Ir al contenido
_
_
_
_

Cajal, la marca de joyas que convierte el vidrio en pequeñas obras de arte: “Tiempo y dedicación, ese es el verdadero lujo”

La argentina Julieta Cajal creó este negocio, que utiliza una técnica artesanal centenaria en un mercado homogeneizado de oro y plata, y atrae clientes de Estados Unidos y Japón

Julieta Cajal, fundadora de la joyería Cajal, fabrica una de sus piezas.Albert Garcia

Cajal tiene el taller en el barrio de Gràcia, en Barcelona. Desde la calle se puede ver a un grupo de chicas jóvenes manosear con soltura pinzas y sopletes. Moldean unas varitas de vidrio de colores; las giran, soplan, recortan, las dejan enfriar. Julieta Cajal (Salta, Argentina, 33) es la fundadora y directora creativa de esta marca de joyas de vidrio soplado, que recupera una técnica centenaria para crear pequeñas obras de arte. Las colecciones cambian con las estaciones y se conciben siempre con los principios de artesanía y sostenibilidad en el centro.

Pregunta. ¿Qué es Cajal?

Respuesta. Somos un equipo de unas diez personas que quiere crear joyería diferente, bonita, pero también con sentido y propósito. La empresa está formada casi en su totalidad por mujeres, a las que enseñamos el oficio desde cero. De esto estoy bastante orgullosa; todas trabajamos con una técnica artesanal e intentamos crear un espacio para que otros artesanos puedan aprenderla. Queremos que quien lleve una pieza de Cajal sienta que lleva encima una pequeña obra de arte. Como trabajamos sin moldes, ninguna joya es exactamente igual a otra; intentamos que todas tengan el mismo tamaño y la misma morfología, pero cada pieza es única.

La primera vez que Julieta probó a crear algo con vidrio soplado, casi lo deja. “Pensé: ‘Qué difícil, nunca más”. Se había mudado a Barcelona poco antes, después de dejar su trabajo en una empresa y aprender orfebrería. “Me di cuenta de que estar todo el día delante del ordenador no era para mí. Buscaba algo que me conectara conmigo misma”. Tres años después nació Cajal.

P. ¿Qué tiene el vidrio que no ha encontrado en otros materiales?

R. Creo que detrás del vidrio hay alma, que tiene un sentido. Podemos conseguir cosas que no he visto ni en cerámica, ni en plástico, ni en otros materiales. Además, la forma de trabajarlo me conecta muchísimo con el presente. El fuego tiene un ritmo, su propio tiempo; no puedes ni ir más rápido que él ni más lento, y cualquier movimiento cambia el resultado. Eso hace que tengas que estar completamente concentrado en lo que estás haciendo. Ahí está el arte.

P: ¿Y no se rompe?

R: Nosotras trabajamos con un vidrio que se llama borosilicato. Es un vidrio muy resistente, el mismo material con el que se fabrican las fuentes que van al horno o el material de laboratorio. Aguanta muy bien los golpes y los cambios de temperatura; piensa que la llama está a 1.500 grados, y que la plata se funde a 900. Además, soplamos las piezas para que tengan paredes gruesas y esa forma redondeada que, si bien es seña de identidad de la marca, también está pensada para que puedas llevar las joyas todos los días. Yo soy muy torpe, ando todo el rato en bici, pero aquí siguen, no se rompen.

Para demostrarlo, Julieta golpea con bastante brío uno de sus anillos contra la mesa varias veces “¿Ves? No pasa nada", bromea. El truco, explican las chicas, es que cada pieza tiene un agujerito, casi imperceptible, por el que se puede escapar el aire.

“Es un vidrio que se puede reciclar y reutilizar. De hecho, todos los restos que ves en esos cajones se vuelven a utilizar en otras piezas o se reciclan”, dice, señalando una caja de la que sobresalen una decena de tubos de cristal de distintos colores.

