Macarena Rey: “Se aprende más de los fracasos que de los éxitos”

La productora ejecutiva de ‘MasterChef’, formato que ha cumplido diez años en antena, reclama una industria audiovisual semejante a la de otros países europeos

Macarena Rey, durante un momento de la entrevista.
Macarena Rey, durante un momento de la entrevista.

Las fotografías en las escaleras que suben al despacho de Macarena Rey (Madrid, 1969) son un recordatorio constante de programas de televisión líderes de audiencia y otros que no contaron con el favor del público. Mientras responde a las preguntas, la CEO de la productora Shine Iberia está rodeada de algunos de los premios más prestigiosos del sector audiovisual, como un Ondas o un Iris. Y la estancia la decoran diferentes momentos de MasterChef, la joya de la corona de la compañía y del que Rey es productora ejecutiva. Un formato que considera como su “hijo” y que acaba de terminar su décima temporada en TVE. Días después de esta entrevista, se supo que la cadena pública cancelaba Maestros de la costura, otro de los programas de la compañía.

¿Es más complicado trabajar con organismos públicos que con empresas privadas?

No es ni más difícil, ni más fácil. Es diferente. Los objetivos de una televisión pública son distintos a los de una comercial, y nosotros nos tenemos que adaptar al cliente. Hay una serie de normativas que no nos permiten hacer todo lo que podríamos hacer en una cadena comercial. A nivel de integración de marcas y también de poder trasladar las cosas de una manera o de otra. Tienes unas limitaciones.

¿Están más expuestos a las críticas por estar en una pública?

Absolutamente. Es una tele de todos, entonces tenemos que ser extracuidadosos con el lenguaje, con el tipo de contenido que exponemos en el programa.

¿Cómo se manejan las críticas?

Con mucho cuidado. Tenemos que ser muy respetuosos con todo lo que se nos dice porque estamos en una televisión pública. Tenemos que empatizar con las personas que se sienten ofendidas, intentar solucionarlo, disculparnos y seguir.

En un producto como son los talent shows, ¿es fundamental saber elegir tanto al equipo como a los aspirantes?

Presumo mucho de mis equipos, sin ellos es imposible la longevidad de los formatos ni los premios. Siendo fundamental el esfuerzo, la constancia y el trabajo, la inteligencia emocional suma. En nuestro trabajo, las habilidades sociales son tan importantes como ser creativo o tener talento. Te permiten acceder a sitios y a personas de una manera muy natural. Generar empatía y complicidad. El casting es una pieza fundamental, porque no es solo que sea personaje, sino que tenga esa habilidad de hacer algo. Hay que encontrar el equilibrio entre la cocina y que la gente empatice y se enamore u odie a ese personaje. Porque tienes que generar todo tipo de sensaciones y de emociones.

¿Es importante saber delegar en un trabajo como el suyo? ¿Lo lleva a cabo?

De alguna manera, MasterChef es como mi hijo. Fue el primer formato importante que vendimos en España y en Portugal. Y ha sido el driver de la compañía. Entonces, es verdad que estoy muy encima. Tiene que haber alguien que se empeñe en exigir. Yo soy muy exigente, pero no desde la distancia. Si hay que trabajar, soy la primera.

¿Cómo se hace para que un formato como MasterChef aún no se haya agotado?

Para mantener ese interés tienes que evolucionar y cambiar. Los que funcionan no se cambian, como son nuestros jueces. Ha sido muy difícil encontrarlos, se llevan muy bien entre ellos y eso traspasa la pantalla. Las pruebas, la mecánica, eso sí que evoluciona. Hemos conseguido, además de tener una parte culinaria importante, un componente de sentido del humor, de entretenimiento y de show que yo creo que es el secreto. Encontrar el equilibrio entre no pasarnos de una cosa o de la otra.

A raíz del éxito del programa ha crecido un universo MasterChef con diversos productos. ¿Cómo surgió?

Estamos en una televisión pública que no nos permite hacer publicidad. Teníamos que ser muy imaginativos. Nuestra vía de monetización del formato son las licencias. Empezamos con un libro. Hemos sido pioneros en la escuela online, que luego la han seguido otros países. Los campamentos también fuimos pioneros. Hemos introducido el restaurante. Y, últimamente, lo que hemos sacado son los vinos, que vamos a empezar la distribución internacional junto con todo el grupo. Hay muchísimas licencias que nos ofrecen que decimos que no, porque no coinciden con el espíritu del formato.

¿Son las cancelaciones de programas un fracaso?

Esta profesión nuestra es un baño de humildad a diario. Es un éxito, tres fracasos. Al final, se te hace piel de lagarto. Aunque no funcionen, tenemos que estar muy orgullosos de lo que hacemos. La factura, el contenido, tienen que estar muy bien. Que luego enganche o no es que no depende solo de nosotros. Se aprende mucho más de los fracasos que de los éxitos.

¿Bien empaquetado se puede vender lo que sea?

Antes sí. Ahora se sabe mucho de formatos, por la llegada de las plataformas, con las que se tiene acceso a contenido de todo el mundo. Y es muy importante la historia, cómo la cuentas y lo que hay detrás de ese producto.

¿Qué ha supuesto la llegada de las plataformas de contenidos a España?

Nos han permitido exportar un talento que sabíamos que era maravilloso, pero no sabíamos cómo abrirnos al mundo. Darle visibilidad. Ya somos una industria a nivel de prestación de servicios. Pero tenemos que conseguir hacer industria audiovisual a través de la cultura, de ese apoyo que nunca hemos tenido. No entiendo por qué España es el único país de Europa que no tiene esa protección frente a las plataformas y a las televisiones de la propiedad intelectual.

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