El turno de oficio pide aire: la justicia gratuita dispara su actividad con desiguales recursos y brechas autónomicas
El ICAM celebra los 30 años de la ley de 1996 con un homenaje a Juan Alberto Belloch y una advertencia de Eugenio Ribón: “Ninguna ley, por importante que sea, se cumple sola”

Las miradas del sector legal se vuelven nuevamente hacia el turno de oficio en la víspera del Día de La Justicia Gratuita. El Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM)ha celebrado esta mañana el aniversario señalado con la mezcla habitual de reconocimiento y preocupación, que acompaña a los grandes servicios públicos cuando su demanda crece más deprisa que sus recursos.
En el acto institucional del ICAM, celebrado en la sede colegial con la presencia de la viceconsejera de Justicia y Víctimas de la Comunidad de Madrid, María del Carmen García-Matos; la fiscal superior de Madrid Isabel Rodríguez, la decana del Ilustre colegio de Procuradores Carmen Giménez Cardona y otras autoridades la institución colegial puso cifras a una presión ya conocida: 79.328 solicitudes de justicia gratuita en el primer semestre de 2026, un 10,4% más que un año antes, y 87.513 designaciones de abogado, con un alza del 8,1%. A la vez, el número de profesionales adscritos al servicio cayó un 2,4%, hasta 4.649 letrados y letradas.
A las 65.167 asistencias letradas de guardia entre enero y junio, un 10,7% más, se sumó un dato que retrata la tensión del sistema: crecen las guardias, crecen las designaciones y crece también la complejidad de los asuntos, mientras la base humana del servicio se reduce. En un servicio pensado para garantizar que nadie quede fuera de la defensa por falta de recursos, el equilibrio entre vocación y financiación vuelve a quedar en el centro del debate.
Eugenio Ribón, decano del ICAM, aprovechó la efeméride del 30 aniversario de la Ley de Asistencia Jurídica Gratuita para reivindicar el papel de la abogacía del turno como ejecutores reales de un derecho constitucional. “Ninguna ley, por importante que sea, se cumple sola”, dijo Ribón, en una frase que condensó el tono del acto. Y añadió una idea que sonó a recordatorio y advertencia: “Cuando un abogado o una abogada del turno de oficio interviene, no solo está defendiendo a una persona concreta. Está defendiendo la igualdad ante la ley. Está defendiendo la dignidad de la justicia. Está defendiendo la propia Constitución”.
El ICAM recordó que la ley de 1996 no nació solo como una norma de procedimiento, sino como la respuesta a un principio elemental: que el acceso a los tribunales no dependa del saldo de una cuenta. En sus 30 años de vigencia, el colegio madrileño ha gestionado cerca de cuatro millones de solicitudes de justicia gratuita, más de 3,47 millones de designaciones y más de 2,55 millones de asistencias al detenido, un volumen que explica por sí solo la dimensión del sistema.
El acto tuvo como elemeto principal el homenaje a Juan Alberto Belloch- que recibió la Medalla de la Hermandad del ICAM- exministro de Justicia y promotor de la Ley de Justicia Gratuita de 1996 y entonces ministro de Justicia. Belloch defendió la validez del modelo, pero no su inmovilidad. “Ninguna ley debe ser inmutable”, afirmó, antes de añadir: “El sistema que se introdujo en 1996 creo sinceramente que sigue siendo válido en sus principios esenciales”. Su diagnóstico fue claro: la sociedad, la tecnología, los conflictos y los procedimientos ya no son los mismos que hace tres décadas, y por eso la actualización es necesaria.
La jornada, que concluyó con una mesa redonda sobre el sistema de justicia gratuita y la entrega de diplomas a los abogados más antiguos en el turno de oficio dejó, en el fondo, una misma conclusión con dos voces distintas. Ribón insistió en que la justicia gratuita es un servicio público esencial que requiere una financiación adecuada, estable y proporcional a su relevancia constitucional. Belloch, por su parte, reclamó preservar la finalidad original de la ley: garantizar una abogacía de calidad con independencia de las posibilidades económicas del ciudadano. Entre el homenaje y la advertencia, el mensaje fue inequívoco: el turno de oficio sigue siendo uno de los nervios del Estado de Derecho, pero ya no puede sostenerse solo con el músculo de la vocación.