De esos tubos, que están huecos por dentro, salen las statement pieces —las joyas clave y destacadas— de cada colección. “Todas las piezas están huecas, lo que nos permite crear anillos o pendientes grandes pero livianos, que no pesan nada”, aclara la fundadora de la empresa. El objetivo, cuenta, es que puedan formar parte del día a día y no queden reservadas únicamente para ocasiones especiales.

P. ¿Quién compra las joyas de Cajal?

R. Siempre hemos vendido mucho más fuera que dentro de España. Trabajamos mucho con Estados Unidos y Japón. Allí ya existe una cultura del vidrio y el público entiende la dificultad de esta técnica y lo maravilloso que es poder llevarla en forma de joya. Últimamente, España también está remontando y eso me hace muy feliz.

La joyería tradicional está bastante homogeneizada con el oro y la plata
Julieta Cajal, fundadora de la marca

P. Vuestra web está muy cuidada y en redes estáis triunfando. ¿Dedicáis recursos a ello?

R. Muchísimo. Somos una marca muy joven, y le debemos mucho a las redes sociales. Le damos importancia a la fotografía y a la dirección de arte; trabajamos con creativos que construyen todo el universo visual de Cajal, y nuestro equipo de marketing está muy pendiente de todo. Fotografiar joyas pequeñas no es nada sencillo, pero creemos que la imagen tiene que transmitir el mismo cuidado y la misma intención que ponemos al hacerlas.

P. Todo lo vendéis por internet.

R. Sí. Todo lo que vendemos es a través del e-commerce. Durante un tiempo estuvimos en una galería de lujo en París y trabajamos con algunos distribuidores, pero no tenemos tienda propia. Además, producimos únicamente bajo demanda: solo fabricamos las piezas que ya tienen dueño, lo que nos permite evitar el sobrestock y controlar todo el proceso de producción. Por eso la web es tan importante para nosotros.

P. ¿Qué os hizo pensar que había sitio para una marca como Cajal en medio de un mercado tan tradicional como el de la joyería?

R. La joyería tradicional está bastante homogeneizada. Casi todo es oro o plata y los diseños suelen parecerse mucho entre sí. Nosotras podemos trabajar con muchísimo color y con formas completamente diferentes a las de los demás. Además, hay una clara oportunidad de mercado entre los dos extremos: la bisutería barata, que termina estropeándose enseguida, y la alta joyería, que resulta inaccesible para la mayoría de la gente. Nosotras queríamos ocupar ese espacio intermedio, pero aportando valor real.

El fuego me ha enseñado a tener paciencia
Julieta Cajal, fundadora de la marca

El precio de cada joya varía dependiendo de su tamaño y del tiempo que tardan en crearla: puede ir desde los 60 euros a alrededor de los 200. “No ensamblamos piezas fabricadas en otro sitio; todo lo que se vende sale de este taller y, siempre que podemos, trabajamos con proveedores locales”.

P. ¿De dónde nace cada diseño?

R. Todas las colecciones de Cajal parten de alguna idea que tengo, que hace de hilo entre las joyas y les da una dirección común. Normalmente empiezo por una paleta de colores, y a partir de ahí ya voy diseñando, buscamos los vidrios y empezamos a hacer pruebas. El color es nuestro lenguaje, creo que es lo que hace más reconocible a nuestra marca.

P. ¿Se considera más una artesana o una empresaria?

R. Las dos. Uno de mis mayores desafíos es pasar constantemente de una faceta a la otra. Estudié Administración de Empresas y luego tuve que aprender un oficio completamente nuevo. Tengo que tomar decisiones importantes todos los días, pero crear exige mucha presencia y, si moldeas ansiosa o distraída, la pieza cambia. El fuego me ha enseñado un poco a tener paciencia.

P. ¿Qué le gustaría que sintiera alguien al ponerse una joya de Cajal?

R. Que lleva algo hecho para durar y con una historia detrás. Me gusta pensar que, si te regalan una de nuestras joyas, la persona entiende que solo existe esa en el mundo. Puede haber otra parecida, pero no igual. Que no es un objeto más, sino una pieza creada por una persona, con tiempo, intención y muchísima dedicación. Para mí eso es el verdadero lujo.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos
_

Buscar bolsas y mercados

_
_