Estrategia ‘core-satellite’: ¿qué es y cómo puede ayudar a los inversores a crear una cartera diversificada?
Se trata de una metodología popular que puede implementarse mediante el uso de ETF

Tener una idea general de lo que queremos cocinar resulta de gran ayuda cuando vamos a hacer la compra. Sin ella, podríamos volver a casa con una bolsa de alimentos que, realmente, no combinan entre sí y no sirven para preparar una buena comida.
Esta molesta situación también puede verse en el mundo de la inversión, donde muchos inversores caen en trampas similares. Al invertir sin tener una idea clara, eligen fondos que, por separado, pueden resultar atractivos, pero que, una vez se combinan en una cartera, no generan el resultado que se esperaba en un principio. Para evitar estas situaciones, resulta fundamental contar con un buen plan inicial. O lo que es lo mismo: contar con una buena estrategia de inversión, es decir, una hoja de ruta que delimite los activos en los que vamos a invertir. En este escenario, las estrategias core-satellite, que combinan activos de gestión pasiva y activa, se posicionan como una de las posibles opciones de interés para invertir a largo plazo de forma diversificada, pero ¿qué son exactamente?
¿Qué es una estrategia de inversión?
Una estrategia de inversión es un marco o plan básico que nos ayuda a decidir cómo asignar nuestros recursos para alcanzar nuestros objetivos financieros. Estas estrategias no son, siguiendo con el símil culinario, como una receta rígida en la que estamos obligados a usar unos ingredientes o medidas exactas: más bien, se trata de una guía que nos ayuda a orientar nuestras decisiones en el mundo bursátil.
Antes de elegir qué “ingredientes” incluir en nuestra cartera, debemos tener claro qué queremos que nuestra cartera haga por nosotros. Así, una buena estrategia de inversión debe tener en cuenta:
- El crecimiento que deseamos obtener.
- El nivel de riesgo que estamos dispuestos y podemos asumir para lograr ese crecimiento.
- El horizonte temporal, es decir, cuánto tiempo planeamos mantener nuestra inversión.
A la hora de invertir, es importante tener en cuenta que toda inversión conlleva cierto nivel de riesgo y que los activos tienen un riesgo específico. El valor de cualquier inversión puede bajar y subir en función de distintos factores, como la actualidad económica o la volatilidad propia del mercado bursátil, y es probable que no recuperemos la cantidad que hemos invertido. Distribuir nuestro capital en una variedad de fondos y activos de distinta naturaleza (es decir, diversificar) puede ayudar a reducir riesgos (por ejemplo, de volatilidad o de concentración sectorial), pero recordar que estos nunca se irán por completo.
¿Por qué necesitamos una estrategia de inversión?
En realidad, es posible invertir sin tener una estrategia de inversión, pero contar con una nos ofrece beneficios clave. Disponer de un buen plan darnos más claridad a la hora de invertir y ayudarnos a centrarnos en lo que realmente importa: alcanzar nuestros objetivos financieros según nuestro perfil de inversor. Al eliminar el ruido innecesario y el hype que con tanta frecuencia rodean los mercados, evitamos caer en distracciones y podemos tener una mayor claridad a la hora de tomar decisiones. Además, también puede ayudarnos a tomar decisiones de forma objetiva, incluso en periodos de alta volatilidad, buscando alcanzar unos posibles mejores resultados.
¿Qué es una estrategia ‘core- satellite’ y cómo puede ayudarnos a diversificar nuestra cartera?
Una estrategia core-satellite1 es una metodología de inversión a largo plazo, que se basa en invertir la mayor parte de la cartera en uno o varios fondos diversificados, con el fin de alcanzar interesantes rendimientos.
En las estrategias core-satellite los inversores pueden invertir cantidades más pequeñas en fondos que esperan que aporten algo adicional a las posiciones centrales o core. Estos fondos se conocen como satélites o satellite, ya que tienden a comportarse de forma distinta: así, a diferencia de las posiciones core, con las que se busca obtener un perfil estable de rentabilidad-riesgo, estos satélites suelen actuar como asignaciones tácticas para determinadas condiciones del mercado, pudiendo gestionarse tanto de forma activa, a fin de superar el mercado, como pasiva2, invertidos en un segmento específico del mercado con mayor riesgo.
Siguiendo la analogía culinaria, los satélites se utilizan para añadir un toque extra de “sabor” a la cartera principal, es decir, al core. Aun así, también puede darse el caso de que los inversores quieran añadir satélites con menor riesgo a su cartera, por ejemplo, cuando se sientan más inseguro sobre la economía o las valoraciones del mercado bursátil y prefieran “enfriar” la cartera hasta que las condiciones se estabilicen.
¿Cómo pueden los inversores utilizar ETF en una estrategia ‘core-satellite’?
Las estrategias core-satellite pueden aplicarse en carteras de inversión compuestas por los ETF (fondos cotizados). En estos casos, el núcleo de la cartera (también denominado core) podría estar formado por los ETF que se centren en mercados específicos, como la renta variable estadounidense, la renta variable europea o la renta variable asiática, entre otras. Otra opción más sencilla podría ser invertir en un único instrumento que proporcione a todos los mercados, como, por ejemplo, un ETF que replique el índice FTSE All-World: con él, podríamos invertir en más de 4.000 empresas de todo el mundo, incluyendo mercados emergentes como China o India.
