Ciudad del Vaticano

Muere el papa emérito Benedicto XVI a los 95 años

El pontífice, que se retiró en 2013, timoneó la posición de la Iglesia frente a la crisis financiera de 2008

El Papa emérito Benedicto XVI.
El Papa emérito Benedicto XVI.

El papa emérito Benedicto XVI, conocido secularmente como Joseph Ratzinger, ha fallecido este sábado en Roma a la edad de 95 años. El antecesor del actual papa Francisco se ha convertido así en el pontífice más longevo de la historia de la Iglesia Católica, aunque desde 2013 se encontraba retirado en el Monasterio Mater Ecclesiae, después de una renuncia que sorprendió a todos.

Su retiro estuvo marcado por múltiples temores por su salud, que se agravaron en 2020, tras anunciar que sufre de una enfermedad infecciosa de la piel que su secretario particular, monseñor Georg Gänswein, había definido como “muy dolorosa”. Sin embargo, el llamado de oración del actual pontífice por la salud de su antecesor alemán el 28 de diciembre despertó las alarmas sobre la salud del emérito. “Está muy enfermo, pedimos al Señor que lo consuele y lo sostenga en este testimonio de amor a la Iglesia hasta el final”, señaló el papa argentino.

La capilla ardiente del papa emérito Benedicto XVI, fallecido este sábado, tendrá lugar desde este lunes 2 de enero en la basílica de San Pedro del Vaticano, según confirmó la Santa Sede en un comunicado.

Ocho intensos años

El breve pontificado de ocho años de Ratzinger estuvo marcados por múltiples desafíos, especialmente la transición después de un liderazgo tan carismático como conservador de su antecesor, Juan Pablo II. Su anterior posición como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el brazo de control sobre la doctrina de la Iglesia, ya lo había catalogado por sus posiciones duras sobre el control de la natalidad y la homosexualidad. Además, los escándalos de abusos cometidos dentro de la Iglesia a menores persiguieron sus ocho años al frente de la Basílica de San Pedro.

Su periodo como soberano de la Ciudad del Vaticano desde 2005 coincidió con la gran crisis financiera de 2008 a partir de la caída de Lehman Brothers. La mayor crisis financiera de la historia desde el crack del 29 no dejó indiferente a Benedicto XVI, especialmente ante su cercanía geográfica con el poder económico y político de Roma, que enfrentaba el comienzo de una larga recesión. Allí, su visión religiosa se trasladó a la realidad económica, en la que consideraba que la “moral relajada” era la responsable por los males económicos de ese entonces.

“La esfera económica no es éticamente neutral, ni intrínsecamente inhumana y opuesta a la sociedad”, afirmaba Ratzinger en su tercera encíclica, una carta a los fieles y obispos de todo el mundo, llamada Caridad en la Verdad. La publicación en 2009 no fue casual, sino el entonces Papa aprovechó la víspera de la reunión del G-8 en Italia para alzar su voz contra el capitalismo salvaje y la avaricia financiera.

Aunque cauteloso de ofrecer soluciones técnicas a la gran crisis que desvelaba a expertos y gobiernos de todo el mundo, Ratzinger tenía como objetivo suplir de contenido a los llamados por un “nuevo capitalismo ético” que resonaban en el mundo. Su intención no era menor: en las más de 140 páginas del escrito, describe al sistema capitalista como “una idea vieja”.

Esto no significa que estuviera alineado a visiones dentro de la Iglesia que buscaban a fin de siglo la adopción de una “opción por los pobres”. En 1980, el entonces cardenal Ratzinger destacaba la importancia de evitar confundir el concepto de pobreza en la Biblia y la idea de proletariado en el Marxismo. Más tarde, la posición oficial de la Iglesia incorporó los riesgos de una desviación al combinar ideologías por fuera de la religión.

Además, en el único escrito de Ratzinger sobre “doctrina social”, el entonces pontífice llama a consolidar una gobernanza más centralizada a nivel global. Además de aceptar los cambios provocados por la globalización, que el entonces pontífice evita condenar, llama a establecer un “gobierno del mundo” que mejore la regulación.

Sin embargo, el poder absoluto que disfruta el papa sobre las instituciones vaticanas no evitó que Benedicto XVI viera los problemas financieros en su propio patio trasero. El Instituto para las Obras de Religión, más conocido como “el Banco del Vaticano”, fue investigado por la Fiscalía de Roma por una presunta violación de la normativa contra el lavado de dinero. Esto obligó a Ratzinger a crear una autoridad financiera que ponga fin a estas transacciones ilegales y esté alineada a la normativa de la Unión Europea. El portavoz papal defendió en 2010 estas medidas como una forma de hacer “la Iglesia más creíble ante la comunidad internacional y sus miembros”

Las autoridades vaticanas informaron ese mismo año que las publicaciones y libros escritos por Benedicto XVI habían generado más de 6 millones de dólares de regalías, que serían canalizadas a promover la investigación teológica.

Pero estos fondos no son los que han garantizado su retiro en los últimos 9 años. La pensión del papa emérito alcanza los 2,500 euros, según público el diario italiano La Stampa en 2013. Además, los servicios eclesiales cubren tanto la vivienda como todos los servicios y ayudas que el pontífice pudiera requerir.

 

Normas
Entra en El País para participar