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La educación, palanca para el desarrollo social y económico de las sociedades

El BBVA invierte 191,5 millones en proyectos sociales en 2025, el 68% de los cuales fueron destinados a proyectos educativos. 7,7 millones de personas se beneficiaron directamente de sus actuaciones

Aula de una escuela en Perú fruto de un proyecto educativo del BBVA en el país, en una imagen cedida.JUAN CARLOS SERVAN BERNALES

La educación es la base fundamental para generar oportunidades de desarrollo de las personas, con las que escapar de la pobreza y crear un proyecto de vida pleno en sociedad. Y si bien en los últimos años se han conseguido grandes avances a nivel internacional en relación al acceso a la educación, la discriminación y la pobreza todavía mantienen a muchas personas alejadas de la oportunidad de obtener una educación de calidad.

Por eso son importantes iniciativas como las llevadas a cabo por el BBVA, que en 2025 concentró el 68% de los recursos destinados a programas e iniciativas sociales a la educación, de un total de 191,5 millones, un 7,6% más que un año antes. El resto de la inversión se dirigió a investigación, con el 14%; medio ambiente y otros ámbitos, con el 7%; emprendimiento, con el 4%; cultura, con el 4%, y reducción de las desigualdades, con el 3%. De sus actuaciones se beneficiaron directamente 7,7 millones de personas.

Lidia del Pozo, responsable de crecimiento inclusivo e inversión en la comunidad del BBVA, destaca que “el BBVA lleva más de 20 años invirtiendo en programas educativos. La experiencia nos demuestra que la educación es una palanca fundamental para el desarrollo social y económico de las sociedades, por ello paulatinamente hemos ido concentrando la inversión en este tipo de programas”. Y detalla que el banco “financia programas de acceso a la educación, programas de formación de docentes, contribución a sistemas públicos (por ejemplo, con la entrega de materiales escolares), programas de formación a familias y programas de formación en habilidades (digitalización, comunicación, gestión emocional o educación financiera)”.

Por áreas geográficas y fundaciones corporativas, la inversión se distribuyó de la siguiente forma: 116 millones de euros en México, 30 millones en España y áreas corporativas, 35 millones a través de sus fundaciones corporativas, 7 millones en Turquía y 2,7 millones en América del Sur. Una parte relevante de esta contribución se canaliza a través de las fundaciones vinculadas al BBVA. Entre ellas, destaca Fundación BBVA México, que impulsa el programa Chavos que Inspiran, dirigido a jóvenes con talento y de escasos recursos de todo el país. La iniciativa ofrece un acompañamiento de diez años para ayudarles a completar su trayectoria educativa y convertirse en los primeros miembros de su familia en terminar la universidad. El programa aporta continuidad, apoyo sostenido y una perspectiva de progreso a largo plazo.

También forma parte de esta contribución la actividad de la Fundación Microfinanzas BBVA, que apoya a microemprendedores vulnerables en Colombia, Chile, Panamá, Perú y República Dominicana. Lo hace mediante productos y servicios financieros como microcréditos y microseguros, además de talleres de educación financiera y digital, con el objetivo de que puedan gestionar mejor sus negocios, protegerse ante imprevistos y tomar decisiones económicas con más información.

En el ámbito de la investigación y la cultura, la Fundación BBVA centra su actividad en la generación de conocimiento para afrontar retos sociales relacionados con el medio ambiente, el desarrollo sostenible, la salud, el cambio demográfico, la integración social y la innovación.

La Fundación BBVA y los voluntarios de BBVA Perú entregan kits escolares a niños de escuelas públicas del interior del país.

Sostenibilidad

La apuesta estratégica del BBVA por la sostenibilidad se articula en torno al clima, el capital natural y las oportunidades en el ámbito social. En 2025, el banco alcanzó una cifra récord de 134.000 millones de euros canalizados en actividades sostenibles, de los cuales 30.000 millones, un 23%, se destinaron a la financiación en el ámbito social (infraestructuras inclusivas, inclusión financiera, apoyo a emprendedores y micropymes, entre otros). Estas actuaciones forman parte del objetivo del BBVA de movilizar 700.000 millones de euros en actividades sostenibles para el periodo 2025-2029.

“Considero que ambas formas son necesarias para promover el desarrollo de las sociedades”, recalca Del Pozo. “Por un lado, está el impacto que generamos a través de nuestro negocio, mediante financiación de productos o soluciones con impacto social: infraestructuras sociales, financiación ligada a KPI sociales (bonos o préstamos sociales o sostenibles), financiación a emprendedores y micronegocios, productos para la inclusión financiera de personas no bancarizadas o infrabancarizadas… Por otro lado, está la contribución filantrópica, estos 191,5 millones de euros que dedicamos a programas sociales. En este ámbito, no buscamos rentabilidad financiera pero sí un impacto muy relevante, es el caso de la educación”.

La responsable de crecimiento inclusivo e inversión en la comunidad del BBVA precisa “que es importante entender que la rentabilidad financiera y el impacto social no son objetivos contrapuestos”. En su opinión, “cuando las iniciativas están bien diseñadas, pueden generar valor para la sociedad y, al mismo tiempo, contribuir a la sostenibilidad del negocio. Por ello, es adecuado incorporar el impacto social como parte de la estrategia y no como un elemento separado”. Y pone un ejemplo: “Apostar por la educación financiera o el apoyo al emprendimiento tiene un impacto positivo en las personas y en las comunidades, pero también contribuye a generar entornos económicos más sólidos y sostenibles, lo que también beneficia a nuestra empresa”.

Voluntariado

El compromiso social del grupo también se canaliza a través del voluntariado corporativo. En 2025, más de 14.300 empleados del BBVA participaron en iniciativas de voluntariado y dedicaron casi 94.000 horas a actividades sociales y medioambientales. Esta participación permite reforzar el apoyo a entidades y comunidades mediante la implicación directa de profesionales del banco.

“Creo que el principal aprendizaje es la importancia de concentrar los esfuerzos”, reflexiona Lidia del Pozo. “Con el tiempo hemos comprobado que el impacto es mucho mayor cuando una organización identifica un ámbito específico en el que realmente puede aportar valor diferencial, en lugar de dispersar recursos en múltiples iniciativas. La clave está en conectar las necesidades sociales con las capacidades, conocimientos y experiencia de la empresa”.

Otros aprendizajes, completa Del Pozo, serían que “generar un impacto real requiere una visión de largo plazo” y la importancia de escuchar antes de actuar, pues “las soluciones más eficaces suelen surgir cuando se diseñan junto a las personas y organizaciones que conocen de primera mano la realidad de los colectivos con los que trabajan”.

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