La IA no viene a sustituirnos, pero sí a ponernos a prueba
Me atrevería a decir que la IA no elimina profesiones, pero sí elimina versiones de ciertas profesiones; sin duda, nos va a obligar a movernos hacia un terreno donde el valor no es hacer más, sino pensar mejor

No hay día que la inteligencia artificial no esté en los titulares: estudios que predicen que la IA va a eliminar millones de empleos… Estudios que afirman que la IA va a crear más empleos de los que destruye… Noticias que anuncian miles de despidos en el sector tecnológico… Noticias de que China prohíbe a las empresas despedir a trabajadores con el único fin de sustituirlos por IA…
Con este contexto encima de la mesa, en relación con la IA, en las organizaciones solemos identificar dos bandos, los que dicen: “nos estamos quedando atrás” y los que por el contrario piensan que “nos están metiendo la IA por los ojos sin tener claro el riesgo que su uso conlleva”.
En los últimos meses, siempre surge el mismo debate en los coffee breaks de las reuniones con compañeros, clientes y despachos de abogados, ¿la inteligencia artificial llegará a sustituirnos? En mi opinión, la respuesta corta es no. La larga es bastante más compleja y quizá incómoda.
Hay una realidad, y es que la inteligencia artificial está redefiniendo de manera silenciosa el valor que aportamos.
Hoy, existen herramientas basadas en IA que pueden analizar grandes volúmenes de documentación, identificar tendencias, generar ciertos informes financieros o incluso detectar patrones de riesgo.
Lo que antes ocupaba días de trabajo de un consultor junior ahora puede resolverse en minutos. Por ello a algunos perfiles junior les preocupa su capacidad de aprendizaje (“¿cómo voy a aprender y crecer profesionalmente si la IA hace las tareas básicas y sencillas?”).
Pero hay algo que la IA no hace (al menos por ahora) que es entender el contexto en toda su complejidad.
La IA no negocia con un cliente difícil, no percibe matices estratégicos en una operación, no calibra el impacto reputacional de una decisión, ni asume la responsabilidad del delivery final.
Ahí, sigue siendo imprescindible nuestro trabajo, nuestra capacidad crítica y analítica y nuestra formación y años de experiencia.
Nuestro valor añadido va a residir en la interpretación de los análisis que nos ayude a generar la IA. Por ello confío en una relación de colaboración entre los profesionales y la IA vs una sustitución absoluta.
Por ejemplo, tanto en las investigaciones de fraude, como en la elaboración de informes periciales, la IA si bien puede ayudar, también lleva aparejados ciertos riesgos relacionados con la privacidad y la protección de datos, la identificación de falsos positivos, la validación de las evidencias, la trazabilidad de las mismas y la verificación de la intencionalidad.
Gracias a la IA, puede que no vayamos a tener que construir modelos o documentos desde cero, pero sí tendremos que ser capaces de saber cuándo confiar en ellos y como analizar la información obtenida y concluir sobre la misma.
De este modo, no todos los perfiles profesionales van a sobrevivir igual. Las tareas más estandarizadas, repetitivas y previsibles serán las más sustituibles, mientras que las tareas que requieran criterio, capacidad de comunicación, pensamiento crítico y estratégico y conocimiento sectorial profundo, serán consideradas tareas clave en las organizaciones.
Me atrevería a decir que la IA no elimina profesiones, pero sí elimina versiones de ciertas profesiones. Sin duda, nos va a obligar a movernos hacia un terreno donde el valor no es hacer más, sino pensar mejor.
Quizá la pregunta correcta no sería si la IA puede sustituirnos, sino ¿qué parte de nuestro trabajo merece la pena realmente que sea sustituida? Y una vez identificada esa parte sustituible, valorar si el uso de la IA es viable en términos de confidencialidad (no todo se puede subir a cualquier herramienta); trazabilidad (debemos ser capaces de justificar cada una de nuestras conclusiones); errores (la IA puede inventar datos si no se controla correctamente) y responsabilidad, porque un informe de uso interno en una investigación o un informe pericial de contenido económico en una disputa contractual quien lo firma y ratifica ante el juez/árbitro es el perito, no la IA.