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¿Sabes si necesitas un seguro?

Un ejercicio de planificación financiera es necesario, pero no suficiente para anticiparnos a posibles imprevistos

A la gran mayoría de nosotros nos cuesta pensar en el futuro y nos cuesta, aún más, imaginarnos situaciones complicadas que puedan poner en jaque nuestros planes y cambiar por completo nuestra vida.

Incluso si hemos hecho el ejercicio de reflexionar sobre lo que queremos conseguir y qué objetivos tenemos en el medio y largo plazo -qué casa queremos comprarnos y cuánto cuesta, ese negocio que nos gustaría emprender, ayudar económicamente a nuestros hijos, etc.- y hemos puesto nuestro dinero a trabajar con un plan financiero y de inversión que nos ayude a conseguirlos, esos planes se nos pueden venir abajo. ¿El motivo? Nos hemos olvidado de algo primordial a la hora de planificar nuestras finanzas y, sobre todo, nuestro futuro.

¿Y si pasa algo inesperado que trunque nuestros planes? Hablamos de algo que pueda poner en riesgo las rentas que estamos generando mientras trabajamos y con las que contamos para ir ahorrando e invirtiendo, es decir, para vivir nuestra vida e ir cumpliendo nuestros objetivos personales y familiares.

Por ejemplo, ¿nos hemos planteado qué puede pasar si sufrimos una incapacidad permanente que nos impida trabajar y seguir generando el mismo nivel de rentas? Si esto sucede debemos tener en cuenta que podremos cobrar una pensión, pero que -muy probablemente- será inferior al salario actual que estamos recibiendo. Y, por el contrario, nuestros gastos se van a incrementar.

En esta situación debemos preguntarnos: ¿podrá mi familia seguir manteniendo el mismo nivel de vida si somos la principal fuente de ingresos? ¿Se ponen en riesgo los planes y objetivos que me he había marcado? En este escenario, como explica Jaime Aguilar, socio del departamento de Asesoramiento patrimonial de Abante, es muy importante hacer unos números y saber qué déficit se podría generar y cómo podríamos cubrirlo.

Para anticiparnos y cubrir nuestro proyecto biográfico no solo debemos pensar en lo que nos puede pasar durante nuestra etapa activa, sino que también debemos pensar en la etapa en la que ya no estamos trabajando, es decir, cuando ya estamos jubilados y estamos en el momento de consumir las rentas que hemos ido generando durante la etapa activa.

En este punto debemos tener en cuenta el efecto de la longevidad: el incremento de la esperanza de vida va a hacer que tengamos vidas más largas y, al vivir más años, se incrementan las probabilidades de que suframos una dependencia o una enfermedad. ¿Lo hemos tenido en cuenta al pensar en nuestra jubilación y en nuestro futuro?

Aguilar recuerda que, ante estas situaciones, debemos hacer un ejercicio de reflexión y de planificación financiera global en el que tengamos en cuenta nuestra situación financiera y personal para que podamos ver cómo nos quedamos si sufrimos una dependencia o una enfermedad cuando ya estamos jubilados.

“¿Cómo nos quedaremos si eso sucede, es decir, si aumentan nuestros gastos en el peor momento cuando ya no tenemos margen de maniobra para reaccionar? Pensar en la posibilidad de un seguro de dependencia nos ayudaría a cubrir esa situación”, destaca Aguilar.

Para protegernos de futuros imprevistos, anticiparse es clave. A la hora de pensar en nuestro proyecto biográfico y trazar un plan de futuro completo deberemos pensar en nuestros objetivos y trazar el plan financiero y de inversión que nos ayude a conseguirlo. Después deberemos trazar el plan de previsión que nos ayude a proteger todo lo anterior.

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