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La ‘vieja economía’ europea: ¿un escudo contra el avance de la inteligencia artificial?

Los expertos prevén problemas en los próximos años por la mayor implementación de esta herramienta en el trabajo, que ya se ha manifestado en pérdida de valor bursátil y recortes masivos de empleos en grandes multinacionales. Sin embargo, sectores como la energía, la industria pesada, la hostelería y el turismo surgen como refugio para el Viejo Continente

Ilustración digital de la mano de un robot sosteniendo y apoyando a un hombre que trabaja en su escritorio usando una computadora,Andriy Onufriyenko (Getty Images)

La destrucción del empleo y la automatización masiva son dos de las consecuencias más temidas de la implementación de la IA en el trabajo. En el último año, multinacionales como Amazon, Microsoft, Oracle o Meta han anunciado despidos masivos, alimentando los temores sobre cómo esta herramienta reconfigurará la economía global. En este contexto, los expertos calculan el impacto que la “cuarta revolución industrial” tendrá en Europa. Ante la acelerada implementación de estas herramientas tanto en Estados Unidos como en China, los analistas argumentan que el Viejo Continente no solo debe impulsar la digitalización y la competitividad de sus tecnológicas, sino también apostar por segmentos defensivos de la vieja economía que cuentan con un bajo nivel de obsolescencia y están blindados contra posibles burbujas.

Las fuentes consultadas concuerdan en que las preocupaciones por la inteligencia artificial se están desplazando. “La revolución de la IA ya no se centra en si funciona o no: se trata de en qué lado de la curva de disrupción te sitúas. La decisión de Block [empresa fintech creada por el fundador de Twitter, Jack Dorsey] de recortar el 40% de su plantilla como parte de una reestructuración impulsada por la IA podría ser un presagio de lo que les espera a las empresas de software y tecnología financiera. La programación, como actividad humana, está siendo sustituida por agentes de la IA”, observa Anis Lahlou, director de inversiones en Aperture Investors (parte de Generali Investments).

En esta línea, Caroline Cantor, directora de inversiones en renta variable europea de la firma Jupiter AM, describe la “obsolescencia impulsada por la IA” como el riesgo de que la inteligencia artificial erosione las ventajas competitivas de las empresas establecidas, su poder de fijación de precios y los flujos de ingresos; a través de la automatización, los grandes modelos lingüísticos (MLL) y las start-ups nativas de esta tecnología.

“Los sectores más expuestos son aquellos donde la producción es mayoritariamente digital, estandarizada y escalable. En Europa, esto incluye parte de los servicios profesionales, las industrias con alta carga administrativa y ciertos negocios relacionados con los medios de comunicación y el contenido. Estos segmentos son vulnerables, ya que la producción puede codificarse y replicarse a un costo marginal prácticamente nulo”, explica la experta de Jupiter AM a CincoDías

Impacto

Las proyecciones de Bruselas corroboran que habrá un cambio en la estructura laboral de la UE, aunque este no será homogéneo. Un informe reciente de la Comisión Europea prevé que, para 2040, la IA y las tecnologías digitales emergentes impulsarán el empleo en Europa en un 5,9% (11,8 millones de empleos adicionales). Sin embargo, las ganancias proyectadas son desiguales entre países y favorecerán a ciertos segmentos sociales, profesionales y etarios.

“Entre las principales economías, Alemania y España emergen como grandes ganadoras. En contraste, las ganancias más débiles en Francia e Italia reflejan diferencias en la estructura industrial, la adopción digital y la demografía. Asimismo, se anticipan pérdidas de empleo concentradas en regiones periféricas y estructuralmente más débiles, incluidas partes del sur y este de Europa, Rumanía y las zonas rurales de Francia”, expresan las proyecciones del ejecutivo comunitario. Por otro lado, se pronostican beneficios mayores en la cuota de empleo para los trabajadores altamente cualificados (22,7% para 2040); para las mujeres (7,2% frente al 4,8% para los hombres) y los trabajadores en edad productiva de 25 a 64 años (6,2%).

“El debate en torno a la inteligencia artificial ha cambiado de forma radical. El entusiasmo inicial ante el potencial transformador de la nueva tecnología llevó a los inversores a anticipar una posible burbuja, pero esta preocupación se ve ahora eclipsada por el temor a que el avance imparable de la IA acabe teniendo un profundo impacto en amplios segmentos de la economía mundial”, señalan Mark Casey y Brittain Ezzes, gestores de renta variable de Capital Group en un análisis reciente.

Dicho esto, los expertos también subrayan que el impacto se verá más en algunos sectores de la economía. Por ejemplo, un informe reciente de Oliver Wyman revela que alrededor del 65% de los trabajadores del sector financiero temen ser reemplazados por la inteligencia artificial. “La IA está transformando muchos de los modelos de negocio tradicionales de la nueva economía que dominaron la última década. Empresas de software, servicios de TI, editoriales, compañías de videojuegos, plataformas logísticas e incluso gestoras de activos ven cuestionadas sus ventajas competitivas a medida que la IA reduce el coste del procesamiento de la información y comprime la diferenciación. La fuerte caída de la valoración del sector de software y servicios de TI en los últimos meses no refleja un desplome de los beneficios a corto plazo, sino una revalorización del valor terminal y la durabilidad de los márgenes, ya que la rentabilidad históricamente elevada se percibe cada vez más como vulnerable a la erosión competitiva”, indica un análisis reciente de Goldman Sachs.

