Japón se esfuerza por aumentar su exigua población de unicornios

El número de unicornios (empresas privadas de nueva creación valoradas en más de 1.000 millones de dólares) sigue siendo de un solo dígito

Fumio Kishida, primer ministro de Japón.
Fumio Kishida, primer ministro de Japón.

La escasez de empresas de nueva creación, startups, en Japón es cada vez más acuciante. Tras la Segunda Guerra Mundial, el país se convirtió en un hervidero de emprendedores que construyeron rascacielos, trenes de alta velocidad y gigantes de la electrónica como Sony. Sin embargo, la mayoría de las veces se trató de un asunto de arriba abajo, con el Estado apoyando a un sector privado dominado por los keiretsu, o enormes conglomerados como Mitsubishi. Funcionó demasiado bien, complicando los últimos esfuerzos por crear nuevas empresas dinámicas.

Después de que la burbuja de activos de Japón se desinflara a finales de la década de 1980, la mayoría de las empresas locales se apoyaron en sus puntos fuertes, con la investigación y el desarrollo orientados a la mejora de los productos existentes. La mayoría no pudo competir en el auge del software y de Internet. Masayoshi Son, de SoftBank, ha contribuido a invertir miles de millones en empresas tecnológicas de todo el mundo, pero ha ignorado en gran medida su propio patio trasero. La mayoría de los ejecutivos japoneses se niegan a invertir el dinero sobrante de sus empresas.

El recelo hacia los inversores extranjeros y la aversión cultural al riesgo también han obstaculizado el desarrollo de una ambición inventora acorde con la posición de Japón como tercera economía mundial. Desde 2012, ha tenido una media de unos 2.000 millones de dólares de capital riesgo invertido al año, según datos de Preqin. China registra 63.000 millones de dólares anuales, y Estados Unidos 106.000 millones; incluso India supera a Japón en tamaño de las operaciones y número de transacciones. El número de unicornios (empresas privadas de nueva creación valoradas en más de 1.000 millones de dólares) sigue siendo de un solo dígito.

Las nuevas empresas tienden a ser más eficientes que los conglomerados más rígidos; innovan y crean puestos de trabajo en industrias de nueva generación. Japón necesita desesperadamente más de ellas, pero a las anteriores iniciativas del Gobierno les ha costado coger impulso. El gabinete del Primer Ministro Fumio Kishida anunció un programa en junio para que el Fondo de Inversión de Pensiones del Gobierno, de 1,5 billones de dólares, inyecte más dinero en las empresas en fase inicial y aumente la participación extranjera. También está examinando las revisiones de los impuestos y las normativas que se consideran onerosas para las nuevas empresas. El mayor grupo de presión empresarial del país quiere que haya 10 veces más unicornios nacionales en cinco años.

Pero este no es un problema que pueda resolverse de arriba abajo. Sacar parte de los 100 billones de yenes (730.000 millones de dólares) que se calcula que tienen en reserva los tacaños conglomerados japoneses requiere un crecimiento sostenido y una inflación estable. Atajar el miedo de las personas al fracaso empresarial es otro obstáculo. Los trabajadores japoneses aprecian, como es lógico, la estabilidad de los empleos en un keiretsu, en los que los ascensos son automáticos y la jubilación llega pronto.