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Blanqueo de capitales y dolarización: el BIS alerta sobre los riesgos de las ‘stablecoins’ para la estabilidad financiera

Pablo Hernández de Cos avisa de que el estrés financiero en caso de ventas masivas de las monedas estables podría propagarse rápidamente al sector bancario

El director gerente del BIS, Pablo Hernández de Cos, en una jornada sobre perspectivas financieras. Cabalar (EFE)

El mercado de stablecoins vale ya más de 320.000 millones de dólares. Su peso es mínimo frente a los cerca de 8 billones de dólares mantenidos en depósitos bancarios solo en Estados Unidos. Los volúmenes de transacciones han alcanzado los 35 billones anuales en 2025 pero su uso en la economía real es modesta. No obstante, este mercado que ha vivido un crecimiento exponencial ha encendido las alarmas de todos los reguladores y autoridades monetarias. El último ha sido el BIS (Banco Internacional de Pagos): en un discurso en el Banco de Japón este lunes, el director gerente de la entidad, Pablo Hernández de Cos, advirtió de los riesgos de las monedas estables para la política monetaria, las condiciones de crédito y más en general para la estabilidad financiera, dada su interconexión con el sector financiero tradicional.

Hernández de Cos ha reconocido las bondades de estos activos y las ventajas en algunos casos de uso: como vía de entrada y salida del ecosistema cripto, para facilitar su integración con contratos inteligentes y para unos pagos transfronterizos más rápidos, que consiguen sortear algunas de las fricciones de las infraestructuras de pago convencionales. También es una vía para acceder de forma rápida y sencilla al dólar y a otras divisas extranjeras, especialmente en economías emergentes y en desarrollo.

No obstante, las monedas estables conllevan riesgos. “Si las stablecoins llegaran a competir con las formas convencionales de dinero, tendría consecuencias relevantes para la provisión de crédito, la estabilidad financiera, la integridad financiera, la política monetaria y la fiscal”, ha afirmado. El riesgo de crédito es una de las principales preocupaciones: si empresas y hogares trasladaran a gran escala sus depósitos bancarios hacia las stablecoins, los bancos pasarían a depender cada vez más de la financiación mayorista, que es más costosa y menos estable. Un peligro del que ya había alertado en marzo el Banco Central Europeo y que podría acabar afectado al crédito bancario.

Esto, a su vez, podría tener implicaciones en la estabilidad financiera. El BIS explica que existen similitudes entre las monedas estables y las entidades financieras no bancarias. “Como muestran episodios pasados de tensiones, los riesgos de retiradas masivas de fondos y de ventas forzada se vuelven especialmente relevantes cuando se ponen a prueba las promesas de reembolso y se reduce la liquidez del mercado. La intervención de los bancos centrales ha sido necesaria para contener riesgos sistémicos originados fuera del sector bancario, del mismo modo que ha sido necesaria en numerosas ocasiones en el pasado para contener riesgos sistémicos procedentes de los propios bancos”, ha detallado.

Los riesgos de retiradas masivas también se plantean para las stablecoins. Por ejemplo, podría ocurrir si los inversores se deshicieran masivamente de estos activos y los emisores se vieran obligados a vender forzadamente las reservas que los respaldan. Un episodio de este tipo podría perjudicar el funcionamiento de los mercados subyacentes; y si las stablecoins necesitan recurrir a sus depósitos bancarios para hacer frente a los reembolsos, el estrés financiero podría propagarse rápidamente al sector bancario y a otras partes del sistema financiero.

Una eventualidad que, en parte, podría mitigarse. Hernández de Cos considera que el riesgo de retiradas masivas y su efecto en el resto del sistema financiero podría limitarse si los reguladores concedieran a los emisores no bancarios de stablecoins acceso a esquemas similares al seguro de depósitos o a mecanismos de liquidez de los bancos centrales.

Pero la principal preocupación para el BIS son las implicaciones de estos activos para la integridad financiera. “La circulación de stablecoins en blockchain públicas, así como a través de monederos no custodiados —que en gran medida quedan fuera del perímetro regulatorio y sin controles de conocimiento del cliente— limita la eficacia de la lucha contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo”, ha aclarado.

Si en el mercado financiero tradicional la responsabilidad de garantizar el cumplimientos de estas normas recae en los intermediarios financieros como los bancos, en el ecosistema cripto son los validadores quienes se encargan de mantener el registro de transacciones en la blockchain. Y aunque las transacciones son visibles en las cadenas de bloque, las entidades solo se identifican a través de direcciones. Esto hace que estos activos sean atractivos para actores ilícitos, cuyos movimientos son cada vez más sofisticados y complicados de detectar: no es un caso que las stablecoins representan actualmente la mayor parte de las transacciones ilícitas dentro del ecosistema cripto.

Y en un mercado cada vez más integrado, las finanzas tradicionales también podrían verse salpicadas. La Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés) señaló el pasado verano que los riesgos de blanqueo de capitales y financiación del terrorismo que afectan a los proveedores cripto se están extendiendo a otros sectores, como las instituciones de crédito, de pago y de dinero electrónico, debido a la interconexión creciente y a las deficiencias significativas y generalizadas en el sector cripto en los sistemas y controles de prevención.

Finalmente, la entidad también incide en el riesgo de dolarización si las monedas estables ligadas a divisas extranjeras, como el dólar (representan un 99% del mercado), se popularizan. “Podrían plantear retos adicionales para la transmisión de la política monetaria y la soberanía monetaria si las transacciones, los precios y los salarios comenzaran a fijarse cada vez más en divisas extranjeras. En ese caso, las stablecoins ampliarían su influencia, actuando no solo como depósito de valor, sino también como medio de intercambio y unidad de cuenta", ha incidido. La dolarización es uno de los riesgos a los que apuntó el Fondo Monetario Internacional en su informe de estabilidad financiera el pasado octubre, aunque teme que podría ser un riesgo más urgente en las economías en vía de desarrollo y con monedas débiles.

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