Una vez establecida esta base, podrían añadirse inversiones satélite. Estos podrían incluir los ETF de gestión activa o ETFs pasivos que se centren en un sector o tema concreto, como inteligencia artificial, ciberseguridad, robótica o energías limpias. Otro ejemplo sería un ETF que replique un índice del Nasdaq, como el Nasdaq-100, en el que se concentran varias de las empresas más innovadoras del mundo, incluidas aquellas relacionadas con tecnología avanzada y otras industrias con un gran potencial de crecimiento, y también mayor riesgo.
En el caso de que quisiéramos incluir un satélite con el fin de ayudarnos a reducir el riesgo, podríamos considerar un ETF que se centre en segmentos menos volátiles del mercado, como acciones de sectores más defensivos o incluso bonos de alta calidad3. Otra opción podría ser el oro, que históricamente se ha utilizado para diversificar carteras. Un ETC de oro físico no es un fondo ni un ETF, porque solo invierte en un único activo, en este caso el oro, pero comparte características clave con los ETF, como la posibilidad de comprarlo y venderlo en una bolsa o a través de una plataforma de inversión en línea.
Aun así, se deberá tener en cuenta que, pese a considerarse un posible activo “refugio”4, el oro no está exento de riesgos. De hecho, su precio ha subido considerablemente, por lo que es más caro que antes. Una de las razones por las que algunos inversores incluyen oro en sus carteras es que tiende a comportarse de manera independiente a los mercados de renta variable, lo que puede hacerlo atractivo para la diversificación y aumentar su demanda en momentos de volatilidad o incertidumbre.
Los ETF, un instrumento clave para diversificar carteras
Un fondo cotizado (Exchange Traded Fund o ETF) es un vehículo de inversión colectiva similar a otros tipos de fondos, pero que cuenta con la particularidad de negociarse en una bolsa de valores, igual que las acciones tradicionales. Los inversores pueden comprar y vender ETF a través de las plataformas de inversión, las cuales se están volviendo cada vez más populares entre los inversores particulares que quieren tener más control sobre sus carteras y decisiones de inversión; como XTB, que ofrece acceso a más de 2.000 ETF. Además, los ETFs también suelen tener costes más bajos que otros tipos de fondos.
Con un ETF, sabemos exactamente en qué estamos invirtiendo. La mayoría están diseñados con el fin de replicar el rendimiento de un índice, que son los ETFs de gestión pasiva. Estos ETF pasivos no intentan superar al índice, sino simplemente tratar de replicar su comportamiento, al que, generalmente se le resta una comisión anual. La mayoría de ellos buscan lograr este objetivo comprando y manteniendo los valores que componen ese índice.
Las estrategias core-satellite pueden adaptarse a las necesidades de muchas personas, pero otras pueden tener objetivos o incluso preferencias personales que justifiquen otro tipo de enfoque. No obstante, invertir en un ETF que trate de replicar un índice global como el FTSE All-World Index también puede ser una opción adecuada para alcanzar objetivos a largo plazo. Sería como una comida ya preparada, que no necesita añadidos. La elección entre estas alternativas depende de cada inversor. Plataformas como XTB facilitan llevar esa decisión a la práctica, ya sea construyendo una cartera propia o invirtiendo a través de un plan de inversión previamente diseñado.
¿Cómo empezar a invertir en ETF?
Empezar a invertir en ETFs es más accesible de lo que se piensa. Con XTB, puedes abrir una cuenta completamente online en tan solo cinco minutos y sin ningún coste. Una vez configurada, tendrás acceso a más de 2.000 ETFs entre los que elegir, lo que puede dar la flexibilidad de construir una cartera acorde a tus objetivos: desde un amplio índice global como núcleo de la inversión, hasta una combinación de posiciones satélite temáticas.
Puedes invertir directamente en ETF individuales o utilizar los planes de inversión de XTB, que te pueden permitir automatizar aportaciones periódicas en una selección de ETFs de tu elección. Además, para quienes están dando sus primeros pasos, XTB no cobra comisiones de inversión en los primeros 100.000 € de operaciones al mes, lo que lo convierte en una posible forma rentable de poner tu estrategia en marcha desde el primer día.
Notas
- Una estrategia core-satellite es un enfoque de inversión que combina gestión pasiva y activa con el objetivo de equilibrar riesgo y rentabilidad. La cartera se estructura con una base sólida y diversificada (core), normalmente de bajo coste y menor riesgo (por ejemplo, un 70–80% del total), complementada con inversiones más específicas o tácticas (satellites), que pueden asumir mayor riesgo (aproximadamente un 20–30%) para intentar generar un rendimiento adicional.
- Mientras que para la gestión pasiva se trata de buscar replicar un índice, en la gestión activa se toman decisiones tácticas para aprovechar oportunidades concretas.
- Los bonos de alta calidad son títulos de renta fija emitidos por gobiernos o empresas con elevada solvencia, que presentan un posible bajo riesgo de impago y menor volatilidad, por lo que podrían ayudar a reducir el riesgo de una cartera.
- El oro se considera un activo refugio porque suele conservar su valor en periodos de incertidumbre o crisis.