Inmobiliario

IWG lanza un plan para llevar sus oficinas flexibles a 500 edificios y 150 urbes en España

Multiplicará por ocho su presencia en el país en cinco años. Busca un rápido crecimiento por el incremento del trabajo híbrido

Mark Dixon, fundador y CEO mundial del grupo inmobiliario IWG.
Mark Dixon, fundador y CEO mundial del grupo inmobiliario IWG.

IWG, el grupo inmobiliario dueño de marcas de espacios flexibles de oficinas como Regus y Spaces, prepara un ambicioso plan de crecimiento en España. El grupo pretende multiplicar por ocho su presencia en el país en cinco años, tal como avanza Mark Dixon, su fundador y CEO mundial a Cinco Días.

La compañía cuenta actualmente con 60 centros en 21 ciudades en el país. “La previsión es que lleguemos a los 500 edificios abiertos en más de 150 capitales y ciudades más pequeñas”, avanza Dixon. “La clave para el mercado español es crear una amplia cobertura, que la gente de España pueda trabajar desde cualquier parte del país. Creo que después de la pandemia, cada vez más gente trabajará desde su segunda residencia y o áreas no urbanas”, añade.

Dixon explica que del 80% al 90% de la expansión en España será a través de socios, mediante alianzas con grandes propietarios, franquicias y joint ventures. “Requiere algo de inversión para IWG, pero también los grandes propietarios inmobiliarios quieren invertir en el trabajo híbrido”, asegura.

Igualmente, adelanta que el grupo traerá a España nuevas marcas de oficinas como Signature o The Wing, unos centros enfocados en mujeres y muy populares en Europa, según el CEO. También abrirá la enseña low cost Open Office.

IWG presentó ayer resultados del primer trimestre, con un incremento del 17,7% en sus ingresos, hasta los 725 millones de euros. Además, la compañía ha vuelto a la rentabilidad tras un 2020 y un 2021 con pérdidas. “Al final del año pasado ya volvimos a generar beneficio, igualmente que en este primer trimestre. Los resultados negativos de los dos últimos años han sido por el impacto directo de la pandemia, que efectivamente ha sido muy severo porque por primera vez en la historia la gente se ha visto obligada a dejar de ir a las oficinas completamente. Pero ya está en recuperación”.

El fundador de IWG explica que ya antes de la pandemia veían un cambio en la manera en la que las compañías estaban trabajando, comenzando a implementar el trabajo híbrido, con empleados trabajando en casa o en las oficinas. “La pandemia ha acelerado ese cambio al obligar a todo el mundo a probar el trabajo híbrido o trabajo flexible. Por lo que son buenas noticias para este modelo flexible, ya que nos obligó a todos a cambiar el modelo. La parte mala es que con las restricciones, mucha gente dejó de ir a las oficinas y, por tanto, ha tenido un impacto en nuestro negocio”, asegura.

“Pero ahora mismo vemos una recuperación muy fuerte porque cada vez más compañías han utilizado el modelo de trabajo flexible, lo que repercute positivamente en nuestro negocio, en el que somos líderes en espacios flexibles de oficinas a nivel mundial”, agrega.

“Mirando hacia el futuro, lo que vemos es que las compañías van a hacer un cambio permanente en su manera de trabajar, en que van a dejar de ser menos geocéntricas tanto en España como en el resto del mundo”, afirma Dixon. “Esto significa que vamos a tener un crecimiento muy rápido para dar respuesta a la demanda creciente y lo que vamos a hacer es proveer de muchas más aperturas de oficinas en una expansión muy rápida. Y eso se va a ver también en España”, asegura.

Asevera que el modelo de espacios flexibles es rentable, a pesar de la pasada crisis de su rival WeWork. “Llevamos en el modelo 33 años y hemos sido rentables, obteniendo beneficios para nuestros inversores en la mayoría de estos 33 años. WeWork es un ejemplo de lo que no se debe hacer. Nosotros operamos en 120 países con alto nivel de rentabilidad. Operamos un negocio similar al de WeWork pero en nada similar en la manera de gestionarlo. Lo hacemos de una forma más sostenible y conservadora”.

El grupo cotizado cuenta con más de 3.500 localizaciones y ocho millones de usuarios en más de 120 países. Entre sus accionistas se encuentra Dixon –al que Forbes calcula una fortuna de 1.220 millones–, y otros directivos con el 28% del capital y Toscafund, con el 17%.

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