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Extranjería
Tribuna

Cuando una cita de extranjería cuesta tu identidad digital

Diversos organismos públicos han advertido de que la pérdida de control sobre el certificado puede facilitar supuestos de suplantación de identidad en servicios electrónicos

Oficina de extranjería de la Delegación de Gobierno en la calle Silva por el continuo retraso de citas para regularizar su situación.Kike Para (EL PAÍS)

La falta crónica de citas en Extranjería y Policía para trámites esenciales como la toma de huellas, la expedición de la TIE, la renovación de documentación o la presentación de determinadas solicitudes ha generado desde hace años un mercado paralelo de intermediarios que ofrecen conseguir una cita a cambio de dinero. Sin embargo, en los últimos tiempos se está detectando una práctica especialmente preocupante: la exigencia de entregar el certificado digital personal para acceder a las pocas citas disponibles mediante identificación electrónica.

Esta conducta debe encender todas las alarmas. El certificado digital no es una simple contraseña ni una herramienta inocua para reservar una cita administrativa. Es un instrumento de identificación y firma electrónica que permite actuar ante numerosas administraciones públicas con plena eficacia jurídica. La Policía Nacional recuerda que el certificado electrónico permite identificarse en Internet y firmar documentos con la misma validez que una firma manuscrita. La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre advierte, además, que los certificados son personales e intransferibles y que cualquier operación realizada con ellos queda bajo la responsabilidad de su titular.

En términos prácticos, facilitar a un tercero una copia del certificado digital y las claves necesarias para utilizarlo equivale a entregar una firma en blanco. Quien dispone de ese acceso puede presentar solicitudes y escritos, firmar documentos electrónicos, consultar expedientes administrativos, obtener certificados oficiales o acceder a información tributaria, laboral o de Seguridad Social, en función de los servicios habilitados para cada ciudadano. Dicho de forma sencilla: si alguien controla el certificado digital, puede actuar electrónicamente como si fuera su titular.

El riesgo no es meramente teórico. Diversos organismos públicos han advertido de que la pérdida de control sobre el certificado puede facilitar supuestos de suplantación de identidad en servicios electrónicos. El Instituto Nacional de Ciberseguridad ha alertado de campañas fraudulentas en las que ciberdelincuentes suplantan a la FNMT para inducir a los usuarios a descargar archivos maliciosos o facilitar información que permita utilizar sus certificados digitales. El objetivo de estos ataques es precisamente actuar en nombre de la víctima, acceder a información personal o fiscal y firmar electrónicamente documentos.

Si los delincuentes invierten tiempo y recursos en robar certificados digitales, es porque se trata de una herramienta especialmente poderosa de identificación y actuación jurídica. Por ello, la entrega voluntaria del certificado a intermediarios no acreditados resulta particularmente peligrosa. El hecho de que la finalidad inicial sea conseguir una cita de extranjería no elimina ni reduce el alcance real del acceso concedido.

El problema de fondo, no obstante, no puede analizarse al margen de la saturación administrativa. Cuando una persona necesita una tarjeta para poder trabajar, viajar, renovar su documentación o acreditar su situación legal y comprueba que no existen citas disponibles, es comprensible que busque soluciones urgentes. Es en ese contexto de necesidad donde proliferan quienes monetizan la escasez de un servicio público y empujan a muchos extranjeros a asumir riesgos que no aceptarían en condiciones normales.

La Administración dispone de margen para reducir este fenómeno. Una opción sería asignar automáticamente una cita cuando se concede una autorización o cuando se genera la necesidad de realizar un trámite presencial. El interesado recibiría directamente fecha y hora y, si no pudiera acudir, debería cancelar la cita antes de solicitar una nueva. Esta medida, combinada con un refuerzo real de la oferta de citas y mayores controles frente a la intermediación irregular, reduciría de forma notable los incentivos para acudir a terceros.

La recomendación debe ser clara: no se debe entregar el certificado digital, las claves privadas ni los archivos de firma electrónica a terceros, aunque se presenten como gestores, locutorios, intermediarios o expertos en extranjería. Solo debería facilitarse su uso, en su caso, a profesionales debidamente identificados, acreditados y contratados, cuando sea estrictamente necesario para la prestación de un servicio legal o administrativo justificado.

Ninguna cita administrativa merece poner en riesgo la identidad digital. Una identidad digital comprometida puede generar consecuencias administrativas, económicas y jurídicas durante años, muy superiores al problema puntual que se pretendía resolver.

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