“Con los avances extraordinarios de la IA generativa en los últimos meses, el mercado ha mostrado una preocupación creciente por el riesgo de disrupción en prácticamente cualquier empresa digital o incluso de servicios. Desde esta perspectiva, los negocios con menor riesgo de disrupción serían aquellos que operan en el mundo físico, como transporte, energía o industriales. Hablamos de modelos de activos pesados, en contraposición a los modelos asset light [software, servicios…]”, apunta Aymeric Gastaldi, gestor de renta variable internacional en Edmond de Rothschild AM

Economía física

Así, los expertos consultados concuerdan en que los sectores de la llamada vieja economía surgen como posible alternativa para protegerse del impacto de la IA, en particular los que encajan dentro de la categoría HALO (Heavy Assets, Low Obsolecense). En inglés, la traducción de este acrónimo sería “activos pesados, baja obsolescencia”, refiriéndose a aquellas industrias o negocios con una naturaleza innatamente material y barreras de acceso que dificultan su total automatización. Esta clasificación ha sido empleada principalmente por analistas financieros para destacar empresas o segmentos en los que conviene invertir para protegerse ante una posible burbuja de la IA.

“HALO abarca las empresas donde la creación de valor se basa en activos físicos en lugar de procesos digitales. Pensemos en infraestructuras, servicios públicos, redes de transporte o plataformas industriales intensivas en capital. Estas empresas no son inmunes a la IA, pero esta herramienta actúa como una capa de eficiencia en lugar de una fuerza disruptiva”, explica Mathieu Racheter, director de análisis estratégico de renta variable de Julius Baer a CincoDías.

El ejecutivo del banco suizo añade que la ventaja competitiva de este tipo de segmentos reside en la propiedad de activos, el posicionamiento regulatorio y los largos ciclos de inversión, factores difíciles de replicar únicamente con software. “Esto les proporciona cierta protección estructural contra la obsolescencia acelerada. Desde la perspectiva de la cartera, suelen ofrecer flujos de caja más estables y menor volatilidad de las ganancias. En un mundo de acelerado cambio tecnológico, esa estabilidad se vuelve cada vez más valiosa”, apuntala Racheter.

Aunque puede parecer algo irónico, los sectores como la hostelería y el turismo, donde la presencia humana agrega valor, también pueden encajar dentro de esta categoría. “Por ejemplo, no se pueden hacer hamburguesas con inteligencia artificial, ni sustituir un cableado de cobre ni crear motores a reacción simplemente dándole instrucciones a una herramienta basada en esta nueva tecnología. Estamos asistiendo a un renacimiento de la economía física”, señala Ezzes. “En el sector de la restauración es probable que los consumidores sigan prefiriendo que les atiendan personas en los restaurantes”, remata el experto de Capital Group.

Desde Julius Baer consideran también que la resiliencia también es visible en sectores con activos tangibles y demanda estructural. Por ejemplo, los operadores de servicios públicos e infraestructuras serían ejemplos claros, dados sus marcos regulatorios y su intensidad de capital. Las redes de transporte y logística también entran en esta categoría, ya que dependen de sistemas físicos en lugar de replicación digital.

“Es importante destacar los sectores relacionados con las materias primas [petróleo y gas, metales y minería, y materiales en general], ya ​​que su valor está ligado a recursos físicos escasos en lugar de código. Algunos sectores de la salud, en particular el farmacéutico, también se benefician de las barreras regulatorias y la complejidad científica. Además, los bienes de lujo ofrecen una forma diferente de protección a través del valor de marca y la artesanía. En conjunto, estos segmentos forman un grupo central de exposiciones de baja obsolescencia en los mercados europeos”, pondera Mathieu Racheter.

Más allá de ser un escudo para el empleo, estos segmentos suponen también una póliza de seguro en escenarios como una posible burbuja de la IA o una pérdida de valor de las tecnológicas. “Estos sectores representan una parte sustancial del PIB europeo, por lo que su contribución es crítica. Actualmente existe un elevado entusiasmo en torno a las capacidades futuras de la IA generativa, pero en algún momento la realidad podría no cumplir las expectativas. En un escenario así, un patrón observado en múltiples ocasiones históricas, las empresas de IA sufrirían y recortarían inversiones, mientras que las compañías de la vieja economía podrían mostrar mayor solidez y resiliencia”, indica Aymeric Gastaldi a este diario.

Cabe recordar que la Ley de IA de la UE ya permite la fiscalización de los sistemas de inteligencia artificial (IA) utilizados en las decisiones laborales, incluyendo la contratación, la selección, la publicidad de empleo dirigida, la evaluación de candidatos, el seguimiento del desempeño y ciertas decisiones sobre el compliance, las condiciones contractuales o la rescisión de contratos. Asimismo, tanto los proveedores como los implementadores están sujetos a obligaciones, que incluyen evaluaciones de riesgos obligatorias, documentación técnica, pruebas de sesgo, supervisión humana, divulgación de información transparente y monitoreo continuo.

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