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WeWork aprueba un plan para salir de la bancarrota que deja al margen a Adam Neumann

El fundador de la compañía de alquiler de espacio para oficinas contacta con la firma de inversión Third Point para la operación

Un cartel de WeWork se ve fuera de sus oficinas en el barrio de Queens, en Nueva York.
Un cartel de WeWork se ve fuera de sus oficinas en el barrio de Queens, en Nueva York.Shannon Stapleton (REUTERS)
Miguel Jiménez

WeWork y sus principales acreedores, entre ellos SoftBank, han llegado a un nuevo acuerdo de reestructuración financiera para sacar de la bancarrota a la empresa de alquiler de espacios de trabajo, rechazando una propuesta competidora del cofundador de la empresa, Adam Neumann, que pretendía quedarse la compañía a precio de saldo aprovechando su crisis. La empresa espera salir del concurso de acreedores a finales de mayo, según ha informado en el comunicado en el que da cuenta de la aprobación judicial de las mociones clave para su reestructuración financiera y operativa.

Como parte del acuerdo de reestructuración, WeWork se ha asegurado una nueva línea de financiación de 450 millones de dólares. De los nuevos fondos, 337 millones procederán de la empresa tecnológica Yardi Systems, una aliada de la empresa que se convertirá en accionista de referencia, y 112 millones de los tenedores de bonos.

La obtención de esta financiación demuestra, según la empresa, “el apoyo y la confianza en el modelo de negocio de WeWork y la propuesta de valor de sus principales accionistas”. A través de su plan, la compañía espera eliminar la totalidad de sus 4.000 millones de dólares de obligaciones de deuda pendientes.

“WeWork es y siempre ha sido un líder del sector. En los últimos seis meses, hemos trabajado muy duro para desarrollar un plan para una WeWork reorganizada que está mejor capitalizada, más eficiente operativamente, y posicionada para la inversión continua en nuestros productos y servicios y un retorno al crecimiento a largo plazo”, ha dicho David Tolley, consejero delegado, a través de un comunicado. “Estoy sinceramente agradecido a nuestro consejo, a las partes interesadas financieras, al equipo directivo y a los empleados por sus continuos esfuerzos para restablecer WeWork como una empresa fuerte y sostenible. También quiero dar las gracias a nuestros miembros y socios arrendadores continuos por su lealtad y apoyo durante todo este proceso”, ha añadido.

WeWork comenzará inmediatamente a solicitar votos de los acreedores sobre el plan, que espera que sea ratificado en una vista programada para el 30 de mayo. Con la exclusividad pactada, queda al margen la propuesta alternativa de Neumann, que nunca fue vista con buenos ojos por la compañía ni por Softbank, su principal accionista.

Neumann dio entrada en el capital de WeWork a SoftBank que inyectó 10.000 millones con una valoración multimillonaria. Para el grupo inversor japonés ha sido probablemente su inversión más ruinosa y vender ahora la empresa en quiebra a quien les embarcó en esa aventura fallida tendría algo de humillante.

WeWork fue fundada en 2010 por el israelí Neumann y el estadounidense Miguel McKelvey, que abrieron su primer espacio de oficinas en el SoHo neoyorquino en abril de 2011. Desde ahí se lanzó a crecer, abriendo espacios de oficinas compartidas, primero en Estados Unidos y luego en todo el mundo, sin preocuparse por las pérdidas multimillonarias que sufría, logrando que su negocio inmobiliario se percibiese como una compañía tecnológica. La compañía alcanzó su máxima valoración en enero de 2019, con 47.000 millones de dólares, y se dispuso a salir a Bolsa, pero no pasó el escrutinio del mercado.

Ni las cuentas, ni el modelo de negocio, ni las perspectivas de futuro avalaban la valoración que había ido logrando. La salida a Bolsa se canceló. Entonces, Softbank decidió rescatar a la empresa y despedir a Neumann, que recibió una compensación multimillonaria. Le responsabilizó del fracaso de la salida a Bolsa por su heterodoxo estilo de dirección. Neumann tenía operaciones vinculadas con la compañía en las que él salía beneficiado al alquilar a la empresa los inmuebles que compraba, pero sobre todo se ganó fama por ser un amante de los excesos, que instaló en su oficina una piscina y una sauna y celebraba fiestas legendarias

Con la generalización del teletrabajo derivada de la pandemia y el confinamiento, muchas oficinas ya no volvieron a ocuparse al pasar la crisis sanitaria. WeWork tuvo pérdidas de 3.129 millones de dólares en 2020; de 4.439 millones en 2021 y de 2.034 millones en 2022, según sus informes anuales. No ha publicado las cuentas de 2023 por la bancarrota.

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Sobre la firma

Miguel Jiménez
Corresponsal jefe de EL PAÍS en Estados Unidos. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS, donde ha sido redactor jefe de Economía y Negocios, subdirector y director adjunto y en el diario económico Cinco Días, del que fue director.
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