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Otros inesperados ganadores del ‘efecto Ozempic’ en Estados Unidos: los sastres y tiendas de segunda mano

Los especialistas en reparación de artículos de cuero han registrado un fuerte aumento de la demanda debido a la rápida pérdida de peso de sus clientes

Transeuntes caminando por la calle.Richard Baker (In Pictures / Getty Images)

Lorraine Scott se ha gastado al menos 300 dólares en arreglar pantalones y vaqueros desde que perdió 27 kilos durante el último año gracias a medicamentos para adelgazar.

“La mayoría de las cosas que tenía en el armario ya no me servían”, explica. Esta vecina de Atlanta, de 42 años, conocida entre sus seguidores de YouTube como Lorraine Kamesha, ha optado por ajustar sus pantalones favoritos en lugar de comprar otros nuevos mientras su peso sigue fluctuando, recurriendo a la moda rápida para completar el resto de su vestuario.

Los estadounidenses que toman medicamentos para adelgazar como Ozempic, de Novo Nordisk, o Mounjaro, de Eli Lilly, están recurriendo a zapateros y sastres para ahorrar dinero mientras pierden peso. Entre los motivos figuran el aumento del coste de la vida y el encarecimiento que asumen de su bolsillo por estos tratamientos, después de que cada vez más empresas estadounidenses hayan dejado de cubrir los medicamentos GLP-1 en sus seguros médicos.

Durante el último año, los especialistas en reparación de artículos de cuero han registrado un fuerte aumento de la demanda debido a la rápida pérdida de peso de sus clientes. No solo para acortar cinturones, sino también para ajustar correas de zapatos y bolsos a cuerpos más delgados.

El incremento de las solicitudes de arreglos refleja cómo los medicamentos para adelgazar están transformando el sector minorista. Mientras algunas áreas de la industria están bien posicionadas para beneficiarse, otras tienen dificultades para adaptarse. Según Gallup, alrededor del 11% de los adultos estadounidenses toma medicamentos GLP-1 para perder peso, lo que obliga a millones de consumidores a buscar formas asequibles de renovar su armario.

Cobblers Direct, una empresa de reparación de zapatos y bolsos que opera por internet, cuenta con 25 tiendas físicas en Texas y ofrece un servicio nacional de envío por correo. Su consejero delegado, Stephen Kelly, asegura que el negocio de acortar cinturones crece a tasas de dos dígitos interanuales.

Según Kelly, la compañía, que pronto trasladará a sus cerca de 100 artesanos a un nuevo almacén de casi 2.800 metros cuadrados en Austin, está acortando actualmente hasta 500 cinturones cada semana.

“Los clientes llegan a las tiendas con cinco o seis cinturones colgados del hombro”, relata. Después de añadir algunos agujeros más, algunos incluso piden conservar el sobrante de cuero como una especie de “medalla de honor”. “Sacan el cinturón y muestran lo largo que era originalmente. Luego vuelven a ajustárselo a la cintura”, explica Kelly.

Alrededor del 80% de los usuarios de GLP-1 siguen usando ropa que ya no les queda bien y esperan una media de seis meses antes de comprar prendas nuevas, según una encuesta realizada por la plataforma de telesalud Trimi entre más de 700 adultos estadounidenses que utilizan medicamentos para adelgazar. Los vaqueros son la prenda más afectada: el 90% de los encuestados afirma que ya no les quedan bien.

Además, los usuarios son reacios a renovar por completo su armario porque existe la posibilidad de recuperar peso. Investigadores de la Universidad de Cambridge concluyeron este año que quienes dejan los medicamentos para adelgazar recuperan de media el 60% del peso perdido en el plazo de un año.

En Jim’s Cobbler Concierge, un negocio familiar de Manhattan, los clientes comenzaron el año pasado a llevar cinturones por docenas, según CJ Burgos, director de relaciones con los clientes. La tendencia se ha extendido tanto que la tienda la ha bautizado como “belt-zempic”, un juego de palabras entre cinturón y Ozempic. Burgos asegura que algunos usuarios de GLP-1 incluso están viendo reducirse el tamaño de sus pies, lo que también ha impulsado los ajustes de calzado.

“Ha ayudado al negocio, pero también hemos ayudado a los clientes a ahorrar”, afirma Burgos, que también ha tenido que acortar sus cinturones tras perder unos 27 kilos con Ozempic.

La segunda mano también aprovecha el momento

Los usuarios de GLP-1 se están apretando el cinturón en más de un sentido. La creciente popularidad de estos medicamentos en Estados Unidos también está impulsando las cadenas de descuento, las tiendas de segunda mano y las plataformas de reventa de ropa, ya que muchos consumidores evitan gastar grandes cantidades en prendas nuevas mientras su talla sigue cambiando.

Lo que distingue al fenómeno de los GLP-1 frente a otros factores que impulsan los negocios es “la escala y la velocidad”, según Alon Rotem, director de estrategia de la plataforma de ropa de segunda mano ThredUp.

Los compradores están pasando a tallas más pequeñas, especialmente en vaqueros. Según Rotem, el 43% de los clientes que comenzaron comprando tallas superiores a la 28 de cintura adquiere ahora pantalones más pequeños que cuando empezó a utilizar la plataforma.

Stitch Fix, un servicio online de asesoramiento de imagen y selección de ropa, ofrece ahora más prendas con tallas ajustables y tejidos elásticos para que quienes están perdiendo peso rápidamente dispongan de ropa capaz de adaptarse a varias tallas, según su consejero delegado, Matt Baer. Baer estima que al menos el 20% de los nuevos clientes de la compañía toma algún medicamento GLP-1 y busca ayuda para encontrar su nueva talla.

“Siempre hemos sabido que la reventa y las tiendas de segunda mano son opciones muy populares para las personas que atraviesan etapas de transición en su vida”, afirma Rotem. “Y ahora que vemos que hay muchas más personas en transición debido a la llegada de los GLP-1, estamos apostando aún más por ese segmento”.

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