaria. Este lunes, la divisa estadounidense se apreció casi un 1% frente al euro. Los expertos de MUFG recuerdan que la última vez que se produjo un shock energético significativo fue tras el inicio del conflicto en Ucrania a comienzos de 2022, y en esa ocasión el índice del dólar se fortaleció con fuerza, casi un 20%, entre febrero y septiembre de 2022. “Aunque no esperamos un movimiento de magnitud similar esta vez, sí ofrece un ejemplo claro del potencial alcista del dólar”, añaden.
En el mercado hay unanimidad en que la extensión del conflicto, que se inicia cuando acaba de cumplirse el cuarto aniversario del estallido de la guerra en Ucrania, será clave para conocer su impacto en el mercado. “La principal incertidumbre es si este conflicto resultará disruptivo o si se convertirá en un enfrentamiento prolongado similar al de Rusia-Ucrania”, sostienen en JP Morgan.