El laberinto estadístico de los salarios en España
Una economía moderna no puede permitirse analizar sus dinámicas salariales a través de fuentes que, de manera aislada, cuentan historias divergentes
El debate en torno a la evolución de los salarios en España se ha erigido como uno de los ejes centrales y más complejos del análisis macroeconómico reciente. El intenso choque inflacionario que golpeó la economía española entre los años ...
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El debate en torno a la evolución de los salarios en España se ha erigido como uno de los ejes centrales y más complejos del análisis macroeconómico reciente. El intenso choque inflacionario que golpeó la economía española entre los años 2022 y 2023 provocó una innegable erosión en la capacidad adquisitiva de los hogares. Durante esa fase crítica, el ejercicio de la responsabilidad sindical y la moderación enmarcada en los acuerdos de negociación colectiva, particularmente a través del V Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC), actuaron como un dique de contención fundamental. Esta responsabilidad asumió una pérdida temporal de rentas reales con el objetivo de evitar efectos de segunda ronda y no alimentar una espiral inflacionaria.
No ha sido hasta el año 2024 cuando se ha comenzado a materializar una recuperación parcial de dicho poder adquisitivo, respaldada por una inflación más contenida y una estrategia de convergencia defensiva en los salarios pactados. Sin embargo, diagnosticar la verdadera magnitud de esta recuperación salarial se ha convertido en un desafío analítico de primer orden. El problema fundamental radica en que las diferentes fuentes estadísticas disponibles cuentan historias notablemente distintas.
Sin embargo, esta divergencia no es un fenómeno nuevo. La figura adjunta muestra las tasas de crecimiento interanual en los salarios por trabajador asalariado (no es ni por hora ni por puesto de trabajo equivalente) para la Contabilidad Nacional Trimestral de España (CNTR) y la Encuesta Trimestral de Coste Laboral (ETCL), remuneración por beneficiario de la AEAT y salarios de entrada al mercado por puesto de trabajo de Indeed. Dichas evoluciones indican que durante la pandemia resultó evidente que metodologías distintas arrojaban resultados dispares ante anomalías del mercado laboral, como los ERTE. La diferencia entre AEAT e Indeed es potencialmente derivada de las distintas mediciones. Pero entre CNTR y ETCL no debiera haber tantas diferencias pues supuestamente miden exactamente lo mismo. En la coyuntura actual dichas divergencias son mucho más sutiles pero aun así relevantes para el debate y el argumentario. Así, como se puede observar, dependiendo de la métrica o fuentes mostradas, el crecimiento salarial proyectado es mucho más robusto en unas que en otras.
Y no, la respuesta a esta discrepancia entre las diferentes fuentes no se encuentra exclusivamente en el impacto de las cotizaciones sociales a cargo del empleador. Es frecuente asumir que la diferencia estriba en nuevas cargas fiscales y cómo estas son contadas o descontadas en cada agregado ofrecido por las fuentes estadísticas, pero las cifras que observan para la CNTR y la ETCL en ambos casos son tasas netas de dichas cotizaciones. Todo apunta a que el origen de la divergencia es metodológico e intrínseco a la naturaleza de cada medición, aunque no necesariamente por factores de parcialidad en la jornada, la cual no ha variado perceptiblemente en los últimos años como para justificar tal sesgo.
Para comprender esta realidad, es necesario profundizar en el refinamiento de las fuentes. Más que una situación de “equidistancia” entre la ETCL y la CNTR, debemos entender que esta última opera como una estadística de síntesis superior, por lo que ofrece una capacidad de “ver la fotografía completa” y ajustar con ello las series de salarios. La gran fortaleza de la CNTR reside en su búsqueda de una visión integral, ya que trimestre a trimestre va incorporando más fuentes (no solo los datos de la propia ETCL, sino que los complementa con registros administrativos y fiscales) y revisa sus series hacia atrás para homogeneizar indicadores. De hecho, la CNTR ya está integrando datos de las encuestas estructurales, como la Encuesta de Estructura Empresarial de 2022, que es precisamente donde empieza a aflorar la discrepancia. Además, la CNTR permite extraer una evolución real mediante el deflactor del consumo privado, capturando matices como los alquileres imputados, algo que las encuestas de costes no pueden alcanzar.
Por otro lado, operan las asimetrías de cobertura. La ETCL, por diseño muestral, excluye a la agricultura, al servicio doméstico y a los funcionarios adscritos a mutualidades estatales. La CNTR, con cobertura universal, captura de forma íntegra los incrementos de los funcionarios y del sector primario. Pero, más allá de la cobertura, resulta imprescindible mencionar el complejo “efecto composición”. Tradicionalmente, se dice que en etapas de fuerte expansión del empleo entran perfiles jóvenes o menos cualificados con salarios de entrada (entry-level), lo que estanca la media de la ETCL. Sin embargo, este fenómeno convive con otro de signo contrario y carácter estructural que ha ganado peso en las últimas dos décadas: el envejecimiento de la población ocupada.
Este envejecimiento ejerce una presión al alza sobre el salario medio por dos vías: primero, por la pérdida de peso de los ocupados jóvenes (debido a que la inactividad en este segmento ha crecido al prolongarse la etapa de estudios); y segundo, por el propio envejecimiento natural de la población activa. Estos efectos demográficos “tiran” de la media hacia arriba, compensando o incluso superando el efecto de los salarios de entrada.
Todo ello nos lleva a la irremediable conclusión de que construir un relato macroeconómico apoyándose exclusivamente en una métrica u otra conduce a conclusiones parciales. Mientras la CNTR nos da la visión de conjunto y el rigor del deflactor, la ETCL nos permite vislumbrar (aunque sea parcialmente) los matices que ocurren “por debajo” de la agregación. Lo lógico es conjugar ambas incluso con otras estadísticas presentes u otras estructurales por llegar.
No obstante, ante la importante dificultad de obtener un diagnóstico irrefutable con indicadores coyunturales, es prudente esperar a las series estructurales consolidadas. Será fundamental la publicación de la Encuesta de Estructura Salarial (EES). Solo a través de esta operación, con su nivel de desagregación, se podrá purgar definitivamente el efecto composición y comprender cómo se ha distribuido realmente la recuperación del poder adquisitivo, aislando las alteraciones en la calidad del trabajo. También los datos de la Seguridad Social serán clave, aunque su disponibilidad no sea inmediata.
Para concluir, esta encrucijada pone de manifiesto una mejora urgente en el sistema estadístico. Se necesita un producto que unifique las virtudes de la EPA con datos salariales precisos y de alta frecuencia. Solo con una herramienta capaz de cruzar en tiempo real situación laboral, horas efectivas y niveles de renta se podrá superar la actual miopía estadística. Una economía moderna no puede permitirse analizar sus dinámicas salariales a través de fuentes que, de manera aislada, cuentan historias divergentes.